¿Es la independencia una ilusión?

22 de julio del 2019

A lo largo de la historia los colombianos no logramos disfrutar plenamente de la independencia.

Independencia

Cortesía Maestro Germán Tessarolo

Ser independiente como persona, significa tener la capacidad de autonomía y de hacerse cargo de sus decisiones y actuaciones, las cuales contienen la posibilidad de acertar o correr el riesgo de equivocarse. Contrario a otras, que dependen de los demás y de esta forma no asumen la responsabilidad al evadir el tener que elegir.

El pasado 20 de julio, se celebró en nuestro país el día de la independencia del dominio por parte del Imperio español. Una lucha de 209 años que seguimos sosteniendo para recobrar nuestra identidad y costumbres perdidas, por los efectos de la conquista europea, y que supuestamente marcarían el inicio de una nueva “era” de libertad sin ataduras, con el deber de gobernarse como nación a sí misma.

Sin embargo, a lo largo de la historia los colombianos no logramos disfrutar plenamente de esta libertad, pues seguimos siendo dependientes del qué dirán los demás y de los impulsos agresivos e ideas delirantes de algunos líderes sociales y políticos, que no han podido superar su inseguridad disimulada por la soberbia y el ego.

De forma optimista, quizás lo pienso, son unos pocos los que perteneciendo a diferentes jerarquías del poder, en lugar de conciliar las diferencias y facilitar espacios constructivos que inviten a la reconciliación, se empecinan en fomentar la polarización de nuestra nación.

También somos dependientes de una sensación de miedo y angustia que se extiende sistemáticamente con la inseguridad que día a día cobra más víctimas de secuestros, extorsiones, robos, asesinatos y vejámenes de todo tipo contra la ciudadanía.


Cortesía Armando Martí

Esta pérdida continua de la confianza en algunas instituciones públicas y privadas, está causando traumas psicológicos y vacíos existenciales difíciles de entender y superar en las personas, que además, son reforzadas por los tristes ejemplos de algunos funcionarios a quienes la sombra de la corrupción los seduce y también envilece.

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Especialmente cuando son descubiertos en sus astutos planes a través de valientes denuncias de la ciudadanía, ampliadas por algunos medios de comunicación y mesas de trabajo de periodismo investigativo, que sirven para alertar y exigir a las autoridades su accionar en contra de estos “personajes”, quienes muchas veces pasan de agache y se cubren con la frazada de la impunidad, afectando con su actitud ambiciosa y depredadora las finanzas del país.

Reflexiono en mi propio malestar interior, al enterarme de que millones de personas viven con hambre y en condiciones de miseria en nuestro país. Esta actitud de insensibilidad y deshumanización colectiva ante los problemas del otro, me entristece el alma.

Sin embargo, hay quienes prefieren ocultar esta realidad a través de su narcisismo con la fachada de la importancia hacia el logro de exageradas metas y objetivos personales impulsados desde un frenesí adictivo, para no sentir ni ver su desventurado interior y la profunda soledad en que viven, la cual es imposible de disimular con el éxito profesional y social.

Cortesía Armando Martí

El teólogo jesuita y filósofo francés, Teilhard de Chardin describía mucho mejor que yo, el desasosiego mental en que se vive actualmente y que ha crecido a través de la modernidad: “Nadie es libre por su propia cuenta sino en virtud de una mano que lo libera”, sugiriendo nuevas formas de controlar las compulsiones y adicciones latentes, en un planeta en donde la depresión y la falta de sentido de vida están globalizadas.

Estoy convencido de la importante orientación de esta máxima, la cual me hace pensar en que la mayoría de los problemas sociales, se superarían si tan sólo tuviéramos la humildad de pedir ayuda, y de vez en cuando, neutralizar nuestros complejos de superioridad y el deseo de ser siempre el centro de atención.

Precisamente, he querido pedir ayuda para desarrollar este importante tema social a la Dra. Carolina Guzmán, psicóloga humanista especializada en Comunicación y Sexualidad humana de la Universidad Santo Tomás.

Dentro de su formación integral es asesora en opinión experta en medios de comunicación radial, televisivo y portales de noticias digitales en temas psicológicos que impactan en la comunidad nacional e internacional, al igual que escritora y artista de la fotografía.

Armando Martí durante la entrevista con la Dra. Carolina Guzmán. Cortesía Armando Martí

Armando Martí: Dra. Carolina Guzmán, he notado un desánimo generalizado y una apatía profunda en las personas, especialmente en la ciudad de Bogotá, que se manifiesta en cambios de humor, agresividad, ideación suicida y depresión. ¿Nos podría orientar en lo qué significa estar deprimido?

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Carolina Guzmán: La depresión es un trastorno del estado de ánimo, como consecuencia de que el sistema nervioso no produce ninguno de los neurotransmisores necesarios para motivar, donde la persona percibe un panorama totalmente oscuro pues hay más razones para morir que para vivir, en últimas es una acumulación de frustraciones y desespero. Asimismo, el individuo inhibe su capacidad de resiliencia, es decir, el cerebro se resiste a cualquier tipo de aprendizaje.

Ahora bien, este trastorno se agrava con niveles excesivos de estrés negativo llamado distrés y se presenta en las principales ciudades del país especialmente en Bogotá, debido a que simultáneamente las personas están experimentando diferentes procesos como la migración, los niveles altos de desempleo y ciertos tipos de contratos laborales, que no les permite planificar una vida a largo plazo. Dichas situaciones sociopolíticas, han generado una “epidemia psico-emocional” con respecto a que los índices de depresión se han elevado, particularmente en la población masculina.

A.M: El estrés es un mecanismo natural para sobrevivir y defenderse ante un peligro, es decir, luchar o también huir de él. La acumulación de factores estresores causan las enfermedades psicosomáticas, afectando nuestro cuerpo y las emociones, ¿es el distrés uno de los causante de la depresión?

C.G: Es importante reconocer la diferencia entre enfermedad y trastorno. Mientras la enfermedad tiene una cura, con el trastorno la persona tiene que aprender a vivir en ese estado: unas veces de episodios intensos y otros momentos donde no existe dicha latencia.

De ahí que el estrés como la depresión son concomitantes, pues hay individuos que tienen una predisposición a la depresión y por lo tanto, al no haberlos educado para sobrellevar y utilizar mecanismos con el fin de prevenir la activación de estos síntomas, se pueden generar sucesos de estrés.

Pero, últimamente se ha observado que al no tener una formación psicológica, intelectual ni emocional para manejar los desafíos de la vida, como consecuencia inmediata del estrés, aparece la depresión.

A.M: ¿Cuáles son los tratamientos para tratar la depresión?

C.G: Cuando la depresión llega a niveles catastróficos, debe existir una intervención tanto psiquiátrica como psicológica, con el propósito de prevenir una situación más crítica como la pérdida de la vida.

A.M: Estamos viviendo como una sociedad en un ambiente muy convulsionado por los diferentes desafíos políticos, climáticos, económicos, laborales y crisis de fe y confianza institucional. Un planeta con grandes traumas sufridos en el pasado y en el presente, en donde algunos de sus más emblemáticos gobernantes, no gestionan de forma eficiente sus propias limitaciones emocionales, ¿es posible que también esta situación afecte a sus seguidores?

Cortesía Armando Martí

C.G: El primer deber de un buen gobernante o líder social es mirarse a sí mismo, pues se supone que siendo ejemplo para sus seguidores, debe tener una congruencia entre lo que prometió, lo que hace y además piensa.

Cuando hablamos de un líder “traumado” casi negativo, con incapacidades emocionales y disfuncionalidades interiores, tiene la capacidad de generar una persuasión y manejo dentro de las masas, con la cual la ignorancia se empieza a reproducir.

Es como si fuera una célula que pierde la información constructiva y comienza a desviarla hasta intoxicar su propio organismo, entonces se sigue replicando y crea todo un órgano dañino para el propio cuerpo. Es ahí, cuando encontramos sociedades, que quieren negar la realidad, y además, son egoístas frente a las problemáticas del otro.

Por eso la ciudadanía es consciente de esta situación referente a los líderes políticos, ya que constantemente los medios de comunicación reproducen los hechos hasta que generan un distrés, pues no son visibles las soluciones a mediano y largo plazo para la población.

A.M: Cuando los traumas no se resuelven o tratan, son reemplazados por distractores como el ego, la ambición y la sed de poder, hasta escalar como en el caso de Venezuela, hacia una dictadura sin límites totalmente deshumanizada e irresponsable, protagonizada por el presidente Nicolás Maduro. En su concepto ¿cuáles son los principales rasgos de la personalidad de estos distorsionados líderes?

C.G: Los dictadores exhiben una personalidad distorsionada y narcisista, pues no pueden ver la posibilidad del otro ser que tienen al lado, debido a que no les importa y simplemente son elementos para alcanzar sus fines netamente propios.

También los dictadores son altamente influenciables, debido a que son personas inseguras refugiadas en su egocentrismo de creer que siempre tienen la razón, como una especie de omnipotencia y omnipresencia a la cual fueron llamados para instaurar el orden mundial.

En casos extremos de la historia como los de Adolfo Hitler y Benito Mussolini, fueron considerados sociópatas, porque la característica de ellos era lograr a partir del exceso de nacionalismo, sembrar en las personas un amor fanático y obsesivo hacia su tierra, la cual defenderían con la misma vida.

Cortesía Armando Martí

Entonces por medio de símbolos y publicidad persuasiva, llegaban a influenciar los cerebros de la ciudadanía (sociedad), es decir, si había un problema profundo (víctima), los demás eran los culpables (agresores) de la situación, despertando una euforia masiva hacia estos ideales.

A.M: Hablando de independencia nacional, actualmente los partidos políticos y la opinión pública permanecen dividas en dos bandos, como ocurría hace décadas entre los miembros de los partidos Liberal y Conservador, generando la llamada “violencia en Colombia”. Las voces conciliadoras, serenas y objetivas están perdiendo su poder. ¿Cuáles son los mecanismos psicológicos que llevan a estos extremos de intolerancia, inconsciencia y agresión entre hermanos?

C.G: Una de las estrategias que se han utilizado en los últimos cinco años, es haber involucrado las redes sociales sin tener un margen de distinción de edad para la discusión política de este país. Razón por la cual, a partir de los “me gusta” o “no me gusta” de estas plataformas digitales, se ha dualizado una postura radical pues no existe un término medio, polarizando las situaciones en medio de una estadística deshumanizada.

Por eso no aprendimos a discutir sobre lo urgente, sino sobre lo que a mí me parece importante, dejando de lado al otro y apartando aquellas cualidades de empatía y solidaridad, que nos unen como seres humanos.

A.M: Dra. Carolina, me doy cuenta de que mi independencia en realidad es una utopía, por lo menos en esta sociedad neurotizada y globalmente herida y resentida. Si no comienzo desde mí mismo a cambiar, no podría pretender cambiar todo un sistema tan distorsionado como el actual. Ante este panorama ¿cómo rehabilitaría usted a los pacientes que la consultan por sus vacíos existenciales?

C.G: Efectivamente Armando, muchas personas víctimas de estas “neurosis noógenas” paulatinamente han ido perdiendo el sentido del arraigo familiar, social y espiritual, por lo cual se enferman y deterioran interiormente.

Estamos viviendo en una sociedad neurótica, que no siente ni percibe la libertad de sus elecciones, sino que más bien están corriendo como el burrito detrás de la zanahoria, esperando que sus ilusiones se realicen por arte de magia.

Lo que hago con los pacientes es reorganizar su proyecto de vida, es decir, centrarlos un poco en sus potencialidades y llevarlos a que encuentren el equilibrio desde el descubrimiento de sus propios miedos, que son necesarios para potencializar las debilidades y también los talentos.

De igual manera, existen personas que creemos en la vida después de la muerte (reencarnación), pero asimismo les quiero recordar, que tan sólo tienen esta vida tan corta para aprender a comprenderla, amarla, admirarla y sobre todo, consentirla.

Por último, es importante tener en cuenta, que la neurosis es contagiosa, eso quiere decir, que es necesario cambiar de ambiente a uno sereno y armonioso, como también despedirse por un rato de las relaciones tóxicas para empezar a creer en sí mismo, construyendo una seguridad a partir del reconocimiento de nuestra fragilidad como seres humanos.

Después de terminar de ensamblar esta entrevista, imagino la convicción y fortalece del libertador Simón Bolívar, cuando afirmaba: “Amo la libertad de la América más que mi gloria propia, y para conseguirla no he ahorrado sacrificios. El instinto es un consejero leal; en tanto que la pedantería es un aire mefítico que ahoga los buenos sentimientos”.

En ese entonces, este héroe inolvidable creía (a diferencia de nuestra actual situación sociopolítica), que la independencia y la libertad no eran una ilusión.

Por: Armando Martí

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