Sólo unos segundos de independencia

EFE

Sólo unos segundos de independencia

11 de octubre del 2017

El martes 10 de octubre, medio mundo tenía los ojos en Barcelona. A las 6 de la tarde (hora española, 11 a.m. hora colombiana), Carles Puigdemont, presidente de la Generalitat, y una de las cabezas más visibles detrás de la independencia de Cataluña, debía salir a dar la declaración oficial sobre los resultados del referéndum separatista. Apareció con más de una hora de retraso. Se esperaba que se diera la declaración unilateral de independencia. Pero no. O sí, pero no.

Cataluña fue independiente por poco menos de diez segundos. Efectivamente, Puigdemont, como se esperaba reconoció los resultados del referéndum. “Llegados a este momento histórico, y como presidente de la Generalitat, asumo al presentar los resultados del referéndum ante el Parlamento y nuestros conciudadanos, el mandato del pueblo de que Cataluña se convierta en un estado independiente en forma de república”, dijo.

“La única forma de garantizar la supervivencia de Cataluña es que se convierta en un estado”.

Parece, sin embargo, que la presión de la comunidad internacional, de la gente e incluso del propio gobierno español, llevaron a los independentistas a reconsiderar la idea y no llevarla a los extremos que muchos esperaban y que hubieran podido significar –y en ello están de acuerdo muchos internacionalistas–, una crisis para Cataluña y para España.

Así las cosas, “y con la misma solemnidad –dijo Puigdemont–, el Gobierno y yo mismo proponemos que el Parlamento suspenda los efectos de la declaración de independencia para que en las próximas semanas emprendamos un diálogo sin el cual no es posible llegar a una solución acordada. Creemos firmemente que el momento demanda no aumentar la escalada de tensión, sino sobre todo, voluntad clara y compromiso para avanzar en las demandas del pueblo de Cataluña a partir de los resultados del 1 de octubre. Resultados que debemos tener en cuenta, de manera imprescindible, en la etapa de diálogo que estamos dispuestos a abrir”.

El parcial desenlace que quería dejar contentos a todos, a los del sí y del no, parece que no dejó contento a nadie. España insistirá férreamente en oponerse, y Cataluña seguirá buscando cómo ser una república independiente. El tire y afloje va a seguir quién sabe por cuánto tiempo más –y cómo.

En todo caso, el hecho de que haya habido una declaración de independencia le podría acarrear problemas a Puigdemont con la justicia. Mariano Rajoy insinuó que de continuar el proceso, acudiría al artículo 155 de la Constitución según el cual “si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquella al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general”.

José Germán Burgos, director del doctorado en relaciones internacionales y estudios políticos de la Universidad Nacional, en diálogo con Kienyke.com explicó que ahora, si desde el parlamento catalán se decidiera sí o sí declarar la independencia –lo que podría darse  muy pronto–, el gobierno español no tendría otra salida que desconocer a las autoridades catalanas.

“Las diferencias lingüísticas y culturales; la desventaja entre los aportes económicos de Cataluña a España respecto lo que recibe; las banderas separatistas que han defendido los líderes de la izquierda. Y la historia son sólo algunos de los factores, los más importantes al menos, que explicarían los deseos independentistas de Cataluña”, dijo Burgos.

Para determinar el siguiente paso, Mariano Rajoy, pidió al presidente de Cataluña, Carles Puigdemont, confirmar o no si declaró ayer la independencia de la región durante una sesión parlamentaria. De acuerdo a eso decidirá las medidas legales que podrían suspender la autonomía de Puigdemont.

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