El único espía comunista que se infiltró en la CIA

El único espía comunista que se infiltró en la CIA

14 de noviembre del 2015

El checo Karel Koecher fue el único espía del bloque comunista que estuvo infiltrado -durante más de una década- en la Agencia Central de Inteligencia estadounidense CIA. Cuando fue descubierto, logró la libertad con un intercambio de prisioneros que negociaron directamente los líderes de EE. UU. y la URSS. Lea también: Las mujeres que se han vuelto espías.

El 11 de febrero de 1986 Koecher cruzó el puente Glienicke de Berlín hacia el sector oriental, a cambio del activista soviético de los derechos humanos Nathan Sharansky.

Era el fin de una “misión imposible” que ningún agente del bloque comunista había logrado antes y en el que Koecher había invertido veinte años de su vida y que ha inspirado algunas películas. Lea también: Los ‘hackers’ y espías que resultaron ser deportistas inofensivos.

Koecher le contó a Efe que ingresó en el espionaje checoslovaco para “redimirse” después de haber sido acusado de injurias al régimen comunista y desobediencia pública.

Ese historial de acusaciones contra él, por parte de las autoridades comunistas, le ayudó para mostrarse como un disidente y así lograr el asilo político cuando emigró a EE. UU. en 1965, para hacer su doctorado. Lea también: Los espías de Venezuela en Colombia.

Tenía para entonces treinta años y con cierto humor negro, dice que su vida se convierte en una “misión imposible”, en ver si consigue superar “semejante locura”.

Llega a EE. UU. junto a su mujer, Hana, con quién vive todavía en Praga, y con el objetivo de infiltrarse en el espionaje de la CIA, obtiene el doctorado en la Universidad de Columbia y colabora incluso en el estudio del comunismo con Zbigniew Brzezinski, asesor del presidente estadounidense Jimmy Carter.

Ya con ciudadanía norteamericana y tras resonar su nombre en los círculos académicos neoyorquinos, en 1973 es contratado por la CIA como traductor y analista.

La “misión imposible” se hace realidad. Este hombre intrépido reconoce que estuvo “al límite” y, en ocasiones, fue “demasiado lejos”. Siempre contó con el apoyo de Hana, su esposa desde hace 50 años.

Durante una década Koecher saboteó más de 12 operaciones de reclutamiento de espías rusos por la CIA, casi siempre personal de embajadas soviéticas en África, episodios sobre los que no quiso profundizar.

Agente de la CIa y KGB-01

Aún no está claro quién lo delató. No sabe si fue alguna fuente soviética o sus compañeros del servicio secreto en Praga.

Esa traición llevó a su captura en 1984 y encarcelamiento con cargos de espionaje que, según él, no pudieron ser probados.

Tras sufrir un intento de asesinato en la cárcel, pidió ayuda a la KGB para formar parte de un intercambio de prisioneros.

Al final del proceso se declaró culpable. Lo condenaron a cadena perpetua en EE.UU., pero ya había pactado que esa inculpación sería la llave para su puesta en libertad.

Es en ese momento cuando tiene lugar el intercambio por Sharansky en el puente que une Berlín y Potsdam.

Tras el canje volvió a Praga, algo que no quería, porque su negativa a infiltrarse en la disidencia que acabaría derribando al régimen comunista le creó muchos enemigos en el espionaje checo.

Este intercambio fue una escena que Steven Spielberg ha recreado en su nueva película “Puente de espías”. Koecher dijo no ha tenido nada que ver con la nueva producción de Hollywood, ni con Tom Hanks el protagonista del filme.

“No me interesa para nada esa historia en blanco y negro”, es un asunto del pasado al que no quiere volver, declaró en la entrevista que concedió a Efe, en su chalet de las afueras de Praga.

Koecher no exonera a la KGB de sus crímenes pero cuestiona el funcionamiento de los servicios secretos en un país democrático.

“Los servicios de información no funcionan por el conflicto de intereses”, ya que “en un estado democrático tienen continuamente que justificar la recepción de fondos y gustar a los políticos”, sostiene.

Para reafirmar su tesis pone como ejemplo los informes sobre la existencia de armas de destrucción masiva en Irak que legitimaron la invasión y el derrocamiento de Sadam Husein.

Con información de EFE