El pueblo indígena más grande de Colombia padece hambre y sed

El pueblo indígena más grande de Colombia padece hambre y sed

29 de Julio del 2014

Hasta ahora, cuando el fenómeno del Niño amenaza con secar las principales fuentes hídricas del país, las autoridades colombianas fijan su mirada en una tragedia humanitaria que padecen –desde hace más de un año- los habitantes rurales de las poblaciones indígenas wayúu.

En más de 15 mil kilómetros cuadrados de La Guajira se asienta la considerada mayor comunidad aborigen que sobrevive en Colombia. Estimaciones de entidades humanitarias como la Defensoría del Pueblo creen que actualmente, en territorio colombiano, ya viven unos 500 mil indígenas wayúu. Otro grupo, no mayor a 200 mil, vivirían en el Estado Zulia de Venezuela.

Varios factores –políticos y climáticos- han puesto en riesgo la seguridad alimentaria de los pobladores de cientos de rancherías que se distribuyen en las inmensas zonas áridas y desérticas de la península norte. No obstante las difíciles condiciones territoriales jamás habían llevado a la hambruna a sus pobladores, debido a que contaban con múltiples sistemas de extracción de agua y riego que les permitía el cultivo de la tierra y la cría de animales para alimentarse.

Además, los indígenas (que no reconocen fronteras entre Colombia y Venezuela), intercambiaban bienes y conseguían alimentos del lado bolivariano con los subsidios de hasta el 80% con que Caracas beneficiaba a sus gentes. Desde hace unos meses, cuando Venezuela entró en crisis por desabastecimiento de comida, los beneficios ya no alcanzaron para los wayúu. La mayoría debió volver a Colombia.

Para completar la crisis, desde 2012 las regiones de la media y alta Guajira han visto escasas las lluvias en la única parte del año en la que cae agua: el llamado Juyapu, entre finales de septiembre y noviembre.

En la mayoría de territorios desérticos, el año pasado solamente llovió el 26 de octubre. Desde ese día, jamás volvieron a ver que el agua cayera del cielo.

La situación podría agravarse con la inminente llegada del Fenómeno del Niño. Es probable que este año ni siquiera caiga una sola gota y las rancherías tengan que seguir padeciendo hambre y sed por cuenta de un verano inclemente.

Guajira

La última vez que llovió en gran parte de la media y alta guajira fue el 26 de octubre de 2013.

Soraya Escobar, defensora del Pueblo delegada para La Guajira, encabezó la semana pasada una misión humanitaria para verificar la situación en varias de las rancherías de tres sectores con alta densidad poblacional wayúu: Uribia, Riohacha y Manaure.

Solo en esos tres puntos los datos conocidos fueron desgarradores: En Uribia hay al menos 17 mil niños con desnutrición severa, en Manaure 18 mil menores en esas condiciones, en Riohacha más de 2.000.

“En total hablamos de unas 200 mil personas en riesgo de desnutrición de las comunidades wayúu. De ellos, mínimo el 30% son niños”, advirtió la delegada en conversación con KienyKe.com.

De cualquier forma buscan agua

En la visita de la Defensoría se identificaron varias situaciones que acorralan a cientos de rancherías dispersas entre miles y miles de kilómetros de desierto. Varias de las rancherías disponían hasta hace algunos meses de los denominados jagüey, reservorios de agua artificiales en los que eran capaces de mantener líquido hasta por dos años. “Pero ya muchos de esos han desaparecido porque la sequía está exagerando”, explica la defensora local Soraya Escobar.

“Aunque el Ideam venía anunciando la llegada del fenómeno del niño, el pasado octubre la población esperaba más lluvias. Solo ocurrió un aguacero. Desde febrero estábamos con una fuerte sequía y los impedimentos para la llegada de alimentos de Venezuela agravó la situación”, añade.

tapas Las rancherías wayúu padecen hambre y sed que se agrava por la sequía Player1

Los lugareños encontraron cualquier cantidad de métodos de supervivencia. En un rancherío llamado Jellusira (Manaure), los niños wayúu deben salir desde las 6 de la mañana o al mediodía con un burro y dos pimpinas vacías a buscar el líquido vital.

Si tienen suerte, encuentran en algún otro rancho cercano una autoridad vecina que les facilite el líquido. El jefe de la familia sólo les dará agua si considera que tiene suficiente para su comunidad y los animales. En caso contrario se la niega.

Los niños muchas veces deben transportar sus barriles en un burro a través de 12 o 13 kilómetros, durante unas dos horas, hasta llegar a alguna ranchería que pueda facilitarles el líquido. Regresan a su casa justo a la hora del almuerzo para -escasamente- preparar los alimentos del día.

“Es usual ver a los jóvenes en burro cargando pimpinas y tienen que andar trayectos largos hasta el sitio donde pueden tener agua, algún jagüey o un molino. Y a veces hay choques por si la otra comunidad necesita agua, pues primero deben abastecerse y le niegan al visitante. Los grandes conflictos interétnicos se generan por la necesidad de tener agua permanente”, asegura Escobar.

Cerca al rancherío Jellusira existían dos reservorios de agua lluvia pero ya se secaron, en una circunstancia que no imaginaban los indígenas locales.

Otra historia fue encontrada en la tribu Casutalán, donde viven más de 100 personas. Esta comunidad wayúu de Manaure ha recurrido a la excavación de un pozo artesanal en el que dejan caer un tubo de PVC de unos tres metros que se llena de agua; luego lo halan con una cuerda para extraer el agua del pozo natural. El líquido, al salir, tiene color gris y evidente características de suciedad.

Según expone la defensora local, “el consumo de esas aguas produce enfermedades diarreicas y respiratorias, que son las más usuales. También se conocen casos de enfermedades de consumo de las aguas de los jagüeyes, porque son aguas empozadas de las que también beben los animales”.

La mayoría de comunidad está viendo morir a los animales que solían alimentarlos, como chivos y algunas aves. Las comunidades que viven cerca al mar también tienen dificultades para pescar y la falta de agua impide la siembra de arroz o maíz.

En la visita de la Defensoría se encontraron casos extremos de desnutrición aguda que no discrimina edad ni género. A los adultos se les están cayendo los dientes desde temprana edad y los menores están perdiendo su cabello por la deficiencia de proteínas. Cifras oficiales indican que por hambre murieron el año pasado 23 niños. Hasta junio de 2014 ya iban 15 víctimas menores de edad, pero los datos pueden variar porque las comunidades nativas entierran a sus bebés y no ven necesidad de reportarlos a las entidades gubernamentales.

Guajira

La visita de la Defensoría del Pueblo constató la emergencia humanitaria en las rancherías alejadas de las zonas urbanas.

Para abastecer a varias rancherías asentadas en los vastos terrenos rurales de la Guajira, algunas autoridades como la Alcaldía de Uribia decidió enviar a diario entre 40 y 60 carro tanques que tratan de dotar de agua a las poblaciones más apartadas. Un solo vehículo puede tardar todo el día en llevar el líquido a una sola tribu. Desde que se decretó el lunes la calamidad pública por parte del gobierno departamental, varias poblaciones han implementado el mismo sistema de mandar carros cisterna a las rancherías.

Lea también: Gobernador de la Guajira se enfrenta al gobierno por soluciones a la sequía

“Hemos decretado la emergencia, la calamidad pública, que nos da una herramienta para agilizar todo este tipo de gestiones. Estamos abiertos a contratar con el gobierno o los organismos de socorro. Lo importante es que traigan las ayudas al departamento de La Guajira, pero que sean inmediatas”, le dijo a KienyKe.com el gobernador de la Guajira, José María Ballesteros.

“No nos ha llegado el primer grano de arroz”: comunidad indígena de Riohacha

KienyKe.com contactó a Matilde López, líder indígena wayúu que representa a 147 comunidades nativas de la ruralidad de Riohacha, quienes niegan estar siendo beneficiados de algún plan social de choque ante la emergencia humanitaria y alimentaria de sus comunidades.

“Ellos dicen que han enviado ayudas, pero es mentira. Desde hace mucho rato nos han prometido alimentos y les hemos dicho que la situación que atravesamos es crítica. Logramos acuerdos con el ICBF y nos dijeron que iban a enviar unos cupos de alimentos para primera infancia y que iban a microfocalizar a los niños para que fueran sujetos de derecho. Pero a pesar de descubrir la grave situación de ellos, no nos ha llegado el primer grano de arroz. Dicen que van a hacerlo lo más rápido posible, que hasta ahora nada”, denunció.

La microfocalización a la que se refiere Matilde fue un estudio sobre la población infantil que descubrió que de 2.223 niños menores de 5 años, 525 están sufriendo desnutrición severa y corren el riesgo de morir.

“Ese ha sido un problema de toda la vida. Nadie se había atrevido a decir lo que sufren. No hay presencia del Estado en ninguna de las funciones de atención a las comunidades y ahora está todo peor porque no tenemos agua”, precisó.

Además denunció que las desviaciones al Río Ranchería, provocadas por la explotación minera de carbón, tienen el jaque la seguridad acuífera incluso de la ciudad. “El río Ranchería se secó y no llega hasta donde debería llegar para garantizar la supervivencia del ecosistema. No hay agua en el río, porque allá tienen una represa y retienen una parte del agua y riegan agua para sembrar arroz. Pero el otro agua llega al Cerrejón y ahí la gastan. Además lo desviaron y secaron”, sostiene la líder comunitaria.

La defensora delegada para la Guajira, Soraya Escobar, añade que la explotación de minas de sal –que se detonó a partir de los años 70- también ha sido en cierta parte culpable de las deficiencias que tienen varias comunidades para obtener el líquido.

El Proyecto Multipropósito Río Ranchería, que es una gran represa que podría abastecer de agua a nueve municipios de La Guajira y sus comunidades rurales, ya está construido pero le faltan los ductos para llevar el líquido a los acueductos locales. La obra, paralizada, pudo haber sido el oasis que solventara la tragedia por falta de agua que enfrenta la comunidad indígena más grande del país.