‘Desnudando’ a la reina de las fiestas swinger de Bogotá

‘Desnudando’ a la reina de las fiestas swinger de Bogotá

19 de Agosto del 2016

– A los libertinos de todas las edades y sexos, y de todas la aficiones, a vosotros dedico esta obra. Vuestras pasiones, que los fríos y aburridos moralistas os hacen temer, no son más que el medio por el cual la naturaleza trata de exhortaros a que realicéis su tarea; por tanto someteos a esas pasiones.

Mujeres sensuales: Someteos a las leyes divinas del placer e ignorar todo lo que las contraríe. 

Jóvenes doncellas: Repeled todas las contracciones de nuestra ridícula religión; despreciad los preceptos de nuestros padres, en cambio rendíos a las leyes de la nataraleza que la lógica describe, a los brazos de los que han de ser vuestros. 

Fragmento de dedicatoria del Marqués de Sade.

Es posible que la mujer que protagoniza esta historia no se llame Lina, es posible que usted estudie, trabaje o chatee con la protagonista está crónica, es posible que usted haya follado con ella, todo es posible, lo que es imposible es que Lina salga del anonimato y abandone su doble vida.

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La Churra Montoya, como se hace llamar en redes sociales, tiene dos caras, dos vidas paralelas que son tan diferentes una de la otra que incluso es difícil imaginarse que esta orgullosa hija y madre de familia, es la misma que en una fiesta swinger tuvo sexo con más de 100 hombres.

“No salgo del anonimato porque vivimos en una sociedad morronga y no soportaría que a mi hija le hicieran bullying; que le dijeran que su mamá es una perra”, le dice Montoya a KienyKe.com.

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El tema de su identidad secreta se lo toma muy enserio. No deben ser muchas las mujeres del mundo del erotismo, la pornografía y otras pasiones similares que se hayan atrevido a decirle NO al afamado actor español de cine porno, Nacho Vidal; ella lo hizo.

“Fue en 2009, una de las condiciones para aparecer en la película era mostrar mi rostro, y eso no lo pienso hacer por nada del mundo, ni por toda la plata”.

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Swinger-P

A esta entrevista Lina llegó al lugar (un café con música bossa nova de fondo) vestida con un body ajustado color negro, jeans azules y unas botas de tacón color rojo. Para llamar la atención no se esfuerza mucho, y ella lo sabe.

Ni hombres ni mujeres ignoraron a la chica que atravesó el café taconeando el piso de madera. Senos grandes (34B), labios gruesos, piel morena, pelo largo, negro y liso. Imposible no mirarla.

“Soy muy vanidosa, tengo tres lipos y dos operaciones en las tetas, el culo sí es natural”, se ríe con picardía mientras pide un café que después se convirtió en cerveza. El mesero jamás dejó de mirar sus senos.

Poco se ríe, pero mucho sonríe, es como si constantemente su cerebro se acordara de cosas: de fiestas, de posiciones, de amantes, de cómo perdió la virginidad, de cómo fue su primera fiesta swingger. No tiene filtros para hablar, no tiene pelos en la lengua.

“Perdí la virginidad en Ibagué con un tipo que era muy lindo, fue un fin de semana en su casa. Él era algo mayor, tenía 20 años y yo 15. Nos empezamos a besar y cuando me di cuenta ya lo tenía encima, eyaculó sobre mi falda del colegio, recuerdo que gemí mucho de dolor. No usamos condón. Se me dificultó caminar como tres días (…) no me gustó, no lo disfruté”.

Lo que sí disfrutó, fue su primera fiesta swingger.

“Fue en un súper spa al que llegué con un amigo de la universidad. Allá conocimos a una pareja, un man de los Andes y una niña de la Javeriana. Culiamos los tres. Mi amigo no se animó, se acobardó a último minuto, fue extraño porque él iba más entusiasmado que yo.

Yo tenía 21 años, el chico con el que tuve sexo era grande, fuerte, musculoso, la otra chica era divina. Me acuerdo que el sitio era grande, muy grande, y que había mucho viejo, mucha gente mayor, pero no me importó, eso sí lo disfruté”.

Ese día, algo hizo clic dentro de Lina. Sintió que en adelante las fiestas con encuentros sexuales en los que participa mucha gente, sería parte de su estilo de vida. Ahora es parte de su trabajo. Ella es una de las organizadoras de fiestas swingger más influyentes que tiene Bogotá. Pide otra cerveza.

No es un negocio rentable porque hay mucha competencia, pero lo hago por placer, porque me gusta, porque me excita”.

Según dice, esa es la principal razón por la que está metida de cabeza en el mundo swingger, aunque hay más, lo reconoce después de sentirse en confianza para hablar. Lina tiene un discurso armado. No parece ser una chica que hace las cosas solo porque sí. Expone puntos de vista con argumentos y lo hace bien; actualmente adelanta trabajo de grado. Pronto será abogada.

“Pienso que deberíamos vivir más abiertamente nuestra sexualidad y ya que a todos nos encanta el sexo, deberíamos hacerlo con más libertad. Promover el sexo seguro, consensuado y descomplicado; es una forma de contribuir a promover otro estilo de vida”.

Es temperamental, hace rato decidió que no necesitaba de un hombre para vivir el resto de la vida, ni para formar familia. No peleó con el papá de su hija, simplemente decidió que ella quería educar sola a su pequeña. Cuando habla de su hija lo hace con solemnidad, con amor, con respeto.

“Tomé la decisión de criar a mi hija sola y no depender de un hombre. Mi único apoyo es mi mamá”.

¿Y si ellas (mamá e hija) se enteran de su vida paralela?

“Mi hija es muy chiquita pero pienso que mi sexualidad es mía y no la voy a compartir con ellas”.

Lina habla fuerte, habla claro, por momentos parece que estuviera de mal genio, que algo le molestara. Pero no, según dice, es su temperamento. “Y con los años se vuelve más fuerte”.

“Por culpa de los hombres soy así. Dicen muchas mentiras; me confunden por puta. Piensan que las mujeres estamos para obedecerlos”.

Churra Montoya es una de esas mujeres a las que le llueven los hombres y tiene claro cuáles son los métodos con los que tratan de acercarse a ella con un objetivo que aunque le encanta, prefiere disfrutarlo, no regalarlo: el sexo.

“Me contactan para las fiestas y la intención es otra. Me molesta cuando me escriben: ‘Hola Lina, te escribo para averiguar sobre las fiestas que promocionas… me llaman mucho la atención’. Y realmente me están buscando para sexting o sexo conmigo”.

¿Prefiere cartas abiertas en ese sentido?

“Totalmente. Y por eso me metí en este mundo.  Aquí sólo es solo sexo y cada cual sigue con su vida”.

Lina va por la tercera cerveza y cierra la conversación con una máxima de vida, uno de esos postulados que no negocia.

“Mi tiempo se lo dedico a tres cosas: Mi familia, trabajo y sexo”.

¿En ese mundo cabe una pareja estable?

“Si es por fuera de todo este mundo, no entra; y si fue por Lina, nunca va a salir de ahí”..