El pueblo donde de verdad crucifican a Jesús año tras año

14 de abril del 2017

El mesías de este lugar tiene que ser un hombre sin notorios pecados.

El pueblo donde de verdad crucifican a Jesús año tras año

Twitter/@DioneAnguianoF

Con una corona de espinas, descalzo, recibiendo latigazos  y cargando una cruz de más de cien kilos en su espalda, Jesús camina para enfrentar su muerte. El sol brilla tenuemente y el viento saluda a los espectadores, quienes observan cómo el hombre de 28 años camina durante dos kilómetros recibiendo los castigos del imperio romano. Sin embargo, Jesús no está en Golan, a las afueras de Jerusalén, sino en Iztapalapa, México.

La ‘viacruxis de la pasión de cristo’ es uno de los eventos más prestigiosos para esta delegación mexicana, con más de dos millones de habitantes, y es una de las representaciones religiosas más importantes de México.

Durante la representación, los latigazos que recibe “Jesús” cortan su piel, se ve obligado a cargar la enorme y pesada estructura de madera a la que luego lo atarán. “Jesús” hace algunas paradas en su camino a la crucifixión mientras lo siguen cientos de espectadores, Jesús llora y se queja, con una expresión de dolor que parece real, por el esfuerzo mientras recibe las penitencias del hijo de Dios.

Antes de que el verdadero Jesús hubiese sido crucificarlo, según escrituras, el público observó como Roma lo conocía y lo condenaba, cómo Pilatos se lavó las manos, el dolor de María y al pueblo clamaba su muerte. Iztapalapa no ha dejado ningún detalle de lado, ha repasado la historia y cuida cada pormenor de la representación que tiene una duración de más de siete horas. El despliegue muestra el fervor de un país.

El crucificado se convertirá en el Cristo de su pueblo después de haber pasado por todas las penitencias de su representado. Sin embargo, para obtener el honor de personificar al mesías, el hombre, y todos los demás representantes del evento, ya debían llevar una vida de santo: no pueden beber alcohol, ni fumar, tener mujeres, tatuajes o perforaciones; además debían haber nacido en uno de los barrios de la delegación.

Cuando “Jesús” finalmente llega al final del camino, agotado y cubierto de sangre falsa, los soldados romanos a su lado comienzan a mofarse de él, María llora y trata de alcanzar al mesías, sólo para ser apartada por los guardias.

Entonces amarran al hombre con unas argollas a la estructura de manera y lo crucifican.

Los espectadores lo admiran con una mezcla de emoción, reflexión y morbosidad. Algunos sacan sus teléfonos para retratar el momento, los medios tratan de obtener la toma perfecta, y otros, en cambio, miran a su alrededor en busca de algo que tomar o una sombra para esconderse del sol.

– Perdónalos Padre, porque no saben lo que hacen -dice el crucificado con claro acento mexicano.

Y la gran tradición vecinal, donde la iglesia no tiene ninguna participación, termina. El público observa al penitente por un momento y poco a poco comienzan a retirarse, pero no se irán lejos, volverán para presenciar la resurrección del santo.

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