Fáisal, rey saudí que desafió la ambición americana

25 de marzo del 2019

Especulan que su muerte la ocasionó un agente de la CIA.

Fáisal, rey saudí que desafió la ambición americana

Ilustración Diego Contreras

Tras un predecesor tildado de nefasto, la economía de Arabia Saudita fluía sin percances cuando Fáisal comenzó su reinado. Los mercaderes locales conversaban de las excéntricas ganancias y con mujeres, celebraban el éxito del aclamado sultán que radicó los impuestos exclusivamente a los extranjeros maliciosos.

Fáisal bin Abdulaziz, fue el nombre que retumbó en la población saudí por las extensas vías que inauguró, los acueductos y redes eléctricas que adecuó y la educación pública sin restricción para el género femenino que predicó durante su decenio en el cargo.

Su estado rentista que dependía netamente del petroleo demostró la pleitesía con los diferentes sectores para obtener tranquilidad mientras gobernaba. Pero la política siempre trae consigo diferencias y en el caso de Fáisal, los religiosos fueron su pesadumbre.

Cuando televisó por primera vez un programa, fuertes disturbios socavaron la serenidad. Se trató de los wahabíes, grupo musulmán que profesa la decadencia en la tecnología, la prohibición en el séptimo arte, la música y la fotografía, y además, son tildados actualmente en occidente como “cuna del terrorismo islámico”.

Ante tal actitud reaccionaria de los eclesiásticos, el rey lanzó a la fuerza pública como mediadora y con violencia obtuvo un poco de mesura, pero ocasionó la muerte de un novato príncipe conocido como Jálid ibn Musaid.

Fáisal era astuto, sabía que necesitaba incorporar a los pensadores del Wahabí, solo que como dictador, al que se resistiera lo silenciaba sin preámbulo. Las propuestas planteadas para evitar tales revueltas, permitieron que el Corán se expandiera por los centros de pensamiento y su doctrina fuera el trampolín para reforzar la política nacional.

El crudo y los conflictos bélicos

Construir mezquitas y bautizar “Guardianes de los santos lugares” fue iniciativa suya, en sus vecinos se insinuaban tensiones y algunos países como Estados Unidos e Inglaterra tenían acompañamientos un tanto irrisorios, de ahí la necesidad de fieles ubicados estratégicamente.

El conflicto llegó dos años después de su posesión. La guerra de los Seis Días en 1967 entre la vencedora Israel y la entonces llamada República Árabe Unida, conformada por Egipto, Jordania, Irak y Siria, fue un golpe crucial para Fáisal, quien aprovechó la devastación egipcia para cobijarlos y así potenciar al estado saudí.

Años más tarde el sultán promulgaría una campaña contra los israelíes, despreciada por los norteamericanos y europeos, quienes se sumaron al bando opositor. Tal situación dejó al monarca en medio de la incertidumbre, pues la explotación y renta petrolera gran parte se acuñaba a los estadounidenses y jamás le perdonarían la caída del capital en el imperio.

Visto en tal complejidad, solicitó a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) en la que Arabia Saudita, Kuwait, Irán, Irak y Venezuela son miembros fundadores, una ayuda para aumentar la producción y mantener precios nivelados para así afrontar el embargo yanqui.

El balazo que lo llevó a la muerte

El imperio de Abdulaziz continuó sin obstáculos, sus familiares resguardaban las cargos más apetecidos y aunque no contarán con la formación necesaria, autorizaban cuantiosos contratos públicos y en su mayoría recorrían el mundo.

Pero un 25 de marzo de 1975, el destino se tornó trágico. La gente despavorida en plena ceremonia estatal gritó la muerte del rey tras un balazo a quema ropa. Algunos dicen que fue un agente de la CIA u cualquier opositor, otros se atreven a decir que fue el hermano del príncipe asesinado en la protesta, que diez años después, cobró venganza.

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