Los peligrosos y divertidos saltos de un venezolano

John Sastoque

Los peligrosos y divertidos saltos de un venezolano

9 de diciembre del 2017

El ser humano siempre ha sido un freerunner (corredor libre). Ha transitado por caminos inhóspitos e inexplorados. Metafóricamente, más allá del sentido del movimiento, el ser caminó por el edén, corrió por los campos elíseos, escaló el Everest, desafió los prejuicios americanos, cayó en los círculos de Dante y se levantó con regocijo en la misma cuerda floja.

En el mundo hay múltiples colores y uno de ellos es elarte del movimiento. El cerebro captó lo expresado por los ojos en sus diversos paisajes, transformó el cuerpo e indujo a la recapitulación de la existencia.

El Freerunning o el parkour, sin entrar en disociación alguna,es la disciplina que, definido por uno de sus practicantes, ” te ayuda a comprender que literalmente estamos a un paso de la muerte, todo depende del siguiente movimiento en el tablero. Por eso es indispensable oír al cuerpo, interpretar paisajes y adjudicar acciones”.

Un adepto del parkour esAlfonso Orozco, un kamizakeperspicaz que migró de su país natal y saltó en otro. Según él, “se lanzó a una carrera de liberación personal, al vacío, a una de las rutas mas intensas que vive el humano: el miedo”.

El parkourista nacióen 1993 enLa Vega, Caracas (Venezuela). Su madre es una artista y su padre un ingeniero, que ha base de paciencia y tolerancia formaron un niño curioso.Orozco se gana la vida de manera funcional, acrobática y estética. Es freerunner profesional, mochilero de convicción y autodidacta por hobbie.

“Después de ese doloroso proceso de partir, yo diría que el universo vio la acción y me dio el aire necesario para remolcar este barco hasta el presente”.

Es un deportista que le gusta estar en la cima de las ciudades, descubrir y explorar el misterio que esconden los tejados, capturarlo en fotografíasy compartirloen videoblogs.

Con vocales intensas en sus oídos y muchodrum and bassrecorre espacios arquitectónicos que confiesan la cuidad escondida. En 2015 llegó a Colombia, porque su país afronta una crisis visceral. Recorrió Bogotá desde la carrera séptima,los barrios del norte, lo escabroso del centro y sus parques, y logró descomponerla en “una arquitectura tipo europea limpia y versátil que me llamó a saltarla”.

Dice que ha llegado a conocer diferentes culturas gracias a la filosofía “Yamakasi” de los Freeruners o parkuristas,que “sin importar a donde vaya, con tan solo poner el nombre del Pais + Parkour en Facebook, encontraré un grupoque medan un tour por los tejados de sus ciudades”.

En esa travesía de bajo presupuesto visitó Ecuador, Perú, Chile y actualmente está en Polonia. Constantemente lidia con diferentes políticas y burocracias, es la única manera de mantenerse y no morir de hambre.

Narra que la llegada a cualquier país comienza de manera peculiar:entra en contacto con la gente en“jornadas extensas y agotadoras de salto parael publico en la luz roja de alguna avenida concurrida” pero que de ahí salen performances, ofertas de entrenador o algún comercial.

Recalca que si no encuentra un mejor trabajo con sus maromas acrobáticas, cuenta con “mi querido curriculum de Técnico audiovisual yun Técnico Informático en mantenimiento y asistencia” que me sirve para ser un asesor de algún local tecnológico.

Alonso Orozco en Viña del Mar, Chile

Consejos paraser un Freerunner

“No se estrese ni trate de exhibirse. No necesita impresionar a nadie. Si ese es su objetivo rápidamente se desmotivara, porque el parkour necesita constancia y repetición, disciplina y valor. Le recomiendo empezar con saltos de precisión, hacer equilibrio en barandas y practicar el roll en pasto. Con estos tres movimientos desarrollará las habilidades elementales para proseguir a movimientos más complicados como el salto de fondo, monkey, entre otros”.

El Freerunner venezolano continuará la búsqueda de alguien que patrocine sus maniobras, pero mientras lo encuentra, seguirá sumergido en su odisea.