Enigmático: ¿por qué nos gusta el terror?

Enigmático: ¿por qué nos gusta el terror?

30 de octubre del 2017

Octubre es el mes que por excelencia cautiva a las personas con su misterio, aquel secreto de acercarse al placer de lo desconocido y disfrutar de las diferentes sensaciones que este produce. Entre la literatura gótica de finales del siglo XVIII con narraciones espeluznaste como Drácula o Frankenstein hasta el cine clásico de terror como Nosferatu, Psicosis y El Exorcista, se ha logrado plasmar un mundo inverosímil, fantástico y creativo que logra despertar sentimientos de horror, pánico y adrenalina, por las ambigüedades de la narrativa situando a los personajes entre lo vivo y lo muerto, es decir fantasmas, espíritus, seres míticos y de leyendas urbanas, que abren las puertas hacia dimensiones desconocidas, sobrenaturales y paranormales.

El miedo es una emoción y reacción básica del ser humano ante situaciones de peligro, que incluso puede gatillar recuerdos, traumas y conflictos del inconsciente. El cerebro constantemente está captando todo lo que sucede alrededor a través de los sentidos. Cuando detecta una amenaza, riesgo o inseguridad, activa la amígdala cerebral situada en el lóbulo temporal, produciendo cambios físicos inmediatos como un aumento en la presión arterial y dilatación de las pupilas, pues el sistema límbico fija su atención en el objeto de amenaza; hay sudoración, temblores y taquicardia, una función que prepara la mente para el enfrentamiento, la parálisis o la huida.

En el fondo nos gusta experimentar el miedo, pues el neocórtex procesa la información y llega a la conclusión de que la situación no es verdadera, produciendo una fascinación al observar el sufrimiento, el miedo o la muerte desde una posición segura. Así lo describe uno de los autores más exitosos del género Stephen King en su ensayo Danza macabra (1981): “Horror, terror, miedo, pánico; esas son las emociones que nos llevan a salirnos de la multitud y nos hacen sentir solos. Las melodías de las historias de horror son simples y repetitivas, y son melodías de inestabilidad y desintegración. Pero la paradoja es que el ritual que surge de estas emociones parece hacer retornar las cosas una vez más a una situación más estable y constructiva”.

Los ambientes sombríos, desafiantes, aterradores y trágicos, son una representación de los mundos internos de cada individuo, que sacan a relucir las pesadillas más estremecedoras guardadas por muchos años en el baúl de los recuerdos. El terror es la personificación de la angustia, la culpa y la vergüenza, que nos invita a la confrontación de la verdad, por eso es importante empezar a perder el miedo a descubrir a la persona que ágilmente se ha ocultado detrás del personaje y su disfraz, para salir de la fantasía y entrar en la realidad.

Por: Armando Martí