Este forense estudió los cadáveres del Che Guevara y Colmenares

Este forense estudió los cadáveres del Che Guevara y Colmenares

13 de marzo del 2014

El forense colombiano Máximo Duque ha trabajado con la muerte por cerca de 20 años. Se formó en las morgues de Medellín, Turbo y Apartadó en una época de violencia y masacres. Es el hombre detrás de la exhumación de Luis Andrés Colmenares. Participó en la identificación de los restos de Ernesto ‘El Che’ Guevara. Fue contratado por el Estado colombiano para dar su concepto sobre los desaparecidos del Palacio de Justicia. En África y Medio Oriente recogió y entregó a las familias cadáveres de la guerra. En Arabia Saudita y Kuwait exhumó a víctimas de la guerra del Golfo Pérsico.

Duque, de 43 años, nació en Ituango (Antioquia), donde siempre fue testigo de la violencia. Tal vez por eso poco lo sorprenden los actos atroces. Estudió medicina en la Universidad CES de Medellín. Se vinculó a Medicina Legal por casualidad y con el tiempo se convirtió en director de esta institución. En la actualidad es coordinador forense del Comité Internacional de la Cruz Roja y tiene su propia empresa de servicios forenses llamada Forensic Consultants que atiende al año un centenar de casos, algunos de estos de Chile, Perú y Argentina.

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Aunque sus anécdotas tienen que ver con la fatalidad de la muerte, las cuenta con humor y no teme reírse de sí mismo. Aprendió inglés a “trancazos”, pues la mayoría de la literatura médica está en ese idioma. Estudió los libros con la ayuda de un diccionario que aún conserva en su biblioteca. Confiesa que si no hubiera sido médico, tal vez estaría conduciendo un camión. “Mientras más grande la tractomula mejor. Veo camiones y puedo identificar la marca y hasta cuánto pesa”, dice. Quería ser ingeniero mecánico pero abandonó la idea cuando se dio cuenta que se trataba de pura matemática y física. Finalmente, su espíritu científico triunfó.

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Duque durante su misión en Arabia Saudita.

La escuela de Máximo fue la morgue de Medicina Legal en Medellín. A inicios de los años noventa, cuando la violencia gobernaba la ciudad, debía practicar un sinnúmero de autopsias. El lugar tenía 24 mesas donde reposaban los cadáveres. Éstas amanecían llenas, se desocupaban al medio día y en horas de la tarde volvían a ocuparse. Nunca escaseó el trabajo. Lo mismo le sucedió en los municipios de Turbo y Apartadó, donde en ocasiones trabajaba sin ayudante. Debía examinar a los muertos y hacer el aseo de la morgue.

Por presumir sobre su profesión, Máximo firmó su primera autopsia. “Me invitaron a un paseo a Tolú y Coveñas. En el camino le conté a todo el mundo que era médico. Imagínese eso lleno de muchachas bonitas y yo diciendo que era médico”, dice con acento paisa. De pronto, comenzaron a decir que un tiburón había atacado a una persona. Varios lo comentaban, incluso el inspector de policía. Era cierto, el animal le arrancó una pierna a la víctima que luego murió en la playa de Coveñas.

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“Hay un decreto que yo no había estudiado bien. Dice que la autopsia podrá ser hecha por un funcionario de Instituto de Medicina Legal, un médico general o tercero que fuera posesionado por la autoridad”. Máximo tenía el título de médico general y fue designado para hacer la autopsia. Hizo todo el procedimiento junto al ayudante de una funeraria. “Eso me pasó por regalado”.

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En 2009 durante la construcción de un enterramiento provisional para cuerpos NN, en el sur de Sudán.

Un muerto viviente también hace parte de sus anécdotas. Máximo tenía como costumbre no desayunar y almorzar temprano. Mientras esperaba la hora de comer, llegó un ataúd. Le pidió a su ayudante que fuera y mirara el cadáver. Le preocupaba que tuviera que hacer un examen de rigor. Pero la difunta era una mujer que padecía epilepsia y había muerto de manera natural.

Por política debía revisar el cadáver. Sin embargo, Máximo quería evitar todo lo que tenía que hacer para entrar a la morgue. Le pidió a su asistente que le diera vuelta al cadáver y él desde lejos hizo la revisión. Firmó el certificado y se fue a almorzar. Sobre las 7.00 de la noche el portero del hospital llegó a su casa. En el pueblo aseguraban que la mujer estaba viva.

La escena parecía de una película de terror. El cementerio del pueblo no tenía luz y el piso era fangoso por la humedad. Máximo tuvo que dejar el miedo a un lado y abrir el ataúd. La gente creía que la mujer estaba viva porque el vidrio del ataúd se había empañado durante el velorio.  Máximo tocó a la mujer y estaba fría. Le explicó a la familia que eso sucede porque el cuerpo suele deshidratarse.

Máximo ha trabajado en casos emblemáticos como la exhumación de Luis Andrés Colmenares, el joven que murió en extrañas circunstancias en 2010. Comenta que fue consultado por la Fiscalía y aclara que no puede dar opiniones ni información alguna.

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“Hice mi tarea. Realicé la exhumación del cuerpo, lo miré y di una opinión. Ocurrió una cosa interesante. Hice mi trabajo forense y me fui a Suiza. Tenía que hacer una misión. Fue por Internet que encontré la noticia y todo el escándalo. Ese reporte se generó mucho antes de todo el despliegue de los medios”.

Máximo viajó a Cuba a la identificación del cadáver del Che Guevara por ser “caimán” o “lambón”. Gestionó su participación a través de mensajes en fax y consiguió los recursos económicos en el Instituto de Medicina Legal. Estuvo presente en el evento académico, realizado en octubre de 1997, que daría a conocer los restos mortales del guerrillero. “Todos ayudamos un poquito”, dice. No estuvo presente en la exhumación, pero participó en la etapa de laboratorio. Tuvo que lavar, limpiar y organizar varios esqueletos que fueron encontrados junto a los restos del Che.

Entre 2010 y 2011 un abogado que defendía a uno de los militares involucrados en el Palacio de Justicia acudió a él para un concepto forense. Tuvo acceso a todo tipo de información relacionada con la catástrofe.

“Se cometieron a mi juicio muchos errores. No se trata de errores voluntarios o intencionales. Pongámonos en el contexto del año 85, lo que era el sistema forense colombiano. Todavía hay muchos desaparecidos y yo no les pongo el apellido de desaparición forzada. Hay desaparecidos que pueden ser resultado de las grandes dificultades. Por ejemplo, no hubo casi trabajo de escena. Siempre me demoré años estudiando antes de entregar el informe final”.

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En Irán durante su misión en 2009. 

“Los forenses ganamos buena reputación con la televisión”

“Ser forense hasta algún tiempo era vergonzoso. Tanto que la gente pensaba que los forenses eran médicos malos y desocupados. Pero con el fenómeno de serie como CSI se convirtió en algo interesante. Ya mis hijos dicen en el colegio: ‘Mi papá es médico forense y sus amigos dicen ¡wow!’”. Máximo explica que su familia acepta su estilo de vida. Trabaja con su esposa, quien es la directora administrativa de la empresa. Sus hijos también están acostumbrados y muestran su curiosidad por los casos más mediáticos.

Máximo es forense por casualidad. Cuando llegó el momento de hacer su año rural quería hacerlo en un pueblo, donde pudiera ganar mucha experiencia. Sabía que la mejor manera era ver pacientes que necesitaran de todas las especializadas. En la universidad encontró un aviso donde decía que el Instituto de Medicina Legal buscaba un médico para hacer el año rural. Fue seleccionado, recibió un mes de entrenamiento y comenzó a trabajar en el hospital Antonio Roldán Betancourt de Apartadó. Allí debía repartir su tiempo entre la morgue y los pacientes.

Al terminar su año rural continúo vinculado a Medicina Legal. Fue trasladado a Bogotá y se matriculó en la especialización de medicina forense de Universidad Nacional. Se graduó en el año 2000 y al poco tiempo emprendió estudios en antropología forense. Su experiencia y buen desempeño lo llevaron a convertirse en director general de Medicina Legal en 2004. Pero quería reencontrarse con los muertos y abrió su propia empresa.

Máximo Duque no cree en fantasmas. No le gusta asistir a los velorios porque prefiere ver a los muertos con ojos científicos. Sobre la muerte dice que es un paso necesario y obligado. Le tiene miedo. “Quiero mucho la vida”, dice. Desea fallecer cuando esté muy viejo, mientras tanto quiere continuar buscando lo mensajes que traen los muertos en su cuerpo.