Provocadora, ella muestra las tetas en la televisión colombiana

Provocadora, ella muestra las tetas en la televisión colombiana

13 de abril del 2016

Lo pensó mucho pero finalmente la convencieron.  Vanessa Simonelli mostró las tetas en Switch, el único programa erótico de la televisión colombiana.

“Te digo una cosa, cuando sepan en mi casa que hice esto me van a matar. Nunca lo había hecho, aparecía semi desnuda pero jamás así. Pero bueno, es un riesgo que vale la pena correr”.

Habla con desparpajo. “Soy una puta, me encanta el sexo, que me lo hagan y hacerlo”.

Su forma de hablar del tema, sin filtros y con una sinceridad que a algunos les resulta incómoda, la ha consolidado como una marca registrada en el mundo del erotismo. Pero aclara: “Me encanta ser una puta, sí…pero solo con mi pareja. Sorprenderlo siempre”.

Lea también: Entrevista “a calzón quitao” con Esperanza Gómez

En sus redes sociales provoca. Publica fotos que dejan pocas cosas a la imaginación. Tiene el cuerpo y la personalidad para hacerlo.

“Entiendo que muchos ven mis fotos y se masturban y lo veo como algo normal. Siempre digo que lo importante de nuestro trabajo es que hay una cara. Mi cuerpo, mis tetas, mi culo, mi cabello, todo es una puerta para abrir otras cosas. Después de que te sientas a hablar conmigo te das cuenta que aparte de culo hay cerebro”. Le encanta que le regalen flores y chocolates. “Al hombre colombiano le hace falta más romántico”, dice.

Tiene claro que posar casi desnuda, o desnuda – como lo hizo para el programa erótico Switch (canal 717 HD Claro) – es su trabajo, y lo utiliza para educar. Tiene tres hijos. Dos mujeres y un hombre. Vanessa Simonelli-02

El programa saldrá al aire el próximo 18 de Abril.

“Le dije al papá que llevara a mi hija mayor (10 años)  al ginecólogo, que le hiciera un control y que le hiciera aplicar la vacuna del virus del papiloma humano (VPH). Sí es muy pequeña, pero esas cosas hay que hablarlas claramente para evitar sorpresas”.

Muchas veces Vanessa ha llevado a su hija a las secciones fotográficas. “Ella tiene claro lo que hago y sabe que algunos de sus amiguitos me siguen en Instagram“, se ríe.

“Prefiero ser clara con ellos (los hijos) para evitar que si el día que mañana le vienen a decir que soy una vagabunda, puedan responder tranquilamente que no lo soy”.

Simonelli expresa seguridad cuando habla. Se expresa rápido, mueve las manos, los ojos, su cuerpo. Sus medidas 96 – 66 – 103.

Tras sus desnudos hay un discurso que llevó al teatro. Protagoniza un monólogo que no podría llamarse de otra forma: ‘Puta’.

Es una suerte de puesta en escena de la forma en la que se tratan entre mujeres. De los comentarios que se hacen una a la otra, por la espalda.

“Todas las mujeres que conoces dicen que la otra es una perra, pero ellas también lo pueden ser, quizá más perra que ella. La mujer tiende a ser muy envidiosa”.

Explica: “Hay dos cosas por las que otra mujer me puede llamar puta: Porque está envidiosa o porque el marido me quiere coger”, no se ríe. Se burla.

Vanessa Simonelli-04

La idea del monólogo no fue casual. Fue una medida para engañar la falta de trabajo. “Por la situación del país habían menos eventos, menos trabajo, entonces se me ocurrió hacer teatro, algo diferente. Hablé con gais, prostitutas, un trabajo de investigación serio para la construcción del discurso. Lo más difícil fue simular  un orgasmo en vivo. Nada fácil”.

Esta venezolana de 32 años y que vive hace seis meses en Colombia, entiende el mundo en el que se mueve. “Hay de todo. Drogas, alcohol, descontrol, sexo irresponsable y propuestas de todo tipo”.

Poderosos narcotráficantes y jefes de cárceles venezolanas le han hecho ofertas para tener sexo. “Todas las he rechazado”, dice.

“Un narco en México me ofreció siete mil dólares. Rechacé porque ese no es mi oficio y porque me da pavor. Yo con esta lengua que tengo, quizá me regresaban picada en una caja. El jefe de una cárcel en Aragua, Venezuela, me llamó para que le animara una fiesta, colgué el teléfono muy nerviosa. Mi mánager me dijo: ‘No le puedes decir que no porque te pueden hacer algo, pero tampoco les puedes decir que sí porque también te metes en problemas'”.

Diseñaron una estrategia para quedar bien con Dios y el diablo al mismo tiempo: “Me llamaron de la cárcel les puse un precio que no podían pagar y no me volvieron a llamar”.

Su vida en Colombia ha cambiado drásticamente y ha tenido el tiempo suficiente para analizar la sociedad y compararla con la de su país.

“Aquí hay un tabú idiota. Aquí no puedes mostrar mucho de tu cuerpo porque te catalogan mal, pero son más putas que uno. En Venezuela somos más abiertas, pero más recatadas en el sentido de la fidelidad.

Aquí puedo ver a una con uno, con el otro, aquí allá, hacen tríos y después sin todas tapadas, calladas y se comportan como santas”.

Vanessa Simonelli-04

Reflexiona: “Si la gente tuviera más sexo y dejara de hablar tanto de él, la sociedad sería más amable”.

De Venezuela no solo salió porque tenía menos trabajo. Sus críticas al gobierno de Chávez y ahora al de Maduro, le trajeron problemas.

“Tiendo a tirarle duro al gobierno. Hace una año me amenazaron de secuestro por fortuna estaba de viaje. Tengo muchos amigos muertos. Un primo hermano murió por culpa del gobierno de Chávez. Tenía 33 años. Estaban robando y haciendo cosas que no se debían hacer, y como él como no se quedaba callado lo mataron”, se le quiebra la voz y le brillan los ojos. Casi llora.

“Hace unos años el gobierno acabó con todo. Con mi negocio, hizo que no pudiéramos exportar más. Luego se metieron en el centro comercial y por orden de gente de Chávez saquearon todo”.

Suelta un dato de espanto: “En Venezuela es preferible robarse un mercado que robarse ya la plata porque la plata no vale”.

Trabajar en el mundo del erotismo ha tenido sus consecuencias. Una de ellas no tener pareja. Se separó del papá de sus hijos hace dos años.

“Es difícil que entiendan mi trabajo y antes de poner a  una persona, primero miro mi carrera. He sacrificado hijos, tiempo, dinero y no voy a aguantar a un man que me diga que puedo mostrar o decir”.

Mientras que llega el momento que Vanessa Simonelli deja de pensar que “hay hombres que son una mierda” la sigue sorprendiendo que en Colombia los hombres no regalen flores.

“Es que soy muy detallista me gusta que estén pendientes de mí”. Sin embargo, tiene cerca de 200 mil seguidores en Instagram.