El poder desde La Picota

El poder desde La Picota

16 de diciembre del 2010

El 25 de enero de 2010 el país confirmó que el poder del ex senador de Valle Juan Carlos Martínez seguía intacto, a pesar de estar en la cárcel La Picota por sus presuntos vínculos con el paramilitarismo. Su celda era un cuarto improvisado donde antes funcionaba un consultorio médico. Nadie sabe cómo pudo tumbar tres paredes para ampliarla, de 12 a 30 metros.

Martínez desafió así, una vez más, las normas penitenciarias. Algunos abogados y compañeros ya habían informado que, desde su cuarto y con su Blackberry, el dirigente caucano gestionaba nombramientos y controlaba la red de cargos que tenía en la alcaldía de Cali, varios institutos descentralizados y la gobernación del Valle, su fortín principal durante el gobierno de su tocayo destituido y socio político, Juan Carlos Abadía. La Secretaría Jurídica, de Asuntos Étnicos, de Desarrollo Institucional y la Consejería del Litoral Pacífico eran sus feudos. También 30 de los 42 alcaldes del Valle habían llegado allí con su apoyo político y económico. Buenaventura, Caicedonia, Guacarí, Jamundí, Palmira, San Pedro, Bolívar y Toro eran de su dominio.

Martínez era el padrino político de Libia Mosquera Viveros, cónsul general de Colombia en Washington, quien es licenciada en comunicación audiovisual y derecho civil, estudios que no aplican para una carrera diplomática. Lo mismo ocurrió con Víctor Julio González, actual candidato a la gobernación al Valle, en el consulado de Colón, en Panamá.

Martínez logró esos nombramientos por cuenta de su influencia en la coalición uribista. En 2006 fue elegido presidente de la Comisión Cuarta, donde se controla el presupuesto nacional. Era un hombre clave para asegurar la gobernabilidad del ejecutivo en el trámite de las leyes.

Desde su celda, el ex senador también vivía preocupado por la suerte de la  Corporación Autónoma del Valle, una entidad que estaba bajo su dominio y que maneja un presupuesto cercano a los 200.000 millones de pesos. A eso había que sumarle el mando de Acuavalle, que maneja 37 acueductos regionales, así como tres concejales de Cali y cuatro diputados.

Semejante poder, sin embargo, pareció desmoronarse el 5 de mayo pasado. Ese día el gobernador Abadía fue destituido por la Procuraduría. Muchos pensaron que Martínez no volvería a ser el mismo. Pero estaban equivocados. Al tiempo que preparaba su defensa en el juicio que se inicia en enero próximo, se dedicó a mover los hilos de las candidaturas para las próximas elecciones a la Gobernación. Ahora tiene una celda nueva, rotulada con el número 1 del pasillo 1 del pabellón ERE Sur. Es más pequeña que la anterior, pero tiene un televisor, un computador y una nevera pequeña, donde guarda vitaminas y alimentos para una dieta especial que debe seguir por cuenta de un bypass gástrico, al que se sometió hace unos meses. Desde allí, Martínez dio su respaldo a Víctor Julio González, candidato a la Gobernación del Valle del Cauca.

Cuando la Sociedad Portuaria no le renovó el contrato a González, como gerente de la entidad, Martínez le tendió la mano y logró su nombramiento como cónsul de primera en Colón. Allí estuvo de agosto de 2007 a 2010. Para evitar suspicacias, González no quiso inscribirse por el PIN. Ahora está en la recolección de firmas para presentarse por un movimiento que ya cuenta con el apoyo Dilian Francisca Toro, del Partido de la U; Germán Villegas, del Partido Conservador; Carlos Fernando Motoa, de Cambio Radical, y varios concejales de los mismos partidos. Algunos presos que están en el pabellón han escuchado que Martínez dice con euforia que en el Valle no hay quien le gane a su candidato. Y recuerda, sin vergüenza alguna, que controla la mitad de las alcaldías del departamento.

La vida política del ex senador ha estado llena de suspicacias. Nacido hace 39 años en Timbiquí, este hombre pasó de vender plátanos y chontaduros a ser la mayor fuerza electoral del Valle. Políticos de la región aseguran que su ascenso se debe a su cercanía con el narcotráfico. Aunque eso está por probarse, hoy está en la cárcel por las declaraciones del ex jefe paramilitar Hebert Veloza, alias “H. H.”, y no se ha aclarado su relación con Olmes Durán Ibarguen, un narcotraficante caído en desgracia en 2008, cuando fue capturado y extraditado a Estados Unidos.

Martínez y Durán crecieron juntos en el barrio La Playita, de Buenaventura. Se separaron y el primero se dedicó a la política y el segundo se fue a Pizarro, Chocó, donde fundó empresas madereras, y luego a Cali a unirse al narcotráfico. El 28 de diciembre de 2003 se volvieron a ver. Martínez fue padrino de la boda de Durán, que se celebró en una playa de Chocó.

Martínez respira tranquilo mientras se define su situación jurídica. Incluso podría salir en libertad por vencimiento de términos. Si Víctor Julio González queda elegido como gobernador por un período inferior a un año, antes de las elecciones definitivas del próximo octubre, Martínez pasará de dirigir una de las tres cocinas del pabellón de los parapolíticos y de cultivar papa, hortalizas y cebolla en una huerta en la cárcel, a gobernar de nuevo en cuerpo ajeno el Valle del Cauca.