‘Gavilán’, el entierro de un mafioso más

5 de septiembre del 2017

Cientos de personas asistieron al entierro del capo

‘Gavilán’, el entierro de un mafioso más

Excentricidades y excesos: eso es lo primero que viene a la mente cuando se piensa en un mafioso. Mujeres bellas y exuberantes; carros lujosos; armas; licor caro; fiestas de días enteros; fincas paradisiacas; enormes cantidades de dinero: esas también son imágenes recurrentes. Y entierros bastante extravagantes, porque la relación entre el tráfico de drogas y la muerte está muy bien delimitada desde el principio. El que se mete en eso sabe cuál será su destino y en medio del delirio del poder, el crimen y el dinero, desea que se despedida de este mundo también sea memorable. O así solía ser.

Parece que las cosas están cambiando. El entierro de Roberto Vargas Gutiérrez alias ‘gavilán’ no fue ese cinematográfico ritual, como el que vimos, por ejemplo, con Escobar u otros tantos. Fue más bien una ceremonia sencilla, simple, en un corregimiento del Urabá antioqueño. Sin embargo, no faltaron las propias escenas de un evento de esta clase: una procesión de dolientes o de conocidos o de curiosos, una papayera arrítmica, alcohol, algunas lágrimas –unas de verdad, otras fingidas–, y vallenatos de Diomedes Días. Y tiros al aire.

La caída

Un operativo contundente, planeado con cuidado por la Policía, la Fiscalía y las fuerzas militares puso fin a la vida del segundo narcotraficante más buscado de Colombia. Cayó el 31 de agosto, luego del partido Colombia Venezuela.

‘Gavilán’ le había dicho a sus hombres que le organizaran un lugar, al interior de la Ciénaga de Tumaradó. Un cuerpo élite, formado por la policía y miembros de la armada ya lo tenían ubicado. Un informante y la increíble labor de inteligencia dieron con él.

Apenas terminó el partido de la selección, el criminal salió al muelle a “darse un respiro”, contó uno de los oficiales que participaron en el operativo. Desde la oscuridad de la Ciénega le llegó el grito: ¡Quietos Policía Nacional! La respuesta fue una ráfaga de tiros que soltaron, aterrados, los escoltas de ‘Gavilán’. En una lancha de alta velocidad, entraron en acción los comandos de la Armada. Ya, la respuesta que dio la Policía había reducido a Gavilán. Algunos de sus escoltas lograron huir a través de la Ciénega.

El entierro de un mafioso

Luego de retirarlo de Medicina Legal en Medellín, la hermana de ‘Gavilán’ llevó el cuerpo, primero en un vuelo chárter hasta Carepa, y luego al corregimiento de San José de Mulatos, en Turbo. Lo velaron desde la noche del sábado hasta las tres de la tarde del domingo.

Por una vía sin pavimentar, rodeada de casitas humildes, una nutrida procesión acompañó a Gavilán hasta su destino final. Detrás del féretro, una banda de tres músicos tocaba algo que parecía todo menos una marcha fúnebre. Cada rato se escuchaban los tiros al aire.

El cementerio del lugar se llenó pronto. Familiares, amigos y curiosos, dijeron que ‘Gavilán’ ayudaba a los pobres de la región. Quizás por eso fue tanta gente al entierro. O por el puro morbo. Mientras subían el ataúd a la bóveda, un grupo vallenato tocaba Un canto celestial, de Diomedes Díaz, que todos los asistentes coreaban. Uno tras otro, sin ritmo, seguían sonando los balazos en el cielo. Algunos aplausos al fondo. Un borracho gritó ¡Gracias Gavilán!

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