Exenfermera de las Farc cumple sus sueños tras el acuerdo

7 de septiembre del 2019

Alminda ingresó a la guerrilla, portó un fusil y hoy busca una vida sin violencia

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Naciones Unidas

Cuando era niña, Alminda Mindiola soñaba con ser doctora. Si alguno de sus nueve hermanos se caía al piso y se lastimaba, ella jugaba a curarlo: “le limpiaba las heridas, le echaba sulfacol, mertiolate, lo limpiaba con gasa, y luego lo vendaba”, cuenta Alminda, y así siguió haciéndolo en los pocos años que estuvo en el colegio donde estudió hasta tercero de primaria.

Además, en Atanquez, un pueblo indígena del Cesar de la Sierra Nevada de Santa Marta, donde nació era muy difícil conseguir un doctor.

A los 17 años, Alminda ingresó a la guerrilla de las Farc-EP y su vida cambió radicalmente. La empezaron a llamar Kelly Martínez y empezó a portar un fusil, equipo y camuflado. Una vez, en la selva -cuenta ella-, en un sitio conocido como La Mica, en Fundación, Magdalena, se le estalló una granada a un guerrillero causando 18 heridos.

“La sangre corría por todos lados y ahí me tocó enfrentar la situación. Llevaba como dos años en la guerrilla y esa fue la primera vez que ejercí de enfermera. Hice un análisis de los que necesitaban mayor atención y los atendimos en ese orden, unos compañeros me ayudaron, y cuando llegaron los médicos de Farc nos felicitaron porque consideraron que habíamos hecho un buen trabajo”, narra así su estreno en el campo de batalla.

Al demostrar su destreza, Alminda se ganó el derecho a participar en un curso de primeros auxilios que realizó en La Guajira y así empezó su carrera de 18 años de formación y de práctica en medio de la guerra, de esos, 16 años como enfermera titular de la guerrilla de las Farc.

“Me siento satisfecha, porque esta fue una escuela donde aprendí mucho, y no solamente para ponerlo en práctica en las Farc, sino también entre la comunidad rural, donde pocas personas tienen acceso a la salud”, asegura.

Pero cuando empezó el proceso de paz, Alminda ya no pudo ejercer más la enfermería, ni la odontología, que fue otra profesión que aprendió durante el conflicto armado. En la legalidad, ese rol lo debe tener el médico formal, como el que llega tres veces al mes al Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) de Tierra Grata, Cesar, en donde ella realiza su proceso de reincorporación desde finales de 2016.

Una oportunidad

Desde el mes de mayo de 2019, Alminda recorre las frías calles de Bogotá. Está cumpliendo su sueño de estudiar. Realiza un estudio técnico en Salud Oral en el Servicio Nacional de Aprendizaje, SENA, con el apoyo de la Cruz Roja Noruega y la Cruz Roja Colombiana. Se está formando junto con 26 excombatientes más quienes también se dedicaban en las filas a la odontología y la enfermería. “Nos sentimos muy orgullosos y felices de esta oportunidad.

Pero ha sido muy difícil, nos ha tocado desaprender muchas cosas, para poder aprender”, cuenta Alminda, quien cada vez que tiene oportunidad, visita Tierra Grata y comparte con los niños y los jóvenes lo que está aprendiendo en Bogotá.

El técnico en Salud Oral que está cursando Alminda es uno de los cinco programas con los que estos excombatientes están certificando sus saberes con la financiación de la Cruz Roja Noruega. También hay formación en otros programas técnicos labores: auxiliar de enfermería, auxiliar de salud pública, auxiliar de servicios farmacéuticos y auxiliar de apoyo administrativo en salud.

“Los participantes en proceso de reincorporación se forman en los Institutos de Formación para el Trabajo y Desarrollo Humano de la Cruz Roja Colombiana del país, excepto el Técnico en Salud Oral, que se realiza a través del SENA”, informó un vocero oficial de esta entidad.

El proyecto, denominado ‘Fortalecimiento de Comunidades para la Paz,’, acoge en total a 180 excombatientes de los departamentos de Cundinamarca, Antioquia, Cesar, Cauca, Norte de Santander, Arauca, Caquetá, Tolima, Meta.

Según informó la Cruz Roja Colombiana, el proyecto también contempla el acompañamiento psicosocial y el desarrollo de iniciativas comunitarias, tendrá una duración de dos años, busca contribuir a la construcción de una paz estable y duradera, y fortalecer las capacidades individuales y comunitarias en beneficio del proceso de reincorporación.

En el caso de Alminda, esta oportunidad ya ha contribuido a su proceso de reincorporación. Cuando termine sus estudios, dice, espera regresar a Tierra Grata para, ahora sí, volver a ser ella misma. Sueña con reabrir el consultorio odontológico del ETCR y asumir una función de lideresa o promotora de la atención en salud de su comunidad. Allí, según cifras de la Agencia para la Reintegración y la Normalización (ARN), la cobertura en salud es del ciento por ciento. En total hay 150 personas afiliadas, 27 del régimen contributivo y 123 del régimen subsidiado.

Pero el tema de la salud no está resuelto totalmente, pues estas cifras no incluyen la situación de familiares y amigos de exguerrilleros que decidieron quedarse a vivir en Tierra Grata. Además, los días que no hay médico, que son la mayoría, hay que indicarles las rutas de atención en el casco urbano de Manaure y explicarle a la comunidad cómo funciona el sistema, que es nuevo para la mayoría. Ese es el trabajo y el reto que espera asumir Alminda, quien tras la firma del acuerdo de paz esta cumpliendo sus sueños frustrados por la guerra.

Con la información de la ONU

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