El profesor que se ha dejado picar por más de 200 arañas

El profesor que se ha dejado picar por más de 200 arañas

31 de julio del 2012

En un colegio distrital del norte de Bogotá, Darío Hernando Gutiérrez está en pie en un salón con una tarántula que le cubre la mano. Un niño le dice al compañero del lado que la clase sería emocionante si el animal picara al profesor y este cayera soltando la araña y luego todos salieran espantados. El compañero ríe imaginando la escena de profesores y alumnos gritando y el maestro Gutiérrez en el suelo.

–A ver niños, quién quiere sostener la araña –dice el profesor Gutiérrez. Todos se levantan del suelo y levantan la mano, la escogida es una niña de pelo crespo, flaquita y con cara de ser la más estudiosa del salón.

La niña extiende la mano y el profesor le pasa el animal de patas gruesas y cubiertas de pelos cafés. La estudiante cierra los ojos, él pone las manos bajo las de la niña para evitar que el arácnido caiga al suelo y explote dejando un pequeño charco de tonalidad verde cristalina, el color de la sangre de estos animales.


Los arácnidos son frágiles. Esta especie se puede romper las patas si se pone sobre un saco.

El profesor coloca la tarántula en la camisa de la alumna, y el animal empieza a caminar hacia el rostro nervioso. Cuando una de las patas toca el cuello, la tarántula se queda quieta. No sube más, el profesor explica que estos animales huyen del calor y de los humanos.

La niña regresa a su puesto en la colchoneta del suelo.

–¿No te dio miedo? –pregunta una de las estudiantes.

–Míreme, todavía estoy temblando.

–Yo no soy capaz, qué asco –dice la primera.

A las arañas les sucede lo mismo que a Frankenstein, por ser feas son rechazadas.

-¿Alguien quiere tener la tarántula dentro de la boca? –pregunta el profesor.

Por un instante pensé que era una broma del maestro y que ninguno iba a levantar las manos, pero estos niños, más curiosos que miedosos, se disputaron el honor de saborear el espécimen. Hasta la estudiante del comentario asquiento levantó la mano mientras gritaba un “yo” prolongado.

Ganó un niño. Para los aracnofóbicos, o las personas que le tienen miedo a las arañas, hubiera perdido. Sería la peor pesadilla.

Abrió la boca. Algunos compañeros también la abrieron por la impresión. A medida que Gutiérrez acercaba la araña, los ojos del niño se hacían viscos. No quería perderse nada. Las patas pisaron los labios y luego la lengua. Tenía medio cuerpo adentro.

–No vaya a cerrar la boca porque lo pica.

La arañas solo muerden cuando sienten presión. El niño sintió la araña dentro de su boca por tres segundos. Él no ha sido el único infante en sentir un bocado de araña. En todos los colegios donde es invitado el profesor, siempre escoge un alumno para que repita la hazaña. La experiencia le ha enseñado cómo manejar estos animales y, según él, nunca ha tenido un accidente.


Hace más de diez años una araña envenenó en la boca a Darío Gutiérrez. Él pensó que podía morir.  

A finales de los noventa, Darío Hernando Gutiérrez estaba en un cuarto de su casa experimentando con una tarántula similar. Se la puso en la ropa, los brazos, el cuello, y por último la boca. Por un descuido, Gutiérrez hizo un movimiento con los maxilares y el animal sacó los quelíceros, que parecen dos clavos, y los enterró en la lengua del hombre segregando el veneno. El profesor escupió la araña y dio vueltas en el cuarto pensando que iba a morir. Sintió un dolor agudo que se extendió a las mejillas y luego a la cabeza. La lengua se le empezó a dormir y los músculos del cuerpo perdieron fuerza. Como pudo, llamó a su esposa y acudió a un médico.

A parte del insoportable dolor, tenía que soportar la alharaca de su mujer.

–Yo te lo dije, sí ves, por andar con esos animales. ¿No entiendes que son peligrosos?

En el hospital, el médico lo auscultó, preguntó la causa, y casi como un sentido pésame, dijo que no podía hacer nada.

El profesor, egresado de Biología, tomó analgésicos. A las ocho horas el dolor se desvaneció y con un poco de debilidad regresó a la habitación para seguir examinando sus arácnidos. “ellas no tienen la culpa, fue un error mío”, pensó.

Gutiérrez era el típico niño que le gustaba ensuciarse en el jardín de la casa levantando piedras para encontrar insectos. En el colegio no era el personaje tímido que se ensimismaba con una afición extraña, ni el número uno del salón. Cuando estaba en décimo grado, durante un salida escolar en cercanías a Bogotá, retomó el pasatiempo de la niñez y comenzó a levantar piedras. De una salió una araña peluda, tan grande como su puño, y los compañeros de Gutiérrez corrieron despavoridos. Él en cambio siguió a la araña y cuando la vio calmada, abrió un tarro de vidrio y la guardó.

Desde los 22 años empezó a coleccionar arañas, arañitas y tarántulas. En su habitación en el barrio Nueva Granada en Bogotá, tiene más de 200. Las tejedoras se pasean por los techos o se columpian en sus hilos. Las esquinas están cubiertas de telarañas. Sobre una mesa hay más de 150 recipientes con arácnidos. Las de los recipientes no pueden salir, pues son territoriales y si una especie se encuentra con otra hay pelea fija y una termina comiéndose la otra. Todas son caníbales.

Darío Hernando Gutiérrez tiene 49 años y lleva 30 años estudiando estos animales. Entre las especies halladas en sus viajes por todo el país, ha encontrado 20 tipos de arañas desconocidas que piensa enviar al Smithsonian Institution en Estados Unidos, para investigación. Tiene proyectado crear un espacio denominado araneario de Colombia, y es el fundador del museo arácnido en Chiquinquirá, Boyacá. Actualmente está recopilando cinco mil hilos de araña para movilizar un automóvil.


Las arañas solo pican cuando sienten presión. Si se tratan bien pueden ser domésticos.

De las 40 mil especies de arañas existentes en el mundo, solo cuatro son mortales, las demás, aunque contienen veneno, producen un efecto de dolor, pesadez, pero no la muerte. La más peligrosa del mundo es la Phoneutria, bautizada por los campesinos como araña platanera. Esta especie vive entre las matas de plátano y se esconde entre los frutos. Después de que los agricultores talan los racimos, viajan como polizones entre las ramas, llegan a los mercados, se meten en las cocinas, en las habitaciones y hasta en los zapatos. Una picadura de araña platanera puede causar la muerte de un niño en menos de media hora, y de un adulto en cuatro horas. No ataca sin motivo. Cualquier persona puede levantar una de estas arañas, pero si la oprime envenena.

Más de 200 picaduras ha recibido Darío Hernando Gutiérrez. Algunas en la habitación, otras frente a las cámaras de televisión para demostrar que el veneno no es letal. En dos ocasiones fue picado por alacranes. Dicen que su veneno puede ser mortal, es verdad, pero no en todos los casos. Depende del organismo, la edad y la tranquilidad. Gutiérrez asegura que este último factor es fundamental para no morir. Ante una picadura no hay que correr, ni gritar, lo mejor es sentarse para que el veneno circule más lento y el cuerpo pueda atacar los componentes letales. Cuando es atacado, el profesor saca un cuaderno y anota lo que va sintiendo “siento un fuerte dolor, el dolor se expande, siento la lengua pesada, empiezo a ver borroso, duele mucho…”

El apareamiento siempre termina en una gresca asesina. Después de copular, las hembras corretean a los machos para comérselos y así aumentar la cantidad de crías a más de 500. Si el macho logra salir vivo, la hembra pone de 30 a 50 huevecillos. En el caso de la Viuda Negra, el macho se entrega sin resistencia, sabe que con su muerte aumenta la descendencia.

El hombre de las arañas es una celebridad. Empezó a mostrarse en televisión desde que tenía la cabeza sin canas y un bigote negro y poblado. Ha salido en noticieros y programas de entretenimiento, en 2011 salió en un documental del canal History Channel y hace pocos meses en National Geographic. En la calle firma autógrafos, la gente le pide posar para fotos. En el carro tiene el sello de su profesión, una tarántula negra pintada en el capó.

Al finalizar la charla en el colegio de Bogotá, un profesor saca un cuaderno y le pide una firma. Los niños sacan las agendas y se congregan alrededor del profesor. Es famoso. Más de un niño quiere ser como el hombre de estatura baja y pelo cano que duerme con las arañas. Es lo más cercano a uno de sus héroes: Spiderman.