Ecuador: la oportunidad en medio del desastre

Foto: Sputnik/Ángela Melendez

Ecuador: la oportunidad en medio del desastre

22 de octubre del 2017

El terremoto de 7,8 grados del 16 de abril de 2016 les arrebató casi todo a los habitantes de Manabí, provincia ubicada en el oeste de Ecuador; muchos perdieron sus casas, sus empleos y a sus seres queridos y solo les quedó volver a empezar con una valentía nacida del desastre.

“Nos pasa factura, todavía nos pasa factura el terremoto”, reconoce el presidente de la Asociación Ballevista, Fabián Valdez, que pertenece a la comunidad Bellavista Don Juan, donde 75 por ciento de las familias perdieron sus casas tras el peor sismo registrado en los últimos 30 años.

Valdez asegura que no se han ido de allí porque tienen “la confianza de que el futuro va a cambiar, va a cambiar para bien y nosotros somos el motor para levantar a la comunidad”.

En esta localidad, donde viven unas 70 familias, la mayoría de habitantes se dedica a la pesca, pero también al servicio turístico, de alimentación y bebidas, que fueron los más afectados.

Así lo recuerda Alba Reina, una mujer de 62 años a quien el movimiento telúrico le sorprendió dentro de su casa junto con sus dos pequeñas nietas, a las que no soltó durante el minuto de terror.

“Tuvimos que salir de aquí por el miedo a las réplicas o a un tsunami”, señala y comenta que durante los primeros días durmieron al borde de la carretera, cubiertos por plásticos mientras esperaban que la ayuda llegara.

Antes, ella tenía un pequeño restaurante al interior de su casa, pero el sismo arruinó su negocio y pensó que no lo iba a recuperar.

Un año y medio ha pasado desde aquel fatídico día y hoy el panorama es más claro para estos ecuatorianos que encontraron una esperanza en proyectos como el que promueve el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) que, por medio de una la iniciativa Pequeñas Donaciones facilita su reactivación económica.

A través de un concurso de turismo solidario, el PNUD entregó 5.000 dólares a nueve empredimientos, uno de ellos en la comunidad Bellavista, donde parte de sus habitantes fueron capacitados como guías turísticos y otros recibieron herramientas para sus negocios.

A la Asociación Ballevista, además de la capacitación, le entregaron chalecos salvavidas y binoculares y le ayudaron en la construcción de sanitarios para los bañistas, mientras que personas como Reina recibieron cocina, platos, vasos, ollas, entre otros elementos, para volver a empezar.

“Así estamos saliendo adelante, yo quería volver a trabajar porque así doy trabajo a otras mujeres que lo necesitan porque tienen niños pequeños”, afirma la mujer.

Algo similar ocurre en la comunidad de San Jacinto, ubicada un poco más al sur, donde los Jóvenes Emprendedores del Manglar La Boca juntaron fuerzas para reinventarse tras el terremoto y aprovechar la riqueza natural de su tierra.

Con los fondos recibidos, adquirieron un bote para ofertar recorridos turísticos a través de un extenso y diverso manglar que alberga a cientos de aves y que ofrece un espectáculo multicolor a los visitantes.

Asimismo, acondicionaron las 41 cabañas ubicadas a lo largo de la playa donde los miembros de la Asociación de Servidores Turísticos Virgen de Guadalupe ofrecen comida de calidad y bebidas a los viajeros.

Así lo explica Alexandra Moreira, una de las líderes del grupo, al indicar que luego del sismo, “en lugar de sentarnos solo a llorar, vimos la oportunidad y la necesidad de aprovechar esta área”.

En la comunidad aledaña de Las Gilces ocurre lo mismo; allí los jóvenes destinaron los 5.000 dólares a construir con sus propias manos un sendero ecológico dentro del manglar que pronto podrá ser visitado por los turistas que pueden acompañar este paseo con suculentos mariscos preparados al instante.

Los manabitas coinciden en que su esfuerzo valdrá la pena solamente si se difunde y si las personas llegan a sus playas no a compadecerse, sino a aportar a su reactivación que cada vez está más encaminada.

El terremoto, cuyas secuelas aún son evidentes, dejó una saldo de 673 fallecidos, miles de heridos y pérdidas económicas valoradas en 3.000 millones de dólares. 

Con información de Sputnik