En la mente de un feminicida

11 de abril del 2017

El 90% de los casos se quedan en la impunidad.

En la mente de un feminicida

La noche del lunes diez de abril un hombre entró al Centro Comercial Santafé y asesinó a su exesposa, Claudia Rodríguez. Un feminicidio más que, como ya otros tantos, conocidos y no, sacude al país. Lo sacude, pero no parece pasar mucho, o así lo dicen las cifras. De acuerdo con la Fiscalía General de la Nación, pueden ser más de 750 feminicidios al año; 2,6 al día. Y la cifra más alarmante: 90% se quedan en la impunidad.

¿Qué está pensando un hombre que ataca a una mujer? ¿Qué lo impulsa? ¿Qué clase de educación recibió?     

Un feminicidio no es un crimen cualquiera, un asesinato cualquiera. Hay, como en la mayoría de casos, unos móviles que empujan al perpetrador. Pueden ser celos, deseo sexual; quizás las drogas o el alcohol; una venganza, una deuda. En fin: cualquiera de las tantas motivaciones que puede contemplar quien ha decidido matar a otro. Sin embargo, detrás del atentado contra la vida de una mujer se esconden comportamientos más complejos que los que podrían haber cuando la víctima es un hombre.

La gravedad del asunto está en que, por la condición de mujer, se ejerza contra ellas un tipo de violencia más duro, más agresivo. Un tipo de violencia al que la ley y la sociedad deben ponerle toda la atención posible. El hecho de ser mujer, bajo ninguna circunstancia, debería significar una razón para que las agresiones o se justifiquen o se realicen con mayor sevicia. Y tampoco se debe callar.

“Es preciso aclarar que hay feminicidios en condiciones de guerra y de paz. El feminicidio es el genocidio contra mujeres y sucede cuando las condiciones históricas generan prácticas sociales que permiten atentados contra la integridad, la salud, las libertades y la vida de las mujeres. En el feminicidio concurren en tiempo y espacio, daños contra mujeres realizados por conocidos y desconocidos, por violentos, violadores y asesinos individuales y grupales, ocasionales o profesionales, que conducen a la muerte cruel de algunas de las víctimas”, explica Ana Isabel Garita, experta del Programa de las Naciones Unidas para Poner fin a la violencia contra las mujeres.

De acuerdo con la Ley 1761 de 2015, que tipificó el feminicidio como delito independiente, “Quien causare la muerte a una mujer, por su condición de ser mujer o por motivos de su identidad de género o en donde haya concurrido o antecedido cualquiera de las siguientes circunstancias, incurrirá en prisión de doscientos cincuenta (250) meses a quinientos (500) meses”.

Entre los agravantes están tener o haber tenido una relación familiar, íntima o de convivencia con la víctima; ejercer sobre el cuerpo y la vida de la mujer actos de instrumentalización de género o sexual o acciones de opresión y dominio sobre sus decisiones vitales y su sexualidad; cometer el delito en aprovechamiento de las relaciones de poder ejercidas sobre la mujer; Que existan antecedentes o indicios de cualquier tipo de violencia o amenaza en el ámbito doméstico, familiar, laboral o escolar por parte del sujeto activo en contra de la víctima. El agravante supremo es, entonces, aprovecharse de la víctima por ser mujer.

Y si un feminicidio no es un crimen cualquiera, un feminicida no es un criminal cualquiera. Además del perfil que podría tener un asesino, o los perfiles, porque hay tipos distintos, un feminicida se caracteriza, porque cree que tiene pleno control sobre la mujer; que es su dueño.

Foto: Shutterstock

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“No todos los crímenes son concertados o realizados por asesinos seriales: los hay seriales e individuales, algunos son cometidos por conocidos: parejas, parientes, novios, esposos, acompañantes, familiares, visitas, colegas y compañeros de trabajo; también son perpetrados por desconocidos y anónimos, y por grupos mafiosos de delincuentes ligados a modos de vida violentos y criminales. Sin embargo, todos tienen en común que las mujeres son usables, prescindibles, maltratables y desechables”.

“Y, desde luego, todos coinciden en su infinita crueldad y son, de hecho, crímenes de odio contra las mujeres”, explica Garita.

Hay un concepto fundamental que se liga inevitablemente a la lógica de un feminicidio: el machismo. De acuerdo con Leticia Marín, catedrática de la Universidad de Buenos Aires, el machismo es “todo comportamiento en el que el hombre crea que por su condición de hombre puede estar, o está sobre la mujer, que a la vez se ve como débil, menor, menos inteligente; menos que el hombre en todos —o casi todos— los aspectos en los que se relaciona con el hombre”.

Alt Rafael Uribe Noguera psiquiatras

“Un verdadero macho no puede tolerar que su mujer le pegue o ni siquiera que no le obedezca. Un hombre debe aparecer como el jefe de la casa ante sus amigos hombres si no ha de perder su fama de macho. Si su esposa se atreve a mostrar cierta independencia o le amenaza delante de otro hombre, él debe pegarle a fin de no perder el prestigio ante sus amigos. Sin embargo es importante no perder de vista que el macho nunca debe abusar de una dama en sus relaciones sociales ordinarias”, explica Octavio Giraldo, docente de la Universidad del Valle.

En esa medida, los ataques hacía la mujer van relacionados directamente con esa lógica del “macho que domina”. Quien comete un crimen hacía una mujer muchas veces se ve guiado —y enceguecido— por un deseo de control sobre el cuerpo de la mujer; control que la mayoría de veces va de la mano por un deseo sexual que, o no se pudo satisfacer, o se busca satisfacer.

El perfil, entonces, de un feminicida responde a lógicas de interiorización de comportamientos machistas. Es decir, él cree que ese comportamiento es normal, que está bien. La sociedad, la familia, los medios de comunicación, la crianza son, entre otros, algunos de los elementos que se podrían calificar como responsables de esa conducta.

Habría, de acuerdo a Julio Cabrales Nevárez, psicólogo y criminalista, explica que hay cuatro tipos de feminicidas: el neurótico, el perverso psicópata, el perverso sociópata y el psicótico. Sobre el primero dice que “este es el asesino esporádico ordinario que jamás pensó que algún día sería orillado a tal situación pues su superyó (conciencia moral) simplemente le tiene prohibido matar. Además, está consciente de que hacerlo le traería consecuencias psicológicas y legales no muy placenteras, es decir, goza de un buen juicio de realidad, sabe perfectamente diferenciar entre lo bueno y lo malo”.

El segundo lo califica como el típico asesino serial que comete por lo menos tres asesinatos para identificarlo como tal, que cuando es arrestado antes, suele clasificarse entre los asesinos corrientes, es decir, aunque cumpla el perfil psicológico del asesino en serie, un solo asesinato lógicamente no lo colocaría en tal categoría.

El perverso sociópata, de acuerdo al experto, es aquél que “suele ser el asesino que para lograr su cometido no duda en actuar en grupo aunque puede también actuar solitario. Su sociopatía se refiere a su desadaptación y al desafío a las normas y leyes sociales existentes (anomia). Este tipo de asesino tiene un yo pero no tan fuerte e inteligente como el anterior. Posee un superyó que le permite experimentar sentimientos de culpa que calla con agresión e ingesta de sustancias como alcohol y drogas.

“Un individuo con una estructura psicótica en realidad suele pasar por una persona normal con la diferencia de que cuando se encuentra en una situación estresante puede tener un brote psicótico experimentando delirios y alucinaciones, con la consecuente pérdida del juicio correcto de la realidad”, dice sobre el psicótico.

Se puede concluir, entonces, que un feminicida, de acuerdo a sus intenciones y acciones, es una persona con un grave problema psicológico, al que se le debe sumar que, por su condición de hombre, porque lo que la sociedad le ha enseñado, él cree que puede actuar con sevicia y violencia contra el cuerpo, contra la vida de una mujer. Los ejemplos en la sociedad colombiana son muchos: Javier Velazco Vásquez, asesino de Rosa Elvira Cely, Rafel Uribe Noguera, asesino de Yuliana Samboni y ahora, Julio Alberto Reyes. Pero sólo son unos nombres en una lista de cientos de feminicidas.

Foto: Facebook

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“Esto es enteramente comprensible si consideramos que todo hombre debe desconfiar de los otros hombres, de sus intenciones con respecto a su propia mujer y las parientes; en razón de su mismo machismo. Los celos del macho junto con su agresividad explican el fenó- meno de golpear y aun cometer homicidio con la mujer infiel. Esta conducta violenta del hombre no es aprobada pero en cierto modo se le espera y se la “comprende”. El uso de lenguaje obsceno, el cual es directamente enseñado en las clases bajas, es parte del machismo. Con ella se revela el carácter fálico o sexual que se espera en la conducta cotidiana del macho”, concluye el profesor Giraldo.

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