El regreso de cuello Baute

El regreso de cuello Baute

9 de noviembre del 2010

Ya no es el muchacho obeso que despachaba en la Superintendencia de Notariado y Registro, con línea directa con el Presidente, ministros y congresistas. Hace cuatro años, Manuel Cuello Baute, que entonces tenía 35 años, formaba parte del influyente grupo costeño en el gobierno de Uribe. Ese poder se desmoronó y en junio del año pasado su vida dio un vuelco. Decidió contar en la Corte todo cuanto sabía del tema de la repartición de notarías para la reelección presidencial.

Dice que se quitó un peso de encima. Y también se lo quitó físicamente, porque a los meses de esa declaración, que estremeció al país, comenzó un tratamiento que lo llevó a perder 55 kilos. Pesaba 130 kilos. Hoy, mientras espera a que la Corte le defina su situación jurídica por haber recibido un ganado a cambio de no investigar a un notario de Montelíbano, Córdoba, Cuello se dedica al campo. Cultiva algodón y palma de aceite en una finca del área rural de Valledupar. Espera con paciencia el momento preciso de regresar a la vida pública pues, como dice, no ha cometido delito alguno. Se le nota golpeado, pero asegura que tiene la fortaleza suficiente para enfrentarse con el que sea para que salga a flote la verdad.


Cortesía: El Espectador. Manuel Cuello Baute en vísperas de la cirugía Bariátrica.

Hoy vuelve a hablar, como pocas veces lo hace, para explicar por qué se negará a conciliar en un proceso que, por injuria y calumnia, entabló contra el ex jefe jurídico de la Casa de Nariño, Edmundo del Castillo, entre otros temas.

En días pasados usted recibió una comunicación de la Fiscalía donde le dicen que debe conciliar una denuncia contra el ex jefe jurídico de Palacio, Edmundo del Castillo. ¿De qué se trata el caso?
El 11 de octubre de 2009 Edmundo del Castillo en una entrevista en El Tiempo me tacha de mentiroso. Dijo que la negociación de las notarías para la reelección las hacía el superintendente y no el Gobierno. Por esa falsedad, le pedí a la Corte que compulsara copias contra él por injuria y calumnia. No voy conciliar y más bien voy a ratificar lo que siempre he dicho.

De todo cuanto se ha dicho en el tema de notarías, ¿usted cree que el Presidente sabía esas cosas?
A mí no me consta que él (Uribe) en persona haya dado órdenes. Pero en dos ocasiones el señor Bernardo Moreno, ante la renuencia mía de proceder como ellos querían, me dijo que el Presidente tenía conocimiento de cosas que se estaban haciendo.

¿En qué casos le dijo eso?
En el de la Notaría de Tunja cuando me forzaron a hacer el decreto para nombrar a Luz Marina Campo que, como se sabe, era muy cercana al gobierno. También en el caso de los nombramientos pedidos por el señor Mario Uribe, a quien se le designó la Notaría Quinta de Medellín que recayó en manos de Juan José Rivera, y la Notaría Trece de Bogotá que se le entregó a la señora Teresa Aguilar. Bernardo Moreno me manifestó que el Presidente estaba enterado de esos nombramientos. La vida se me complicó cuando suspendí del cargo a un hermano de Mario Uribe. Bernardo Moreno se alteró mucho conmigo. Me dijo que yo estaba afectando a las personas cercanas al gobierno.

¿Si usted era tan incómodo para el gobierno, por qué no le pedían la renuncia?
Contaba con una especie de respaldo del Presidente. Pero cuando volvía a la realidad de mi oficina, la relación con Bernardo Moreno y Sabas Pretelt se volvía conflictiva. Había mucha tensión porque se necesitaba sacar adelante la reelección. Juan David Ortega, quien era asesor en Palacio, me alertaba y me decía que dos congresistas, Mauricio Pimiento y Yidis Medina, frecuentaban la Casa de Nariño y que llevaban una supuestas grabaciones mías con las que pretendían hacerme un montaje. Jamás pensé que ese tipo de cosas podrían darse. Pero después, cuando se conocieron las noticias sobre los falsos positivos y las ‘chuzadas’ del DAS, me di cuenta que era la misma mafia que operaba en Palacio y que lo mío era un hecho menor.

¿Quiénes hacían parte de eso que usted llama mafia?
Indudablemente Bernardo Moreno y Sabas Pretelt, pero también participó José Obdulio Gaviria, como lo relaté en la Corte.

¿Por qué José Obdulio Gaviria?
Por varias cosas. Por ejemplo, se presentó una interinidad en la Notaría Quinta, donde había una funcionaria que había sido retirada del cargo por problemas con la Fiscalía. Fui a Presidencia con la propuesta de promover a un funcionario de la Superintendencia para ese cargo. Casi salgo fusilado porque el señor José Obdulio me dijo que los despachos notariales no estaban para concursos ni para esas bromas y que esa notaría era para Mario Uribe.

¿Qué tenía que ver José Obdulio Gaviria con notarías?
Él vivía pendiente. Me llamaba para preguntarme por la edad de retiro forzoso de un determinado notario o qué sabía de otro. Recuerdo el caso de la mamá del senador Luis Fernando Velasco, que era notaria. El gobierno quiso siempre construirle una especie de proceso para sacarla del cargo. Yo no me presté a eso. Querían cobrarle a Velasco algunas de sus posiciones críticas en el tema de la reelección. Recuerdo también el caso del notario 19 de Bogotá, Norberto Salamanca. José Obdulio me citó para pedirme que le requisara hasta el alma, que había que quitarle el manejo de los remates que se hacían en las notarías. En fin me dijo que había que buscarle la caída.

¿Cuál era el interés de Gaviria en esa notaría?
Ellos tendrán que dar la respuesta.

¿Es cierto que después de su denuncia en la Corte por el tema de las notarías, a usted lo han buscado algunos de los mencionados?
A mí me han buscado familiares de parlamentarios, como el hermano del ex congresista Jaime Amín, quien fue a mi casa a decirme que estaban enterados de mi denuncia sobre la repartición de notarías y que estaban preocupados. Yo le dije que ratificaría mi denuncia. Por el otro lado, el ex ministro Sabas Pretelt tuvo contacto con mi hermano Alfredo, para decirle que tuviera presente que él no había participado del complot en mi contra. Fíjese la gravedad de eso.

¿Cuándo fue eso?
El año pasado cuando salió a la luz pública la denuncia. Y hace poco el viceministro Hernando Angarita buscó a mi abogado con intenciones de hablar conmigo.

¿Qué otras denuncias ha hecho que el país no conoce?
He denunciado todo. Por ejemplo, al Procurador Segundo Para la Vigilancia Administrativa, Efrén González, porque en diciembre de 2006 me citó a un apartamento que resultó ser del congresista Joaquín Camelo. González me dijo que las pruebas que tenía la Procuraduría en mi contra me favorecían, pero que eso se arreglaba con dinero. Me pidió 30 millones de pesos y puestos públicos. La Procuraduría investiga eso.

¿Por qué creerle a Manuel Cuello Baute?
Nunca le he pedido a nadie que me cree. Fui espontáneo en mi denuncia en la Corte, le pedí que investigara y entregué material probatorio. No acostumbro a decir mentiras. Al precio de lo que sea, a mis denuncias ni les quito ni le pongo y exijo que en mis procesos no me fabriquen pruebas.

Usted ha dicho que es inocente del cargo de Concusión, en el resultó condenado por haber recibido un ganado del notario de Montelíbano, Córdoba, pero lo cierto es que lo condenaron…
Ahí está el acervo probatorio. Hay testimonios como el de la notaria de Barrancabermeja donde dice que conoció el montaje en mi contra.

Usted tenía otras investigaciones en su contra…
Tenía 37 en la Procuraduría y cinco en la Fiscalía. Sólo quedó ésta, la mi condena por haber recibido unas supuestas reses a cambio de no investigar a un notario. La corte está estudiando ese caso en recurso de casación.