El poder de las letras en el periodismo de paz

El poder de las letras en el periodismo de paz

2 de septiembre del 2018

Arturo Guerrero y su casa visten salmón, durazno y sepia a la altura de los cerros y el viento. Es un lugar sencillo, ideal y reposado entre máscaras identitarias, cuadros ingenuos, libros, café y dos habitaciones.

Saludé al rumiante filosófico con aprecio y gratitud, me interné en su sofá y deleité un tinto mientras ojeaba, como nunca antes, Chapinero y sus terrazas reflejadas por un sol bogotano de las nueve de la mañana.

Es importante admitir, tal como lo escribió el autor capitalino Nicolas Gómez Dávila, recomendado por Arturo, “que el placer cuando escribimos sea nuestro fin y que no aspiremos a nada distinto de nuestra satisfacción más solitaria (…) No importa que nuestra idea para nada sirva o que nadie la utilice; que se desvanezca, ignorada, y muera; si fue más que una proposición hueca y sonora, si en ella se cristalizó una verdad y se encarnó una esencia.”

-¡Lancémonos al agua!-. dijo el entrevistado.

Guerrero es cucuteño, estudió filosofía y trabaja en la prensa. Es un columnista autodenominado ‘saltimbanqui’ tras la notable diferencia editorial que debe mantener en los diarios El Colombiano y El Espectador.

“Los poetas vietnamitas dicen que los poemas hay que sacarlos de la tierra como el arroz, no de las nubes. “

Desde los tres tomos de La Divina Comedia de Dante, pasando por La Odisea de Homero, hasta Memorias de mis putas tristes del nobel colombiano, y más de 500 libros blindan lo que él llama “La oficina” o el fortín, la cueva de letras y poder.

Con sus ojos aceitunados y grandes, es indómito frente las palabras que busca tomar de su armario para expresarlas con cada inquietud. Tiene 74 años y retarda su envejecimiento con sonidos de fusión independientes y joviales.

El escritor entendió, con los tropiezos naturales que dejan las ilusiones y los sueños, que responder preguntas ontológicas desde estructuras periodísticas le impondrían un desafío de ideas frente a la realidad.

Comentó enfrascado en una nube de recuerdos que al principio no firmaba sus notas en el Periódico El Bogotano, pues su línea editorial “tremendista”  priorizaba las noticias escandalosas. Con la mirada entre su piso y una risa en desazón, ilustró que un editor a las cinco de la tarde pasaba por los escritorios y decía:

“¡Muerticos, muerticos! ¿Quién tiene muerticos?  Y yo no tenía muerticos.”

Era un vespertino en moto que atestiguó su valentía posterior al declamar “yo no soy ningún predestinado, hay que jugárselas con las reglas de la vida natural.” Desde ahí comenzó a firmar sus escritos.

Actualmente, el columnista adelanta un libro en primera persona que fusiona diario, testimonio y ficción. Además, se presentará en la Feria del Libro de Cúcuta en un conversatorio sobre ‘El uso del lenguaje en las columnas de opinión’ porque “el lenguaje tiene unas posibilidades increíbles si uno conoce y sabe usarlas, no se trata que todo el mundo crea que es fácil.”

El periodismo contra la guerra

Arturo Guerrero es fiel defensor del lenguaje que resalta lo conciso, la piel, el poema, el color, la vida.

De ahí que conformara Medios para la Paz, una organización que duró once años con periodistas y académicos encaminada a blindar el protocolo informativo desde zonas de conflicto.

Comenta que desde la Institución descubrieron que “los hechos en aspecto físico o jurídico contra los periodistas venían por el descuido de la rigurosidad con la calidad de la información. Llegamos a plantear la posibilidad de pasar de denunciar a enunciar. Denunciar es hacer periodismo investigativo duro, con pruebas y entregarlo a la justicia. Mientras que enunciar es hacer lo mismo con el pecado pero no con el pecador.”

Desentrañar toda la podredumbre y conservar el espíritu crítico que debe tener todo periodista, pero ayudarnos a pasar entre trincheras y blindarnos ante las balas y las amenazas.

Sin un comunicado oficial que notificara el cierre definitivo de Medios para la Paz por falta de financiamiento, muchos curiosos continúan preguntándola; en palabras nostálgicas de Arturo, “hubiera sido importante y tan necesaria en este momento de la guerra, el posconflicto”.

¿Cómo narrar la crudeza de la guerra y a quién darle la razón?

Kapuscinski decía que ninguna guerra es tu guerra y la única trinchera y en la que uno puede coger la perspectiva para narrar es la de las víctimas. Son la mayoría, no están en la guerra armados y necesitan justicia y reparación.

Cubrir la guerra porque es parte de la realidad, escribir de la guerra es escribir contra la guerra.

El principio es saber qué es la guerra y que debo desacreditarla. No es justificada ni por la guerrilla que se respalda en hacer un cambio político, ni en los paramilitares que dice acabar con la guerrilla ni con el Estado y sus falsos positivos.

¿De qué manera expresar el perdón desde las letras?

El perdón es opcional, es una dimensión individual, cada cual decide si perdona o no. Es un acto superior, depende de la nobleza interna de cada persona. Perdonar es no solo tolerar, sino entender las condiciones del otro y dialogar, investigar y descubrir que yo hubiera hecho lo mismo en sus zapatos.

Comprender la realidad. No se perdona el acto sino el individuo.

Lo que sí se puede plantear para que haya paz es la justicia y la reparación.

¿Cuál es el calificativo y el reto del  nuevo periodismo?

Es un periodismo lumpem. La gente que está afuera de los causes de la ética, del buen gusto, de la estética. Lo peor es que al darle de comer eso a la gente, una comida espiritual, están generando una imagen mental de lo que es Colombia.

El reto es lograr que personas común y corrientes ingresen en una concepción distinta. Lo que está pasando con la polarización es fruto de ese trabajo malo que está corroyendo la cultura. Aunque la primera responsabilidad es de los políticos por sembrar la cultura mafiosa.

El que grita más, el que tuitea más y comparte más fake news es el que triunfa.

La prensa debería desmenuzar las propuestas públicas, ridiculizarlas, ponerlas en contexto. Me parece que podría extenderse a otro tipo de información como los seriados, las telenovelas, los concursos o el reggaetón por ejemplo.

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