La primera instructora de paracaidismo de las Fuerzas Militares

La primera instructora de paracaidismo de las Fuerzas Militares

6 de abril del 2017

Eran 1.500 pies de altura, unos 457 metros. El corazón se le aceleró y en el vacío solo se veía una majestuosa y diminuta maqueta. Abrió los brazos y sintió cómo su cuerpo golpeaba contra el viento que la acompañó durante ese corto, pero decisivo trayecto. Así fue su primer salto en 2010, cuando inició el curso en esta técnica. Claro que hubo nervios, pero más que eso, hubo decisión, hubo un cambio para ella. “Fue algo maravilloso, que no se puede describir. Una sensación única”, recuerda la sargento primero Érica Meneses, primera mujer instructora de paracaidismo de las Fuerzas Militares y la actual jefe de Salto del Ejército de Colombia.

Con orgullo y nostalgia recuerda esa prueba de adrenalina, confianza y seguridad que le dio paso a una exitosa carrera.

“Me abrió las puertas para alcanzar lo que tengo ahora: todas las especialidades de aire”.

Y no es para menos, esta antioqueña alta, de raíces chocoanas y de sonrisa cálida construyó desde su hogar el sueño de portar el uniforme verde oliva.

Una niña consentida hecha para las filas de las Fuerzas Militares

“Siempre quise ser militar.  Siempre soñé con eso”, cuenta Érica a Kienke.com. Aunque ni sus padres ni sus abuelos escogieron las filas de la institución castrense como su opción de vida, como suele suceder con los militares en Colombia, ella estaba segura de que quería estar ahí. Ni la discriminación ni lo que pensaban en su casa fue un impedimento; todo lo contrario, formaron su carácter.

En el colegio sufrió matoneo. “La negra esto, la negra lo otro”. Así era como la identificaban. Luego, la situación se tornó más pesada. En algún momento, en tono de burla la llamaron ‘Michael Jackson’.

“Para mí eso era horrible. Cuando llegaba a la casa, le decía a mi mamá que me bañara bien, que me echara mucho jabón: ‘Restriégueme bien, mami, yo no quiero ser de este color’, le decía. Mi mamá se sentaba y me decía: ‘No sea bobita; nosotros, la gente negra, somos gente fina. ¡Usted no se va arrugar tan rápido!’.  Después se me quitó la bobada”, sostiene.

Años después, cuando adelantó sus prácticas de enfermería y nutrición en un batallón del Ejército en Medellín, supo que lo suyo era la vida militar. Ver a los soldados heridos por el conflicto armado, el sufrimiento de sus familias y la dolorosa época que padeció Colombia por esa sanguinaria confrontación la llevaron a pensar muy en serio en esa carrera.

Foto: KienyKe.com

Foto: KienyKe.com

“Un sargento me dijo que por qué no me presentaba al Ejército, que él estaba dispuesto a ayudarme. La idea me sonó bastante y le dije a mis padres”. Pero esa noticia no les cayó bien. En especial a su mamá, quien le hablaba de lo duro que podía ser a sabiendas de que iba a entrar a un mundo estricto, que además está dominado por hombres.

“Eres muy consentida, eso no es para ti, mira otras opciones porque eres demasiado tierna para estar metida en estas filas”, le manifestaba.

Pero la niña, que para entonces tenía 19 años, le llevó la contraria a esa mujer que tanto le advertía.  Le puso “ganas y coraje” y lo logró. Junto a otras diez personas fue admitida entre seiscientas. Pasó el extenuante proceso de selección e ingresó a la Escuela de Suboficiales del Ejército.

“Los primeros días mi mamá tuvo razón en parte. Me hacía mucha falta. Todo lo tenía en casa pero estaba sola y bajo una disciplina totalmente diferente. Siempre le dije, mamá yo puedo, yo soy capaz. Pero incluso creo que todavía está esperando a que me retire”, comenta entre risas y 18 años después de ese episodio una de las protagonistas de Mujeres Militares: Historias de grandeza al servicio de la Paz’, una publicación que reconoce la labor de 18 mujeres de las Fuerzas Militares, y a través de ellas, al cuerpo femenino por primera vez en más de 200 años de la institución.

Con las alas en la tierra 

Si bien en la actualidad las Fuerzas Militares están conformadas por 3.393 mujeres, de las cuales dos han alcanzado el grado de General de la República, no ha sido un camino sencillo para ellas.

En el caso de la sargento Meneses, fue un comienzo duro, pero que para ella

“Valió y siempre valdrá la pena”.

“No las podemos ver hablando con fulanito o zutanito”, les decían a las jóvenes que a penas empezaban su carrera. Además, el alojamiento y el entrenamiento estaba apartado de ellos.

Paradójicamente, en esas condiciones conoció al “amor de su vida”, su esposo Rolando, que en ese entonces la animó para que se encaminara en el paracaidismo militar. Aunque la disciplina de la escuela logró separarlos, la uniformada expresa en diálogo con este medio que años después se reencontraron por casualidad en el Metro de Medellín. Él se convirtió en el padre de sus hijos y desde ese momento son inseparables.

“Fue muy bonito conocer al que hoy es el hombre que me enseñó a amar mucho más mi Ejército. Fue él el que me inspiró a querer el paracaidismo. El amor nació en la escuela y es algo que agradezco muchísimo”.

Junto con el amor y la disciplina, en las filas del Ejército crecieron las alas doradas de Érica, esas mismas que ahora reposan en su uniforme y la distinguen entre las demás por ser paracaidista.

Salto a salto fue alcanzado su sueño en las Fuerzas Militares. Fue necesario iniciar con labores administrativas, que no tienen nada que ver con la carrera de enfermería. Después de un tiempo, pudo entrar a trabajar directamente con sanidad, su especialidad: le asignaron el tema de los carros bomba, en la época en que el país “parecía una carnicería”. Su día a día estaba rodeado de amputaciones y heridos por montones.

Mamá, militar y mujer para el posconflicto

Pero lo de esta militar es volar. Caer del avión y preparar a otros para que hagan lo que ella tanto ama no la cansa. Como jefe de Salto tiene la responsabilidad de inspeccionar y controlar a los paracaidistas, supervisar que estén bien equipados y darles la orden en el lanzamiento. Una labor antes, durante y después del vuelo.

Hoy, a sus 39 años y siendo la primera mujer instructora de paracaidismo de las Fuerzas Militares, tiene a su cargo hombres y mujeres que quieren seguir su ejemplo y talento en la Escuela de la Base Militar de Tolemaida. Calcula que ha hecho al menos 170 saltos pero todavía no quiere detenerse.

Foto: KienyKe.com

Foto: KienyKe.com

“Es algo muy bonito, es darnos la oportunidad como mujeres de decirles a ellos que también podemos. Estamos dispuestas a alcanzar muchas metas sin necesidad de demeritar su trabajo. Podemos trabajar siempre de la mano con los hombres. Para mí es un orgullo ser instructora”, añade.

Pero más allá del uniforme cargado de insignias y una carrera exitosa, la sargento Meneses se describe como “una mujer de casa, una hija, una esposa, una mamá. Así como soy en mi casa, soy en mi trabajo”.

Y aunque hay quienes tienen la percepción de que las mujeres militares son psicorrígidas y duras dentro y fuera de las filas, ese parece no ser su caso. A esa sargento de voz dulce y reglas claras, sus subalternos la ven como una figura femenina y maternal, porque a pesar de que debe exigirles, inspira “ternura y calor de hogar”, como ella misma se ve tanto con sus hombres como con su esposo y sus tres hijos, todos varones.

“Cuando nosotros somos disciplinados y hacemos todo bajo esa misma disciplina, hacemos que las cosas salgan bien”.

“No hay necesidad de ser brusca, grosera o levantar la voz. Nosotras podemos seguir siendo femeninas pero en el ámbito militar”.

Después de estar de un lado del conflicto armado que azotó a Colombia, asegura con convicción que volvería a ser militar. Aunque esa crudeza de la guerra haya sido un capítulo que se debe cerrar, para Érica el papel de la mujer militar en las Fuerzas Militares es protagónico. Ahora más que nunca, cuando hay un proceso de reconciliación y posconflicto y ellas tienen más posibilidades en la institución.

“Uno de mis sueños es que las mujeres militares sigan cumpliendo sus sueños, que sigan adelante. Me gustaría no solo verme como la única suboficial que tiene todas las especialidades de aire, o como la única  instructora de paracaidismo. Me encantaría que hubiera muchas más como yo, que no solo estemos en el área administrativa, sino que estemos muy metidas con nuestros soldados, que seamos instructoras, que estemos con la gente”, concluye.