Fidget Spinner: historia detrás del juguete de moda

18 de junio del 2017

La inventora del Spinner es Catherine Hettiger, una ingeniera de LA Florida que lo diseñó para poder jugar con su hija enferma

Fidget Spinner: historia detrás del juguete de moda

Foto. Shutterstuck

Dicen que cura el estrés. Por eso se vende mucho: en los semáforos, en los andenes, en tiendas de juguetes, en internet. En realidad no es gran cosa: básicamente es un eje central, alargado, o en forma de ‘x’, con un rodamiento en la mitad y otros al final de sus brazos. Se llama Fidget Spinner, un juguete, y es la sensación del momento.

Su invención se le atribuye a Catherine Hettinger, una ingeniera química nacida en Estados Unidos y que habría inventado el juguete hace más de 20 años. La idea nació a partir de la imposibilidad de que Catherine con su hija Sara, una niña que tenía Miastenia gravis, enfermedad autoinmune, caracterizada por que quien la padece no puede mover sus músculos.

El Spinner funcionó tan bien, que la inventora decidió patentarlo en 1993. Durante 8 años la idea se quedó en eso solamentem hasta que en 2005 Catherine debió renovar la patente, pero, por su difícil situación económica no pudo pagar los 400 dólares que le pedían. En ese momento, tuvo que vender la idea, sin saber, todavía, que se iba a volver tan popular. Lo que hacía hasta ahora era vender el juguete en ferias de pueblo y en jugueterías pequeñas que visitaba

“Es un reto ser un inventor. Sólo alrededor del 3% de las invenciones ganan dinero. He visto a otros inventores hipotecar sus casas y perder mucho. Es difícil”, le dijo a The Guardian. “Varias personas me preguntaron: ‘¿No estás enfadada por todo lo que pasó?’ La verdad que no. A mí me complace que algo que diseñé sea para que la gente disfrute y los divierta”.

Hasbro, la gigante fábrica de juguetes, luego de descubrir el “encanto” del Spinner, su puso en contacto con Catherine. No se lo compró porque no había logrado un mercado sólido. Sin embargo otras empresas sí se interesaron en fabricarlo, pero como Catherine había perdido la patente no reviviría ni un centavo.

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El furor que ha generado el Spinner ha hecho que, incluso, llegue a prohibirse en las escuelas porque distrae a los alumnos. También muchos famosos han querido aprovechar la idea y tienen su propia línea de Spinners. Kim Kardashian es una de ellas. El juguete que ella diseñó es el símbolo de dólar con la palabra “daddy” en el centro. Costaría 20 dólares más gastos de envío.

Se ha dicho que el juguete calma el estrés y ayuda a la concentración de los niños con autismo. De acuerdo con el diario El País de España “por extraño que parezca, la generación Z (los nacidos entre 1994 y 2009) ha dejado de lado el móvil para coger este chisme de plástico totalmente analógico. En Europa sus ventas se dispararon un 158% a finales de abril, según el comparador de precios Idealo.es. A esto se suma que, desde hace varias semanas, distintos modelos copan los primeros puestos de las listas de juguetes más vendidos en Amazon. Los que han manejado el Fidget Spinner afirman que hacerlo girar engancha. Tanto, que en algunos colegios norteamericanos han decidido prohibirlos en clase para evitar que sus alumnos se desconcentren”.

Otros, sin embargo, ha alertado sobre los posibles peligros del juguete. En Argentina, por ejemplo, ya se han reportado ahogamientos con las piezas del Spinner: ese es el riesgo más grave: que sus partes sean ingeridas por los niños y corran el peligro de atorarse con ellas. “Lo que tenemos hoy en Argentina del spinner es contrabando, fabricación casera que se produce a través de impresoras 3D o hechos en algunas fábricas que inyectan plástico con la misma matriz y le insertan los rulemanes. Ninguna de las tres pasó un control oficial. Todo lo que hay es trucho”, dijo una representante a la Cámara de ese país.

Por otro lado, en un informe de Univisión noticias, puede leerse que “una familia de la escuela de Henderson, en el sur de Nevada, recibió una carta en la que se pedía no permitir a los niños llevar los fidget spinners a la escuela. “Se han convertido en una gran distracción y molestia en los salones de clase”, advierte la carta reseñada por la agencia de noticias EFE. Muchos se opusieron a este tipo de medidas argumentando que el objeto tiene fines terapéuticos y promueve la concentración”.

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