La disputa por el Pascual Guerrero

La disputa por el Pascual Guerrero

1 de septiembre del 2011

Hace 15 años, en el Teatro Municipal al Aire Libre Los Cristales, se dio inicio al primer festival de música del pacífico bautizado con el nombre del compositor bonaverense Petronio Álvarez. En aquella época, durante el transcurso de tres días, se daba paso a una muestra cultural en la que artistas, compositores e investigadores de la música nativa del Litoral Pacífico, acercaban a propios y extraños a las raíces de sus tierras olvidadas.

Los cantos y sus cantadoras, los currulaos, fugas, bundes, arrullos, chigualos y alabaos, y las marimbas, maracas, tamboras, llamadoras, violines y saxos, todos juntos, comenzaban a crear una banda sonora en una película cultural de 36 horas.

Diez años después el festival tomó más fuerza, el teatro Los Cristales llegó al lleno total. Cinco mil personas colmaban todas las graderías del sitio. Entonces, la Secretaría de Cultura de Cali se dio cuenta de la importancia del festival y comenzó a apoyarlo. Los directivos del Petronio, con funcionarios de la alcaldía, hicieron los arreglos para que se llevara a cabo en la plaza de toros Cañaveralejo. Esto con el fin de que muchas más personas pudieran disfrutar del festival.

La gramilla del estadio quedó así después de tres días del festival del Petronio.

Alrededor de la plaza de toros se abrió un espacio para las muestras gastronómicas. Las abuelas del Pacífico comenzaron a preparar y llevar las delicias de su cocina: sancocho de pescado, tapado de bagre, pelada frita, arroz clavado, atollado de raya, arroz con coco, pusandao, encocado de Jaiba, chautiza, ceviche de piangua, entre otros platos típicos hacían presencia en el festival.

Al mismo tiempo, las bebidas para alegrar la tarde y alargar la noche se tomaban en pequeña escala durante el evento. Tumbacatre, arrechón, biche y tomaseca se servían en botellas recicladas y a precios irrisorios para que los asistentes probaran los famosos afrodisiacos que desvelan a las hermosas mujeres del sur occidente colombiano.

Pero la plaza de toros y sus alrededores se quedaron pequeños. El Petronio se creció. A Cañaveralejo sólo podían ingresar 12.000 personas, mientras que otras 8.000 debían regresar a sus casas. Por tal motivo, en 2011 el alcalde de Santiago de Cali, Jorge Iván Ospina,  decidió jugarse el pellejo frente a sus opositores y poner a disposición el renovado estadio Pascual Guerrero.

Luis Alberto Sevillano, director del festival, cuenta que éste pasó de tener 50 grupos inscritos a 118. Reunió a más de 1.400 artistas venidos de Chocó, Valle, Cauca y Nariño. En 1997, cerca de treinta personas trabajaban en la logística, pero en el último año, entre encargados del ‘staff’, montaje, producción y acomodadores, se emplearon 325 personas. Así mismo, 370 guardas cívicos colaboraron en la custodia del estadio. Mientras que 800 policías trataron de mantener el orden dentro y fuera del escenario deportivo.

El alcalde Jorge Iván Ospina recibiendo la gran mención Petronio Álvarez por haber sacado adelante el Festival más importante del Suroccidente el país.

El Petronio Álvarez comenzó a sonar en todos los rincones del país y también en las voces de los turistas europeos que hablaban de las maravillas del evento. Las peticiones de acreditaciones para medios crecieron. Durante este último año se acreditaron a 815 periodistas (25 de ellos extranjeros), 300 medios de comunicación (200 para Internet, 70 medios internacionales y 30 nacionales).

La alcaldía de Cali, con recursos de la Secretaría de Cultura, invirtió 2.200 millones de pesos (más de un millón de dólares) en la organización del festival. Esto sin sumar los salarios que reciben las 150 personas de la Secretaría, quienes dejaron sus labores habituales para trabajar, impulsar y sacar adelante los cinco días del concurso.

El miércoles 24 de agosto, a las 4:00 p.m., se abrieron las puertas del estadio y comenzaron a entrar los espectadores. El día de la apertura hubo 16.000 personas. El jueves sucedió lo mismo, aunque con algunos altercados de la gente que quería ingresar sin tener que ser apretujada. Pero durante el viernes, sábado y domingo todas las expectativas fueron desbordas. Entre esos días, más de 100.000 personas ingresaron a las instalaciones del Pascual Guerrero. Aunque no hubo destrozos, no se puede ocultar que las peleas entre los espectadores y la policía fueron el lunar del festival. En las redes sociales se criticó la decisión del alcalde Ospina de prohibir la venta de licores nacionales como Aguardiente Blanco del Valle, y de autorizar sólo la de bebidas autóctonas del Pacifico, que cuestan menos pero emborrachan más.

Finalmente, en las tribunas la gente bailó y entonó a voz en cuello canciones como ‘Kilele’ y ‘Mi Buenaventura’, y en el cierre del día domingo, al unísono se escuchó ‘Somos Pacifico’, interpretado por el grupo insignia del festival, Choc Quib Town. Se entregaron 17 trofeos, que iban acompañados de cheques de entre uno y cinco millones de pesos. Se galardonó desde la mejor canción inédita hasta la mejor agrupación libre. Así se vivió un festival de más de un millón de dólares, admirado por más de cien mil personas y criticado por otros tantos.