“Puedes usar mi nombre todas las veces pero no te equivoques”, le dijo García Márquez

“Puedes usar mi nombre todas las veces pero no te equivoques”, le dijo García Márquez

10 de Enero del 2017

Por Edgar Artunduaga

García Márquez le brindó su amistad, le abrió las puertas de la intimidad familiar, le entregó toda su confianza y Jaime Abello Banfi cumple –hace más de 20 años- el sueño del Nobel de trabajar por la excelencia del periodismo y contribuir a los procesos de democracia.

-Me acuerdo que Gabo me dijo: puedes usar mi nombre todas las veces que quieras, pero no te equivoques, el día que te equivoques hasta allí llegamos, me dijo claramente. Entonces toda la vida he sido consciente de la responsabilidad que entraña el poder que me dio de usar su nombre.

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Decidió por siempre no tomar notas de las conversaciones que tuviera con él. Perdió la oportunidad de escribir un libro sobre el García Márquez que conoció, pero eso le dio la libertad de establecer unas relaciones absolutamente confiables.

Pero, ¿quién es Jaime Abello (Jaime José en el acta de bautizo, Jaime Orlando en el registro civil), cómo llegó a la vida de García Márquez, cómo es su familia, de dónde viene, qué experiencia y bagaje tenía para que Gabo lo hiciera socio y líder de sus proyectos y empresas periodísticas? Responder estos interrogantes es la intención fundamental de esta entrevista.

Origen italiano, familia musical

-Provengo de una familia muy musical. Eso es lo primero que yo tendría que decir, responde Jaime Abello Banfi cuando le pregunto por su historia de familia.

Mi padre y mi madre se enamoraron alrededor de la música, y los recuerdo cantando desde mis más remotas memorias de infancia y de niñez. Mi padre de 85 años (murió recientemente) y mi madre de 83. Ella estudió licenciatura musical. Su origen es italiano.

Mi abuelo, arquitecto, nacido en Nicaragua, pero enviado por su padre, mi bisabuelo, a estudiar a Milano. El inmigrante era mi bisabuelo, pero de una manera un poco sorprendente decidió que iba a hacer todo el esfuerzo por educar a sus hijos en su lugar de origen. Entonces mi abuelo Orlando Banfi estudió arquitectura, estuvo en la guerra y regresó a vivir a América a principios del siglo XX. Ya para ese entonces la familia de su padre se había trasladado a Colombia.

Mi bisabuelo había trabajado con la United Fruit Company, y esa fue la razón por la que se vinieron primero a Santa Marta y luego a Barranquilla.

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Mi abuelo era un hombre culto, arquitecto, lector, pintor. Todavía tenemos en la familia sus cuadros. Y sus hijas, que fueron dos, mi madre Gina y mi tía Vera, las educaron también con gran amor a la música y las artes. Por ese lado el arte es muy importante en mi formación.

JAime Abello-01

Mi abuela, la esposa de Orlando Banfi, era barranquillera, hija de italianos también. Su padre, Pellegrino Puccini fue un inmigrante que hizo gran fortuna y de hecho murió siendo presidente del Banco Dugant. De ese hombre que era tan sereno, tan elegante, de tan buen gusto, tan lector, yo heredé parte de la biblioteca.

Mi abuela Angelina Puccini era profundamente conservadora, laureanista, con ciertas ínfulas aristocráticas.

Cierta vez que me sorprendió leyendo “El Diablo” de Giovanni Papini se escandalizó al extremo de buscar la lista de libros prohibidos de la Iglesia Católica, para lo cual mi abuelo tenía permiso eclesiástico, y decidió quemarlos.

Yo tendría no sé, 11, 12 años, y recuerdo verlos, una pila de libros quemándose. Debo decir que esa relación con mi abuela fue muy importante con una persona, como digo, profundamente conservadora, algo autoritaria, que intervino en nuestra vida familiar, pero uno de los grandes retos de mi formación psicológica fue aceptarla, entenderla, comprenderla, y luego desprenderme de esa carga, de esa herencia dual.

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Porque era una mujer extraña, profundamente neurótica y al mismo tiempo tenía unos gestos amorosos y gran sentido del humor, y una vivacidad, y una inteligencia, que me fascinaban.

Entonces yo diría que la presencia de mi abuela representaba para mí y posiblemente para mis hermanos al mismo tiempo amor y sufrimiento, una dualidad. Y tenía evidentemente un conflicto en relación con su yerno que era mi padre. Entonces son cosas que a uno lo van marcando porque se empieza a entender la complejidad de la psicología de las personas.

Yo creo que la primera escuela de tolerancia es la familia, aceptarnos, aceptarnos en nuestras diferencias pero tampoco someternos.

De todas maneras eso me dejó una carga importante que debo decir que resolví con sicoterapia. Soy de las personas que cree en la sicoterapia, y la sicoterapia es esa capacidad de hablarse con uno mismo guiado por un experto, en este caso mi sicoterapeuta, y durante años asistí a una consulta. Tenía que liberarme de los fantasmas, y uno se relacionaba con las contradicciones de esa herencia de sentimientos que mi abuela me había dejado.

Hoy en día la valoro lo bueno que ella me dejó, y creo que parte de mi proceso de formación ha sido justamente reconciliarme a través de la sicoterapia con los aspectos contradictorios de la formación familiar.

Las medallas y los diplomas de los abuelos

De mi abuelo Orlando y mi bisabuelo Pelegrino nos han quedado en el ámbito familiar las medallas y los diplomas otorgados por el Rey de Italia.Por el lado paterno, mi tatarabuelo Giuseppe de Andreas que se estableció en Ciénaga a fines del siglo XIX, también fue caballero de la orden del Rey de Italia. Como mi abuelo Pelegrino que fue cónsul en Barranquilla, este tatarabuelo por el lado paterno, De Andreas, fue cónsul en Ciénaga. La diferencia es que el de Ciénaga era masón carbonario como se decía en esa época en Italia.

Entonces hay diplomas y medallas, una de ellas, firmada por tres reyes de Italia distintos. Pero en el caso de mi abuelo, el secretario de la orden que era el canciller o primer ministro de Italia, quien firma ese diploma es Benito Mussolini. Yo leí libros sobre lo que representó el fascismo, y la preocupación de Italia por la unidad nacional y por reencontrarse con su destino como nación.

De hecho tengo ciudadanía italiana a pesar de que el último italiano de mis ascendientes es del nivel de los bisabuelos. Sin embargo, se conservó dentro de la familia la afinidad cultural, el interés por el idioma italiano.

Jaime Abello Banfi, Kienyke

Mi hermano médico, Mauricio, es un cantante, un tenor, que toca y ha grabado discos. Aunque su dedicación es la medicina, es un reumatólogo formidable, como tenor lírico se especializó en las canciones italianas, especialmente esas bellas canciones napolitanas que los inmigrantes trajeron a América.

En nuestro ámbito, en ciertas épocas como navidad o encuentros familiares, mi madre se pone al piano y mi hermano entona canciones napolitanas. Con eso quiero enfatizar que hay una herencia cultural muy interesante. Yo soy colombiano y es mi primer sentimiento, pero también en algo soy italiano y europeo.

Por el lado paterno también tenemos que ver con la United Fruit Company, con la zona bananera, con todo eso, porque vengo de una familia de comerciantes, y también de políticos, los Abello.

Por el lado de los Abello

Mi tatarabuelo Abello fue presidente del Estado Soberano del Magdalena y se distinguió por trabajar por la educación principalmente. Murió siendo Ministro de Marina, del presidente Murillo Toro, del gobierno Radical, una familia de liberales, mientras el lado italiano era un lado un poco más conservador, y mi abuelo Orlando Banfi murió siendo un hombre de espíritu liberal pero en su juventud había sido secretario del Facio en Cartagena, cuando era un inmigrante joven, o había regresado joven.

No creo que fuera por convicciones de derecha, sino simplemente porque en ese momento el fascismo representaba para Italia una esperanza política de unidad, de recuperar su papel en el mundo, y tenía toda la metodología del retorno, de lo que había significado Roma en su momento.

En cambio por el lado paterno, ya dije que tenía un tatarabuelo de origen italiano masón, y otro tatarabuelo, en este caso el señor Manuel Abello, liberal radical, mi abuelo fue un comerciante de mucho éxito que llegó a ser alcalde de Santa Marta, y formó a mi padre, sobre todo en el interés por el comercio.

Mi padre con quien estuve conversando largamente en el final de sus días, pidiéndole que me contara historias, me ha recoreado sobre la empresa familiar que se dedicaba a la importación de toda clase de productos, especialmente materiales de construcción, víveres, licores, y los distribuía no solo en Barranquilla y en Santa Marta sino justamente en los pueblos en la zona bananera, de los que luego me vine a empapar a través de la obra de Gabriel García Márquez.

Y mi padre también fue un emprendedor. Empezó a estudiar administración de empresas en Estados Unidos pero el abuelo insistió que entrara sin demora en el negocio familiar. Tuvo la mala suerte empresarial de invertir mucho especialmente en tratar de establecer una hacienda bananera en la zona de Urabá en los años 60. Allí se le fue toda su herencia, toda su fortuna, y de allí le tocó regresar sin un peso a reconstruir su vida. Ese hombre, en esas condiciones, sin embargo, decidió apostarle todo a la educación de sus hijos, y con enorme esfuerzo logró formarnos en Bogotá, en la Universidad Javeriana.

Los hermanos Abello Banfi

Entonces estudié derecho en la Universidad Javeriana. Mi hermano Mauricio prefirió ser médico, se especializó en medicina interna y luego en reumatología. Mi hermana Beatriz es odontóloga, mi hermana Maribel comunicadora social y ha sido actriz, muy conocida, ahora vive en los Estados Unidos.

El menor, que pocos conocen, se fue desde muy joven a Centro América donde es un empresario de mucho éxito. Hugo es ingeniero industrial y presidente de una corporación agrícola actualmente en Nicaragua.

Es un grupo de hermanos magnífico, gente muy bien educada, cada uno ha armado su familia, hablan varios idiomas, son gente que viaja mucho, y cada uno es un profesional destacado.

Provenimos de una burguesía provinciana comercial, pero realmente somos profesionales de clase media, que nos hemos formado, y que hemos aprendido a vivir por nuestro trabajo. Y siento que por esa herencia cultural, por la vida, somos gente abierta al mundo, más costeños, caribeños, siempre interesados en las artes y la música, mucho por la lectura.

Yo especialmente me aficioné a la lectura desde joven y el cine. Estudié en el Colegio Alemán en Barranquilla, otro factor fundamental en mi formación. Un colegio de unos alemanes liberales, demócratas, un colegio donde me inculcaron autonomía con responsabilidad, y donde tuve acceso por ejemplo al cine, al nuevo cine alemán, y a una magnífica biblioteca.

Jaime Abello y Gabo

Choque ideológico en La Javeriana

Cuando me decidí a estudiar derecho escogí el camino de hacerlo en la Universidad Javeriana. No debo negar que tuve un cierto inicial choque porque venía de un colegio liberal europeo, y me encontré con una institución universitaria manejada de manera conservadora por el padre Giraldo que era el decano de la facultad de Derecho.

Terminé adaptándome y agradezco la formación recibida en la Javeriana, pero una de las cosas que descubrí en el camino es que realmente iba a ser difícil para mí dedicarme al derecho, que me interesaba más lo que tenía el derecho de humanidades, de política, de ciudadanía, que propiamente la tarea, digamos, de defender intereses de los clientes en el campo jurídico.

Su paso por los tres poderes del Estado

Aproveché que mi primo Orlando Abello Martínez Aparicio había sido elegido congresista, Representante a la Cámara. Entonces en cuarto año de derecho, y quinto, fui miembro de su equipo. Todas las tardes me iba al Congreso.

Tuve tres experiencias formativas seguidas, respecto a las tres ramas del poder público. En el Congreso ayudaba a mi primo a preparar debates, armar proyectos de ley, un proyecto de reforma constitucional. Conocí la negoiación, el lobby parlamentario.

Se me ocurrió interesante hacer mi tesis sobre el sistema penitenciario en Colombia, y la función de disciplinar a la sociedad siguiendo, digamos, la orientación de Foucault. El Ministro Felio Andrade, casado con una familiar, me nombró en la cárcel La Picota, en un puesto menor, para que estudiara en directo la situación. Tenía 22 años.

Fue una experiencia formadora impresionante, para un joven de espíritu un poco contestatario, que había redibido felicitaciones en la Javeriana en el primer año pero que casi me expulsan en el segundo porque me volví crítico, rebelde.

Cuando entro a la cárcel lo que yo veo es la miseria del ejercicio, no solo del abuso, porque la cárcel era un escenario de abuso. En la cárcel predomina la ley del más fuerte y así es todavía desgraciadamente.

Entonces siendo una institución teóricamente orientada al castigo pero también a la rehabilitación, la cárcel es formadora de dolor, y muchas veces de la continuación del crimen. No es reparadora, es terrible, y en ese momento lo era mucho más.

En el año 81, al que me refiero, la cárcel era una cosa horrorosa. Gente en las peores condiciones, con problemas mentales agudos. Allí se juntaba toda la miseria de todos los regímenes, no solo el régimen judicial y penitenciario de Colombia con todas sus incompetencias, sus errores, sus fallas y sus abusos de los Derechos Humanos sino también la esencia misma del sistema de la incomprensión.

Entendí que en el fondo la norma y el derecho están construidos sobre un ejercicio brutal del poder que es el que se da en la cárcel.

Francamente tomé la decisión de desistir de mi proyecto, me di cuenta que superaba mis capacidades humanas e intelectuales. Era muy doloroso, pero asimilé esos seis meses de experiencia.

Traté de ayudar a algunas personas a que se les mejoraran sus condiciones, e hice una de los primeros acercamientos al periodismo, con mi antiguo compañero de universidad Gerardo Reyes, que ya estaba en la Unidad Investigativa de El Tiempo.

Hablé con Santiago Diago, el viceministro y le anuncié mi renuncia y él me ofreció trabajar en su despacho. Había pasado rápidamente por el legislativo, el judicial y ahora estaba en el ejecutivo.

Después terminé renunciando por diferencias fundamentales con el gobierno del presidente Turbay y su estatuto de seguridad. No era posible continuar .

Yo era más de izquierda. En ese momento me sentí medio heroico.

De nuevo en Barranquilla.

Comenzó una nueva etapa de mi vida. Me trasladé a Barranquilla a trabajar en la Cámara de Comercio.

A los pocos meses yo era el secretario del comité intergremial del Atlántico. Mis interlocutores ya no eran los ministros ni los congresistas, ni los presos y sus guardias o los abusadores en la cárcel, sino el sector privado de Barranquilla, y me convertí en vocero.

Empecé a reencontrarme con Barranquilla, a reencontrarme por ejemplo con el Carnaval, a reencontrarme con la idea de estudiar la historia de la ciudad, a generar iniciativas que contaron con el apoyo del director ejecutivo de la Cámara de Comercio que era Arturo Saavedra Better.

Ayudamos a crear la asociación de grupos folclóricos del Atlántico, les hicimos unos estatutos, les conseguimos plata para que se organizaran.Creamos primero un cine club y luego la cinemateca que sigue funcionando en Barranquilla, impulsamos la renovación urbana de la ciudad.

Y estando en esa efervescencia, me entero que se estaba hablando de establecer un canal regional de televisión en Antioquia. Y empezamos la promoción de un canal regional público, de televisión regional en la costa.

Me retiré de la Cámara de Comercio, quería dedicarme al cine y me vine a Bogotá a manejar la Asociación de Cinematografistas Colombianos, el gremio de los cinematografistas, una cosa rarísima.

Con Gabo en Caracas

Estando en eso (año 90) viajé a Caracas a la firma de los acuerdos de coproducción iberoamericana, y me reencontré con una persona que había conocido en el 83 en Barranquilla cuando yo era secretario del comité intergremial, el señor Gabriel García Márquez, que era el personaje en Caracas de todo este tema del cine, y Gabo se acordaba perfectamente de mí.

Imagínate, yo lo había conocido porque Gabo en el 83, fue muy extraño, lo manda el presidente Betancur, él ya había vuelto a Colombia, había recibido el Nobel, y no sé por qué le aceptó al presidente Betancur el encargo de ir a Barranquilla a tratar de convencer a la dirigencia de Barranquilla de que aceptara que el Banco de la República le devolviera a la ciudad, al municipio, el teatro municipal Amira de la Rosa que el banco había ayudado a finalizar. Y me acuerdo que Saravia dijo no, ve tú, yo mejor no voy para no complicar la cosa, ve tú como secretario del comité intergremial pero eso sí, eso no le sirve a Barranquilla, nosotros necesitamos que el banco siga manejando eso.

La Fundación de Gabo

García Márquez fue presidente de la Fundación que hoy lleva su nombre, hasta el final, cuatro o cinco años antes de su muerte, cuando se hicieron más notorios sus problemas de salud, pero él y Mercedes –la esposa- autorizaron poner el nombe de Gabo dentro de la razón social de la Fundación, y autorizaron crear el premio en Medellín en reemplazo del que tenían.

La Fundación Gabriel García Márquez es una institución sólida, con una junta directiva internacional que tiene respeto y reconocimiento, con un presupuesto anual que en los últimos años ha estado en el orden de los tres millones de dólares, obtenidos con el desarrollo de proyectos, actividades, donaciones.

Es una máquina institucional –también- para producir oportunidades, estimular a los periodistas, darle oportunidad a los jóvenes para que que hagan sus talleres de crónica, de reportaje, que entren en contacto con grandes nombres del periodismo mundial.

Gabriel García Márquez

El acercamiento a Gabo y sus proyectos

Abello hizo parte de la comisión de empalme de dos gobiernos: de Barco a Gaviria y de Samper a Pastrana, en los ministerios de comunicaciones y cultura.

Fue el primer gerente de Telecaribe, elegido por siete gobernadores, que podían ser relevados por el Presidente y en efecto fueron 21.

-Estando allí –en Telecaribe- me volví a encontrar con Gabo, lo vi en el Festival Vallenato, lo vi una vez en el Festival de Cine, y en el 93 él me llama a principios de diciembre y me dice “oye Jaime”…

Nos habíamos vuelto medio amigos, había una cordialidad, ya me identificaba plenamente. Me había comentado que su mamá, Luisa Santiaga, había sido compañera de mi abuela Devora Sarmiento en el Colegio de la Presentación, en Santa Marta.

Entonces me llama y me dice “Jaime, voy para Barranquilla, ¿por qué no me invitas a comer?” Yo me puse muy nervioso, ¿qué querrá Gabo?

Y lo invité a una cena el 28 de diciembre del año 93, el día de los inocentes. Le pregunté si quería invitar a otras personas y me sugirió a Ernesto McCausland. Terminé invitando también a una prima mía antropóloga con la que tenía unas conversaciones magníficas, Margarita Abello, y nos fuimos al club ABC de Barranquilla y Gabo empieza a echar cuentos de periodismo, y dale con el tema del periodismo, y anécdotas, y el tema del uso de la grabadora que era el oro digital, y el problema de no sé qué.

En resumen, luego lo acompaño y lo llevo al Hotel El Prado y ahí seguimos tomándonos un whisky en el lobby. Entonces empieza a hablarme de los talleres de periodismo, y yo sin saber para dónde iba.

Ayúdame a hacer esos talleres de periodismo, terminó proponiendo García Márquez.  Entonces lo tomé en serio, y convoqué unas reuniones en la gerencia de Telecaribe, empecé a tomar notas.

Pasan dos meses. Me volví a ver con Gabo en una parranda vallenata, y otros dos meses después en el Festival de Cine de Cartagena. Después de la cena y la parranda ya yo me sentía el mejor amigo de Gabo… Le hago una señal de saludo y él me llama con el dedo, como diciendo ven para acá, como haciendo un ganchito me dijo acércate, me acerco a él y le dije “ajá gabito”, y me dice “¿qué has pensado?”, como en un tono de reclamo.

Me propone hablar mañana y yo le digo que a los dos días. Regreso corriendo para Barranquilla, hice un memorando con mis notas… Y tuvimos una cita al día siguiente en el hotel Hilton de Cartagena, después de que él jugó tenis, porque él jugaba tenis en la mañana. Le entregó el memorando.

Le propuse la creación de una fundación de periodismo y a su pregunta sobre los pasos a seguir le dije que haría un estudio de pre-factibilidad, que resulté encomendando a mi primo  Alberto Abello.

-Contrátalo, yo le pago, dijo Gabo.

Se crea la Fundación de periodismo

-Creamos la fundación en junio del 94. Fue todo un año de planeación, nos reunimos con Gabo muchas veces, y echaba los cuentos, fue una delicia, la delicia máxima. Y él me pidió que asumiera la dirección de la fundación. Yo acepté y de hecho presidí la asamblea de constitución. Soy cofundador. Me nombraron director encargado, porque en ese momento yo estaba en Telecaribe, esto era una fundación de papel. Gabo puso seis millones de pesos a nombre suyo, aporte fundacional, un millón a nombre de Jaime García Márquez, su hermano, que dijo que él quería, y yo puse un millón.

Nos reunimos muchas veces, nos reunimos con Tomás Eloy Martínez, con Juan Gossaín, con Eligio García Márquez, con Joaquín Estefanía que venía desde España, director de la escuela de El País, entre otros personajes. Terminamos arrancando la fundación formalmente el 18 de marzo de 1995, con un seminario sobre libertad de expresión.

Gabo entusiasmo en Colombia

Era un momento muy interesante. Gabo por un lado estaba haciendo la casa en Cartagena y  tenía ganas de hacer proyectos en el país.

Estaba pensando en los temas de educación, hacía parte de la comisión de sabios de la misión de educación ciencia y tecnología creada por el gobierno de Gaviria. Y había vuelto al periodismo, había decidido escribir un libro sobre los secuestros de periodistas y el ataque al establecimiento, y al periodismo, y al Estado colombiano emprendido por el narcotráfico, especialmente por Pablo Escobar.

Había empezado a investigar, a entrevistar a las víctimas y a profundizar en el asunto. Entonces por eso fue coherente que hayamos arrancado con un tema sobre libertad de expresión.

Hicimos ese primer encuentro y de ahí un año después Gabo me dio el poder para que firmara en nombre de él y le dimos inicio a la Fundación para la Libertad de Prensa que existe hoy en día.

La segunda actividad que hicimos fue el taller con Alma Guillermoprieto, en el diario El Universal donde Gabo había comenzado sus tareas de periodismo.

Yo por supuesto me retiré en esos días de Telecaribe, en momentos en que aprobó una nueva ley de televisión. Me di cuenta que iban a ser tiempos distintos, venía la televisión privada, se acababa lo que se llamaba el sistema mixto, un modelo único e interesante. Me correspondió organizar mi última actividad en Telecaribe, organizar el lanzamiento de la ley que sacaron el gobierno de Samper y el ministro Armando Benedetti, la ley de privatización de la televisión en Colombia.

Se empezó a constituir la Comisión Nacional de Televisión, y dije esto no es conmigo. Yo había sido muy activo en las televisiones regionales. Siempre creí en la televisión como servicio público y las cosas iban a ser bien distintas.

Gabriel Garcia Marquez

Primer alumno de la Fundación Gabo

Yo no era periodista, aunque era hombre de medios. Había vuelto a la televisión, por mi cercanía con el cine. Tenía interés especial en los medios audiovisuales.

Pero me convertí en el primer alumno de la Fundación, y francamente, modestia aparte, me considero hoy en día un experto en periodismo. Escribo, me gusta y entiendo al periodismo perfectamente así no haya hecho una carrera periodística convencional. Luchamos por el periodismo, por sus valores, la ética.

El poder, el amor y la muerte

¿Qué piensa usted del poder?

El poder para que le sirva a uno en la vida debe ser asumido con mucho cuidado. Me he dado cuenta que el poder está lleno de riesgos.

Hay que ser muy cuidadoso en lo público, además de asumir responsabilidades siempre transitorias.

El poder del dinero no lo conozco porque nunca he tenido mucho dinero.

Hay otro poder que se da en el escenario de las relaciones interpersonales, la ascendencia que uno adquiere y que va desde la relación íntima que puede tener uno con otra persona, o la relación que tiene uno con la empleada del servicio doméstico.

No hay nada peor que abusar de él, que dejar heridas, que golpear gente, porque todo eso se devuelve. El poder hay que asumirlo con cuidado. De otra parte, nada peor que el poder que esclaviza si se toma sólo por el lado de los beneficios. Cuando se pierde el cargo y el poder llega la nostalgia tremenda. No te olvides que todo es relativo, transitorio, pasajero.

El poder es distinto al liderazgo. La gente me respeta, pero mi influencia es eminentemente argumentativa. En la medida en que yo aporto ideas, las sustento, soy coherente en mí accionar, mantengo mi capacidad de influencia. Eso no es poder, es más liderazgo, influencia, que debe ejercerse con racionalidad.

El amor, las relaciones de pareja

¿Cómo le ha ido en el amor, en la vida personal, en la relación o relaciones de pareja?

Yo tengo una relación de hace 27 años con mi pareja, me siento feliz de compartir mi vida con esa persona.

Ha sido una vida de dos personas distintas unidas por la ternura, por la afectividad, pero completamente distintas en intereses, estilos. Para mí la casa se convierte más en un refugio que el espacio en donde estoy todo el día.

Es un tipo de convivencia diferente porque tenemos habitaciones separadas. Normalmente yo me voy los viernes y regreso el lunes. Todos los días hablamos varias veces al día. Es una forma de convivencia interesante y de unión.

Sobre la muerte

¿Qué piensa sobre la muerte? ¿Hay un más allá?

Jaime Abello Banfi, Kienyke

Ante la inevitabilidad de la muerte lo importante es poder despedirse de la vida con tranquilidad, poder sentir que hay amor, poder sentir que aprovechamos el tiempo al máximo, que nos acompañamos, que nos respetamos, que nos agradecemos los unos a los otros.

Yo creo que la vida es una oportunidad de goce, de dicha, la que he tenido por ejemplo de interactuar con gente increíble, empezando por García Márquez, pero toda mi vida me he relacionado en distintos escenarios con gente interesante, siempre aprendiendo.

La dicha no es algo eventual, casual, excepcional o residual, es algo sobre lo que uno puede volver si se propone.

Así como uno asume esa dimensión interna de la vida, que es la posibilidad de tener paz interior, dicha, tranquilidad, porque está dentro de nosotros, no es ajena, requiere algo de preparación, alguna búsqueda, y para eso hay varias maneras. A veces la religión es un camino, otras veces maestros espirituales, otras veces el budismo.

En mi caso yo he tenido, debo agradecer a un maestro que se llama Pren Rahwa con el cual aprendí a esa introspección que me ha permitido conectarme con mi fuente de dicha interior. Adquirí una manera distinta acerca del significado de la vida y de la muerte.

En todo caso la vida es un espacio para realizarme, para disfrutar, y la muerte es un espacio para asumir.

El catolicismo nos promete una vida después de la muerte, yo espero que sea así, no estoy seguro. En todo caso culturalmente sigo siendo católico y ojalá que eso se dé, pero en todo caso creo que el verdadero paraíso es el que podemos encontrar cuando estamos vivos.

Así que no desperdiciemos la oportunidad de ser dichosos en la vida, pero no una dicha, digamos, externa. Me refiero más a esa búsqueda interior, esa paz que está dentro de nosotros mismos, una oportunidad que no debemos desperdiciar, y ahí es donde está el paraíso. Y si luego tenemos después de la muerte otro paraíso, magnífico, pero eso no lo sabemos.