Exguerrilleros y exsoldados cocinan juntos por el perdón

13 de septiembre del 2016

 “Nosotros somos cocineros y estamos cocinando la paz de Colombia”.

Exguerrilleros y exsoldados cocinan juntos por el perdón

Juan Manuel Barrientos, un cocinero y empresario de Medellín desde hace nueve años inició su cadena de restaurantes El Cielo y junto con esto su fundación, con el mismo nombre, donde no ha dejado de cocinar la paz de Colombia con exguerrilleros, exsoldados heridos en combate, madres cabeza de hogar, sordomudos e indígenas.

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Todos en su fundación han sido víctimas del conflicto armado, como el soldado Romero, un hombre herido en combate que perdió un ojo y una pierna en una mina quiebra pata y que trabaja en la cocina de uno de sus restaurantes, donde además están indígenas del Amazonas que salieron amenazados por la violencia, mujeres que perdieron sus esposos y desmovilizados de la guerrilla.

“Tengo 27 años, pertenecí al batallón Julio Londoño, fui víctima de una mina que me destruyó un ojo y me voló una pierna. Convivir con los exguerrilleros ha sido complejo porque uno en el ejército siempre había luchado en contra de ellos y ahora estamos estudiando juntos. Yo soy uno de los que ha sufrido mucho por culpa de la guerra, pero he salido adelante y creo en una Colombia en paz”, contó a KienyKe.com, Rubén Darío Romero, exmilitar.

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Al igual que a los miembros de su  fundación, a este paisa de 33 años, quien vivó gran parte de su infancia en Fredonia, municipio cafetero de Antioquia, también le tocó en 1989 el horror de ser exiliado por la guerra que azotó al país.

“Mi familia y yo vivimos exiliados por la violencia y como a todos los colombianos, la guerra nos afectó muchísimo. Yo crecí con la conciencia de que la guerra no era la solución y la convicción de trabajar la paz”, relató a KienyKe.com Juan Manuel, a quien sus padres desde pequeño le inculcaron el amor por el trabajo social.

Gracias al amor y la convicción de luchar por la paz, ‘Juanma’, como lo llaman sus amigos, decidió que la profesión que escogió a sus 19 años. la de ser cocinero, iba a construir segundas oportunidades para las personas que necesitan de ellas.

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“La fundación es un acto de amor de toda mi familia para las víctimas de la guerra. Cuando empecé con el restaurante El Cielo siempre pensé en ayudar a la gente por medio de programas sociales. Para mí en el Ejército de Colombia están los verdaderos héroes de este país, por eso mi admiración y agradecimiento por todo lo que logran a diario. Por eso comencé con la capacitación de soldados heridos en combate, luego indígenas, sordomudos, madres cabezas de familia y los últimos, desde hace dos años, los desmovilizados”, sostiene el cocinero.

La cita con Juan Manuel, el cocinero que se declara como un “antioqueño de pura cepa” aunque deteste comer fríjoles, se dio en el restaurante El Cielo de Medellín, un lugar elegante y bastante iluminado por la luz natural del sol, que cubre los grandes helechos y palmas que decoran el exclusivo lugar en el que la atención se da de manera personalizada y como si fuera poco, el mesero describe sus platos como cuando relata una historia.

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Allí este “gomoso de la tecnología”, que además se declara a la vanguardia para que se note en cada uno de sus platos, escogió la mesa de mejor ubicación para contar su vida y la de personas que merecen segundas oportunidades.

Cómo es la formación de un cocinero en su fundación y qué se logra con esto, así avanza la conversación con el chef que siempre escucha música electrónica cuando trabaja, él mira hacia un punto fijo, sonríe y dice: “es tan bonito y conmovedor verlos cocinar”, toma un sorbo de su sexto tinto del día, el que es una de sus más reciente creaciones: Café El Cielo por Matiz y añade: “me tomo más de 10 al día”.

“Lo que hacemos en la fundación con todos ellos es que por medio de la cocina educamos con cursos de panadería, barismo, cocina básica y luego avanzada. Finalmente estas personas encuentran en la cocina una terapia para eliminar sus problemas”, afirmó el joven.

Exguerrilleros y exsoldados cocinan juntos por el perdón

La creatividad, el emprendimiento y el trabajo a toda costa hicieron que este hombre, que lleva más de 10 años de carrera, fuera nombrado como uno de los 50 mejores chefs de Latinoamérica, y hoy en día sea el responsable de unir en una cocina a dos polos opuestos como lo son un  ex solado y un ex guerrillero.

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“En la fundación lo que hacemos primero son las secciones de perdón y reconciliación, acompañadas por trabajadores sociales y psicólogos. Allí soldados y exguerrilleros se miran a la cara para reconciliarse y dejar atrás el peso de la guerra, olvidando diferencias y reconociendo que ambos han sido víctimas de la violencia, para todos ellos estas secciones de perdón y reconciliación son un renacer, donde sienten que ya no tienen que vivir odiando porque hayan pisado una mina o tengan una herida”, cuenta Barrientos.

En la fundación de Juan Manuel cada uno de sus integrantes sin importar a que grupo haya pertenecido, tiene los ingredientes perfectos para cocinar la paz, el perdón y olvido, para soñar un mundo mejor. Además, allí, en donde todos caben, también hay espacio para reconstruir la feminidad de la mujer, que por culpa de la guerra nunca se conoció.   

“Devolver la feminidad a las mujeres es muy importante, ya que hay algunas que ni siquiera saben qué es el periodo, cómo maquillarse o simplemente vestirse, debido a que siempre han usado un uniforme. Así que decide abrir un espacio en donde a estas chicas les dicten clases de moda, peinado, maquillaje, les hablen de la menstruación, el aseo personal y todas esas cosas de mujeres.

Para mí unir polos opuestos es un gran logro, entonces busqué dos blogueras de moda que se vincularán al proyecto, ellas hicieron todo esto y quedaron tan fascinadas que consiguieron para las participantes de los cursos un kit completísimo de belleza que hasta ropa traía”, cuenta emocionado Juan Manuel, que hace énfasis en que la fundación ayuda a varias de las mujeres a estudiar peluquería.  

Semanas, meses o años duran los procesos de las personas que hacen parte de la fundación El Cielo, que gracias a la gran acogida que tienen sus sedes de restaurantes en Medellín, Bogotá y Miami, puede sostener a más de 300 personas que llegan en busca de una segunda oportunidad.

Según Juan Manuel, reconocido como “Joven Líder de Paz Latinoamericano” y quien ha llevado su arte culinario incluso a las zonas de mayor conflicto de Colombia, el mayor pecado que la gente puede hacer es asociar la palabra paz a un partido político.

“La gente tiene que creer que la paz está en sus manos: nosotros en El Cielo somos cocineros y estamos cocinando la paz de Colombia, un periodista debería comunicar la paz, un constructor; construir la paz, un transportador; transportar la paz, cada quien desde su profesión o diario vivir ingeniárselas para aportar a que no nos quedemos en la guerra”, afirma “Juanma”.

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