Las voces de los niños que cambiaron la historia de un pueblo

Las voces de los niños que cambiaron la historia de un pueblo

25 de noviembre del 2014

Los niños de la escuela primaria Cruz de Arada se tomaron con la fuerza de sus voces una vereda de Sandoná, Nariño.

No pasan de quinto de primaria y ya son locutores, productores y estrellas de su propia emisora infantil. Se llama ‘Mis primeras voces: la radio de los niños’ y es una iniciativa del profesor Segundo Ricardo Narváez Velásquez, quien fue galardonado por el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones con el premio MinTic Educa digital 2014.

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Cuando el profesor Narváez llegó a la escuela, hace siete años, se dio cuenta de que sus alumnos -maneja seis cursos- tenían miedo de hablar en público, además de mostrar deficiencias en lectoescritura.

Se le ocurrió que una emisora infantil podría ayudarlos a superar esas falencias.

Con altavoces y herramientas muy precarias empezó su proyecto. Los vecinos de la vereda recibieron con gratitud la incipiente emisora. Los padres podían escuchar a sus hijos locutando como si fueran Darío Arizmendi, Julio Sánchez Cristo, Vicky Dávila o Diana Calderón.

El entusiasmo hizo que el proyecto creciera. Los padres de familia que vivían más lejos de la escuela, y que no recibían los sonidos de los altavoces, comenzaron una campaña voz a voz para que la emisora infantil tuviera un transistor. Lo consiguieron. La gobernación de Nariño le regaló al proyecto un transistor de siete millones de pesos.

Hoy, los papás de los niños pueden oírlos en la radio, como escuchan a los grandes locutores de Colombia.

Cuando llegó el transistor, que permite a la emisora llegar a otros municipios, un veterano locutor de Todelar Nariño les enseñó a usarlo. Ahora los niños hacen radio clips, dramatizaciones, y un programa que se emite entre las 6.30 y las 7.30 de la mañana, justo antes de entrar a clase. El entusiasmo hace que los niños trabajen en horario extracurricular y con mucha disciplina sigan un calendario de turnos y hagan campañas contra la drogadicción y el alcohol, y otros productos en favor de la comunidad.

El profesor Narváez cuenta que los problemas de lectoescritura ahora son menores. Los niños tienen más fluidez para hablar en público.

En siete años de historia son muchas las anécdotas que han surgido en la emisora infantil, pero el profesor recuerda con especial afecto esta: El niño Juan Carlos Chica, que vivía en una de las veredas, empezó su transmisión. Emocionado le dedicó a su mamá una canción: “A mi mamá que me escucha en la vereda”, dijo el niño. Ante una aprobación del profesor, el niño, más emocionado, le dedicó otra canción, esta vez a su abuela, en la misma vereda. Recibió más ánimo de parte de su mentor. Y el pequeño locutor, en el exceso del entusiasmo creyó que su voz llegaba más allá de los límites de Nariño, y dijo: “Ahora dedico esta canción a mi papá… en Caucasia, Antioquia.”

Es una iniciativa cívica, en consecuencia no puede buscar pauta publicitaria, y a ella han llegado juntas cívicas, la policía, la alcaldía, entre otros, que quieren un espacio en la emisora infantil para difundir sus proyectos y noticias.

Lo que empezó como un proyecto escolar ya es una historia generacional: en sus siete años de historia la emisora ha contado con la participación de unos 300 niños. Hoy, los hijos de la primera generación de locutores trabajan en el proyecto.

Vea en este video una sesión de ‘Mis primeras voces: la radio de los niños’:

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