El rapero que reparte chocolate y pan en Bogotá

El rapero que reparte chocolate y pan en Bogotá

30 de septiembre del 2015

El rapero Rafael Ortiz, más conocido como ‘El Hampa’, tiene una pasión adicional al arte urbano.

Desde hace cinco años, y acompañado de su familia y algunos amigos, reparte chocolate y pan a personas que habitan la calle o sufren alguna situación de pobreza extrema en Bogotá.

Todo en este quehacer altruista comenzó en 2010. Regresaba una noche a casa y encontró un escena que le recordó cuando él, su padre y hermano, llegaron con las manos vacías a Bogotá.

“Una señora estaba con sus hijos tirada en un andén, en la calle, y me pidieron algo de comer.  Me sentí identificado; me revolvió el alma ver a esos niños y a la señora sola. Le dije que esperara un momento, fui a mi casa, preparé chocolate, saqué panes y se los di”, asegura Rafael.

Esa noche, Rafael encontró la manera de ayudar a las personas. Se sintió bien con lo que hizo y así fue como nació la idea de repartir chocolate y pan en las noches.

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Rafael llegó a Bogotá junto a su padre y hermano huyendo de la violencia en Cali en el 2004. Se instalaron en el centro de Bogotá con cientos de personas que se encontraban en su misma situación.

Desde muy pequeño encontró en el rap una manera de expresarse y sobrevivir. Con sus amigos interpretaban canciones en las calles y buses de Cali. Su llegada a Bogotá, víctima del desplazamiento, complementó su arte y discurso sobre lo que pasaba en su comunidad.

Luego de ayudar a esa mujer esa noche, el artista urbano decidió convocar a personas por medio de sus redes sociales para dar inicio a lo que es hoy en día la Fundación Chocolate y Pan con Humildad.

El 10 de febrero del 2010 un grupo de 15 personas se reunieron para repartir chocolate y pan en el centro de la ciudad. Al principio se hacía una vez al mes; con el tiempo dos veces al mes y finalmente decidieron hacerlo todos los jueves.

El 5 de noviembre del 2010, luego de una noche de repartir chocolate y pan, un soldado le disparó a Rafael. En hechos que aún se desconocen, el arma del soldado impacto la pierna izquierda del artista, lo que ocasionó que su fémur izquierdo se explotara. Cuando llegó al hospital, Rafael se estaba desangrando y tuvieron que reanimarlo para luego poder curar sus heridas.

Luego de dos cirugías, Rafael estuvo en silla de ruedas casi un año y otros dos en muletas. Pero el incidente no le impidió continuar con su labor. Durante ese tiempo, su padre y amigos se hicieron cargo de la fundación sin faltar un solo jueves.

“En el 2013 cuando me recuperé, asumí de nuevo la dirección de la fundación, cada jornada ayudamos entre 300 o 400 niños y 300 o 400 adultos, en promedio 800 personas. Más de 300.000 personas en los 250 jueves que llevamos”.

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La fundación Chocolate y Pan con Humildad

En el 2012 y como respuesta a las necesidades de la zona, decidieron organizarse como fundación, “con el objetivo de formar un centro de orientación para los niños que se beneficien con la comida. Además de eso, para realizar talleres y orientación para los niños, para que tengan más oportunidades y hagan otras cosas, que las drogas y la delincuencia no sean una salida”, afirma el artista urbano.

Reciben donaciones de estudiantes, artistas y personas del común, “lamentablemente no contamos con apoyo de entidades privadas a pesar de llevar cinco años con la fundación”.

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La cita son los jueves a las 6:30 pm en la estación de TransMilenio de la calle 19 con Caracas. Desde las 4:00 pm empiezan a recibir todos los alimentos, preparan el chocolate y se alistan para una nueva jornada.

A las 8:00 pm, y luego de hacer una oración, dan inicio a la jornada con 30 o 40 colaboradores.

Con ayuda de la fundación, han logrado complementar las jornadas con un alimento de sal. Al menos una vez cada dos meses logran reunir dinero para repartir tamal o lechona.

Durante la jornada recorren siete puntos. Inician en la estación de la 19 con Caracas, para finalizar en la calle 19 con carrera 13. A las 10:00 de la noche terminan.

Los martes, miércoles y sábados se realizan más jornadas. “Algunos empezaron con nosotros, pero por cuestiones de tiempo no podían el jueves, así que se abrieron diferentes grupos durante la semana”.

Con ayuda del hip-hop, el Hampa ha logrado llegar a más público abriéndole camino a la fundación para que cada vez más personas hagan parte de la labor social.

“Somos un movimiento estigmatizado por la sociedad, pero estamos evitando que la delincuencia crezca en los barrios. Aprovechamos que hay un gran porcentaje de personas que escuchan rap, así que para alejarnos de las drogas, calles y delincuencia los traemos a los centros para darles una nueva oportunidad. Que el arte los lleve por otro camino”, concluyó

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