Crónica de las últimas horas de la guerra

Crónica de las últimas horas de la guerra

24 de Junio del 2016

El anuncio se dio 24 horas antes y nos preparó para la gran cita, la cual marcaría el principio del fin de un largo proceso. Se anunció la paz y se dieron los detalles de lo pactado en la mesa de negociación en Cuba.  

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Hace cuatro años, cuando todo empezó, el panorama se veía oscuro. Entonces el silencio era sepulcral. Muy pocas veces un discurso político ha sido escuchado con tanta atención. Humberto de La Calle, de pié junto a ‘Iván Márquez’, hablaba con vehemencia desde Oslo, Noruega, lugar donde se instaló la mesa de diálogo con las Farc. Un lugar remoto, tan alejado de nuestra realidad, tan lejos de las armas, las bombas, el llanto y el dolor. Un lugar en el que la paz parecía ajena e inalcanzable.

En Oslo fue la primera cita, en octubre del 2012. Desde allí se anunció que el proceso de paz entraría en marcha, y que trasladaría su sede a La Habana, Cuba. Era un intento, un gran esfuerzo en el que el país depositaría todas sus esperanzas. Un proceso que prometía terminar con más de cincuenta años de violencia, al menos contra la guerrilla de las Farc, que se mantuvo arraigada por generaciones en nuestra idiosincrasia, que sembró a su paso dolor, destrucción, desplazamiento, pobreza y lágrimas. 

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Meses antes, el gobierno anunció que los acercamientos comenzaron desde el 2010. En dos años la guerrilla entregó muchos secuestrados, entre ellos al periodista Francés Roméo Langois. También fue abatido Alfonso Cano, principal líder del grupo armado, y se eligió su reemplazo: alias “Timochenko”. Pero además de eso, ninguna señal de paz: Seguían los atentados, los enfrentamientos, las muertes y el secuestro. Pero luego llegaron los diálogos y todo empezó a cambiar.

Acuerdo-P

Por televisión veíamos a miembros del secretariado de las Farc junto a representantes del gobierno. En La Habana se hablaba con total reserva de tierras, víctimas, conflicto, narcotráfico y dejar las armas. Se hablaba de dejar atrás tantos problemas naturalizados por nuestra sociedad. Lo que se dialogaba en esa mesa por miembros de las Farc y del gobierno nos incumbía a todos: al campesino desplazado, al indígena menospreciado y ultrajado, al ciudadano de a pie, tan metido en su rutina pero lejos de las balas que en los campos dejaban tras su eco manchas de sangre.

Caricatura: Paz, realidad… virtual

La desconfianza se sentía en el aire por los errores y fracasos pasados. ¿Es posible confiar en una guerrilla que en pasadas oportunidades prefirió una vida de guerra y destrucción en lugar de caminar por una vía pacífica? ¿Cómo creerle a un gobierno que fue incapaz de acabar con la guerra, que con armas creaba igual destrucción que su enemigo, y que con el diálogo fue débil? El fallido intento del Caguán seguía presente y la imagen de la silla vacía volvió a nuestras memorias.

Como era de esperarse, las opiniones estaban divididas: Que se está entregando el país a las Farc, que el gobierno es incapaz y muy laxo, que es preferible el diálogo a continuar con la guerra, que unos son enemigos de la paz, que otros están vendiendo la patria.

Todos pensaban distinto, hasta las víctimas: ¿Cómo convencer al campesino que vio morir a su familia en manos de la guerra de que la mejor opción es no perseguir a sus victimarios? ¿Hay manera de decirle al desplazado que quiere volver a su tierra que no podrá hacerlo porque la guerra sigue y que muchos otros tendrán su mismo destino?

Baligrafo

El tiempo pasó, las conversaciones avanzaban, y la culminación del proceso parecía improbable. La guerrilla continuó atacando y secuestrando. El gobierno corrió las fechas, y los colombianos seguíamos bajo la guerra.

Pero 23 de junio del 2016 se confirmó el cese al fuego bilateral y definitivo entre el gobierno y la guerrilla. De un momento a otro ambos bandos dieron a conocer que ya no más estarían enfrentados. Esta fecha histórica volvió a paralizar al país. Los televisores estaban encendidos, muchos pararon sus actividades para escuchar los anuncios que se harían.

Hablaron Rodolfo Benítez, garante del gobierno cubano, Raúl Castro, Timochenko y Santos. Todos los presentes, incluyendo representantes de los gobiernos garantes y organizaciones internacionales, estaban vestidos de blanco, el color de la paz que pretende reemplazar al rojo de la sangre que dejó la guerra.

Sin embargo el escepticismo está latente, y los anuncios causan dudas. 23 zonas de concentración y la dejación paulatina y no inmediata de las armas provocó reacciones adversas. ¿Será la decisión acertada? Solo el tiempo lo dirá.

Mientras tanto el gobierno intenta replicar sus esfuerzos, esta vez con el ELN, pero de los resultados con las Farc dependerá el éxito de estos nuevos diálogos. Colombia se cansa de fracasos. El país sufrió con el fracaso del Caguán y con la creación de bandas criminales después de la desmovilización de las AUC. Otra decepción sería desastrosa.

No es el fin de la guerra. No se puede pretender eso, pero es una nueva etapa. Aún quedan por solucionar varios problemas como el costo del posconflicto, la reinserción de desmovilizados, los otros grupos al margen de la ley, los problemas que en primera instancia causaron la guerra, la aceptación de éstos por parte de una sociedad en la cual víctimas y victimarios tendrán que convivir.