Un trago de libertad

Un trago de libertad

3 de abril del 2018

Un plan premeditado, un engaño o una casualidad producto de la confianza, permitió que dos reclusos se escaparan el pasado sábado 31 de marzo de la cárcel La Picota de Bogotá. Un hecho que puso sobre la cuerda floja al Instituto Nacional Carcelario y Penitenciario.

Todo empezó pasadas las seis de la tarde, la confianza que se habían ganado los reclusos con el guardia al que le correspondió el turno, dragoneante Gilberto Vargas, les permitió sentarse a compartir a esa hora una botella de licor fabricado dentro del mismo penal, para pasar la noche que recién empezaba. Esa fue la primera hipótesis que se estableció en el caso.

Sobre las 20:45 de la noche, el teniente Fredy Hernández pasó revista vía radial y recibió un reporte sin novedad en el patio, a pesar de que, según los reclusos, el dragoniante a cargo nunca pasó revista a los presos.

Después de ese reporte, el licor se acabó, pero los dos reclusos, Olmedo Vargas Padilla Jhon Alejandro Gutiérrez Rincón convencieron al guardia de seguir tomando. Le dijeron que podrían traer más licor que estaba guardado en el patio trasero del patio Ere – Tres o “patio de los parapolíticos” como es conocido dentro de La Picota.

Ese pabellón que era de mínima seguridad antes de 2006, fue adecuado en ese año para recibir a los funcionarios culpados de vínculos con los paramilitares, conocido como el “escándalo de la parapolítica”. Las adecuaciones se adelantaron y el pabellón es actualmente de mediana seguridad. Ahora, allí se dispuso a los que tenían procesos ante Justicia y Paz.

Inpec

Jhon Alejandro Gutiérrez Rincón y Olmedo Vargas Padilla son los fugitivos de la cárcel La Picota.

Vargas y Gutiérrez lograron convencer al dragoneante. Este, según han dicho las autoridades judiciales del caso, procedió a abrir la puerta para que los reclusos salieran a recoger el trago. Pasado un tiempo, según han relatado algunos testigos, el dragoniante empezó a llamarlos en la mitad del patio para que regresaran, pero no recibió respuesta.

Sobre las 21:10, los reclusos alertaron a los otros guardias de una novedad en el pabellón. Los miembros del Inpec entraron al lugar y encontraron a Vargas con aliento a licor y, según reportaron, sin control de sus movimientos. Los guardias hicieron la inspección, pasaron revista e identificaron la ausencia de los dos reclusos. Ambos exmiembros de la guerrilla de las Farc.

Tras la alerta, se dispuso el plan de seguridad, se reportó a la Policía Judicial y se barrió el perímetro de la cárcel. Según el reporte de la guardia enviado al director de la cárcel no se encontraron afectaciones a la estructura física de La Picota, lo que indica que los reclusos tuvieron el tiempo y la capacidad para saltar la pared trasera de la prisión.

Los otros encargados guardianes del Inpec llevaron a Vargas ante la oficina de la Policía Judicial y le solicitaron una prueba de alcoholemia a la que el dragoneante se negó, según dice el informe que los funcionarios le enviaron al director del penal.

Aunque se envió la alerta a la Policía Metropolitana y se dispuso de un dispositivo en las cercanías de la prisión, no se logró dar con el paradero de los fugitivos. Al día siguiente enviaron la alerta nacional por la posible salida de los presos de Bogotá.

Fuga de datos sobre crisis del Inpec

Este hecho no solo configuró la fuga de dos reclusos sino también de los problemas internos de la organización penitenciaria en el país. Hasta el punto que algunas instituciones y candidatos presidenciales, como Germán Vargas Lleras, han propuesto la eliminación del Inpec.

Lo que han indicado los miembros de esta institución es un problema al que no se ha prestado atención durante años, el hacinamiento penitenciario. La Picota cuenta con una aglomeración de sus celdas de un 46,3 % según cifras de la institución penitenciaria, es decir, tiene una capacidad para 5.714 reclusos, pero es el calabozo de 8.362.

La crisis no termina ahí, la revelación de que era un solo guardia de turno quien esté a cargo de 114 reclusos que tiene el pabellón Ere – Tres, demuestra el déficit de funcionarios con que cuenta la entidad para atender la seguridad de edificio hacinados.

Respecto a esto, la Contraloría General de la República reveló que existen 78 sindicatos dentro de la institución y han solicitado 39.293 días de permiso en tres años, es decir que todos los permisos sindicales sumados representan 101 años de trabajo.

“Una situación que para la Contraloría General de la República afecta significativamente la seguridad de los establecimientos carcelarios”, declaró la entidad en el comunicado público. “Esta falta de  disponibilidad de funcionarios para cumplir las actividades por las cuales se encuentran vinculados al INPEC, afecta también la integridad de las pocas unidades que deben velar por la seguridad de cientos de internos“, puntualizó también el organismo de control.

Pero la crisis también se ha trasladado a la familia del dragoniante Gilberto Vargas, su esposa ha dicho a través de redes sociales, que el guardia se encuentra profundamente afligido, ella ha clamado por su inocencia y pedido a todos sus amigos y familiares orar por la mejor solución de los problemas que ahora afronta el miembro del Inpec.

Por ahora, las investigaciones se adelantan para esclarecer las condiciones que permitieron el escape de los reclusos. Según informó el diario El Espectador, al parecer se adelanta una negociación entre el abogado de los fugitivos y la justicia para que estos puedan retornar a La Picota, la intención es que sean acusados de ‘intento de fuga’, para lo cual tienen cerca de 72 horas para regresar.

Lapso que se cumplirá al termino de este 3 de abril. En caso de que los reclusos no regresen al penal, serían acusados de ‘fuga’, a secas, delito agravante por el cual tendrían que afrontar mínimo cuatro años más tras las rejas.