Enigmático: día de los muertos, el lazo ancestral mexicano

Cortesía: Armando Martí

Enigmático: día de los muertos, el lazo ancestral mexicano

27 de noviembre del 2017

¿Qué pasaría si tuviéramos la posibilidad de reencontrarnos con nuestros seres queridos fallecidos durante un día? De eso se trata Coco, la nueva película de Disney-Pixar que se estrenó hace poco en el país, dirigida por Lee Unkrich y Adrián Molina, una historia emotiva sobre un niño de 12 años llamado Miguel que busca la forma de convertirse en músico siguiendo los deseos de su corazón, a pesar de la oposición de su familia. Las cosas se complican cuando es enviado al mundo de los muertos y descubre que la razón de esta prohibición se debe a una herida profunda causada por el supuesto abandono de su tatarabuelo Héctor, quien se fue en busca de sus sueños como cantante y compositor.

Este entrañable filme, sobresale por su argumento inspirado en el Día de los Muertos en México, que se celebra el 1 y 2 de Noviembre, donde priman los lazos familiares a través del respeto y cariño que todos muestran por “Coco” la bisabuela de Miguel. Por otra parte, se recrearon escenarios culturales como San Andrés de Mixquic, las pirámides de Teotihuacán, las calles de Guanajuato y Santa Fe de la Laguna en Michoacán; también se incluyeron destacados personajes entre ellos Frida Kahlo, Pedro Infante, Jorge Negrete, El Santo, María Félix, Cantinflas y el revolucionario Emiliano Zapata. Así mismo, los productores incorporaron otros símbolos como los altares decorados con fotografías para los difuntos, la flor de Cempasúchil que representa el puente entre el mundo de los vivos y el más allá, el perro endémico de México al que se le conoce como xoloitzcuintle y ayudaba a las almas a cruzar el río Chiconahuapan, el último paso para llegar al Mictlán es decir el inframundo y los alebrijes unas figuras de animales fantásticos cuyo origen se remonta a las pesadillas que tuvo el artista Pedro Linares.

La devoción a los ancestros prevalece en otras culturas pues reconocen su inmensa fuente de sabiduría. Por ejemplo, en la religión católica es común ofrecer oraciones, novenarios y misas por el alma de los difuntos, contrario a los budistas e hinduistas, quienes veneran a los antepasados por medio de actos bondadosos como meditar, peregrinar y servir a los demás, con el fin de ayudarlos a estar más cerca de la iluminación. En Asia se reúne toda la familia en un banquete para venerar a los muertos, mientras que muchas sociedades africanas creen que los ancestros se convierten en espíritus que influyen en los vivos, por eso se les invoca durante ceremonias importantes, como una forma de protección y buena suerte.

Debemos aprender a honrar los lazos ancestrales para curar y renovar los vínculos emocionales que heredamos, de ahí la importancia de recordar a los muertos, sin dejarlos en el olvido por la indiferencia, el resentimiento y el dolor, a causa de secretos, tabúes, silencios y vergüenzas que necesitan ser sanados. En el fondo somos portadores de los conflictos no resueltos de nuestros antepasados, creando lealtades inconscientes en las familias que impiden una realización plena, al ser fiadores de deudas intergeneracionales. Una actitud responsable, consciente y de compromiso hacia el bienestar integral, son las bases del perdón que conducen a la libertad.

En cada familia hay un Miguel, alguien que se rebela contra las normas impuestas debido a errores y prejuicios, que deben deconstruirse para aprender nuevos comportamientos armónicos. Los muertos esperan, que nosotros los vivos, tengamos la capacidad de enmendar estas conductas destructivas para reconciliarnos, restableciendo la conexión divina. Esa es en parte la esencia del Día de los Muertos, entender el valor del amor incondicional.

Por: Armando Martí