De la Guerra Civil a la exhumación de Franco

24 de octubre del 2019

Sacar los restos del dictador, un alivio para sus víctimas y un sacrilegio para seguidores.

De la Guerra Civil a la exhumación de Franco

Anadolu

Después de 44 años de haber muerto Francisco Franco, sigue dividiendo a España por lo que fue y lo que significa.

Aquí un breve resumen de cómo este gallego llegó a imponer la monarquía en España después de ocho años de república y 40 de dictadura.

Alfonso XIII y la II República

Francisco Franco Bahamonde nació en Galicia en 1892, en el seno de una familia tradicional, hijo de padre militar y de una madre profundamente católica y conservadora.

Cuando era muy joven (1898) vio cómo lo que quedaba del imperio español perdía a Cuba y eso lo marcó.

En 1907 ingresó a la Academia Militar de Toledo, donde por ser un estudiante promedio no fue enviado a pelear en África la Guerra del Rif como era su deseo. Sin embargo, dos años más tarde sería destinado a Marruecos.

Permaneció 14 años en África, donde se destacó como militar y tuvo un rápido ascenso hasta que a los 33 años (1925) se convirtió en el general más joven de toda Europa.

Gobernaba el país Alfonso XIII, un monarca que no pudo lidiar con la pésima situación de las clases populares, la guerra con los Estados Unidos, el nacionalismo catalán y la Guerra del Rif.

Por ese entonces, el general Miguel Primo de Rivera encabezó un golpe militar contra el gobierno. Esto derivó en una dictadura (apoyada por el rey) que rigió España entre 1923 y 1930, que cuando cayó arrastró consigo a la monarquía dando paso a la II República.

Por esa época Francisco Franco mantenía posiciones ambiguas frente a la posibilidad de un golpe militar, pero no por convicción sino por cuestiones estratégicas.

La II República sustituyó en 1931 a la monarquía de Alfonso XIII, instaurando un gobierno de coalición republicano-socialista que pretendió modernizar el país.

En 1933 asumió el gobierno una coalición de derechas que trató de echar atrás las reformas modernizadoras, lo que llevó a una insurrección anarquista y socialista que fue reprimida brutalmente por el Ejército.

En 1936 vuelve al poder una coalición de izquierdas llamada Frente Popular que sufre un golpe militar apoyado por Franco y desembocó en la Guerra Civil Española (1936-1939).

La Guerra Civil

Al finalizar la Primera Guerra Mundial, la muerte y destrucción hizo que los líderes europeos quisieran evitar nuevos conflictos a toda costa.

Ese afán de evitar la guerra hizo que las potencias del momento ignoraran lo que estaba pasando en España, donde Hitler y Mussolini apoyaron logísticamente al bando sublevado, que tenía una disciplina y unidad militar que les daba la ventaja sobre unos republicanos divididos en varias facciones.

Esa fragmentación y el tardío apoyo soviético finalmente llevó a la derrota republicana y el 1 de abril de 1939, Franco proclama la victoria por medio del último parte de guerra.

En ese parte, establece una dictadura personalista que se mantiene hasta su muerte (1975) y que sepulta la II República.

La dictadura

El régimen autoritario instaurado por Franco estuvo caracterizado por una ideología católica, nacionalista, unitaria y centralista, que negaba y reprimía ferozmente las autonomías regionales y las nacionalidades que componen España.

Es difícil calcular la cifra de muertos que dejó la dictadura. Por ejemplo, según Alonso García, portavoz de la Fundación Francisco Franco, entrevistado por El Mundo en noviembre de 2016, el régimen “solo fusiló a 23.000 y no fue por capricho” [1].

Sin embargo, los historiadores estiman las víctimas mortales de la dictadura en 150.000 [2].

En cuanto a lo económico, el régimen fue una autarquía, a donde llegó por su autoritarismo y la derrota del fascismo en la Segunda Guerra Mundial, quedando en aislamiento internacional.

No sobra decir que con el tiempo el anticomunismo acercó a España y a Estados Unidos, tanto que Franco les permitió la instalación de bases militares a cambio de importantes sumas de dinero.

Muerte y transición

Francisco Franco muere a los 77 años por problemas de salud que lo venían aquejando, sin embargo en 1969 ya había decidido que Juan Carlos I sería su sucesor, en calidad de rey, y en 1973 nombró a su hombre de confianza Luis Carrero Blanco como presidente de gobierno.

Con estas dos cartas jugadas, el dictador pretendía asegurar la continuidad de su legado, pero ese mismo año la ETA haría volar por los aires el carro donde iba Carrero Blanco.

Tras la muerte del dictador, Juan Carlos I asume como rey y ante la imposibilidad de adelantar reformas con el presidente de gobierno del franquismo, Carlos Arias Navarro, le pide su dimisión y lo reemplaza Adolfo Suárez.

El nuevo jefe de gobierno se encargaría de negociar con las diferentes fuerzas políticas una reforma para instaurar la democracia en España en forma de monarquía parlamentaria. Las cortes franquistas, con tensiones, la aprobaron y se refrendó popularmente en 1976.

De todo ese proceso surge la Constitución de 1978 que todavía rige al país.

El Valle de los Caídos

La Basílica católica conocida como el Valle de los Caídos fue construida por orden del dictador (1940-1958), usando mano de obra de aproximadamente 20.000 prisioneros políticos del régimen.

En ella no solo están los restos de Franco y José Antonio Primo de Rivera, fundador de la Falange Española, sino los de más de 30.000 combatientes de la Guerra Civil (de ambos bandos), de los cuales casi la mitad están sin identificar.

La decisión de llevar el cuerpo de Franco a la basílica no fue del propio dictador, sino que hizo parte de la ‘Operación Lucero’, el plan detallado del gobierno para darle un funeral de Estado.

El hecho de que los restos de Franco reposaran junto a los de miles de sus víctimas, muchas sin identificar, siempre causó molestias en los familiares.

Con la decisión del presidente de gobierno Pedro Sánchez de exhumar el cuerpo del dictador, las familias de las víctimas celebran, pero siguen a la espera de la identificación de los miles de cuerpos que están en el Valle de los Caídos, con la esperanza de encontrar a los suyos y darles una digna sepultura.

Por otro lado, los seguidores de Franco no consideran la decisión de Sánchez como una “victoria de la democracia”, como él la ha calificado, sino todo lo contrario; porque para ellos “es la democracia la que tiene que agradecer a Franco lo que hoy es”.

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