Así se fugaron 330 presos sin salir de la cárcel

Así se fugaron 330 presos sin salir de la cárcel

21 de noviembre del 2016

“Las letras liberan” es una frase metafórica que con frecuencia han pronunciado quienes leen, escriben y gustan de la literatura. También es la frase que hoy, y desde hace 10 años, pronuncian mujeres y hombres que precisamente carecen de libertad: presos de cárceles. Algunos de ellos, sin ser escritores de oficio, presentan ‘Fugas de tinta 8’, un libro escrito por más 330 internos de las diferentes prisiones del país.

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“Para escribir no hay que tener las cuentas al día con la justicia, ni con nadie”, fue una de las frases que dijo Alexander Ávila, que lleva 10 años preso por homicidio, secuestro y hurto. Está condenado a 24. Él es uno de los autores que publicó en ‘Fugas de tinta’ un poema, carente de técnica, que se llama ‘Libertad’, una condición que para él aún es un sueño.

Texto de Alexánder Ávila

La libertad es algo muy bonito la vida que Dios nos dio.
Solo nosotros que estamos presos sabemos qué es estar aquí,
encerrados en estas cuatro paredes
alejados de la sociedad totalmente
sin sabe cuántos años vamos a estar.
Aquí pasan los días y las noches
pensando en nuestras familias y libertad
que ojalá sea pronta
para recuperar el tiempo perdido 
con nuestros seres queridos
un buen trabajo 
para poder seguir adelante. 

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En la presentación del libro, que lleva ya ocho ediciones anuales y que es hecho a través de un programa del Inpec y del ministerio de Cultura, Alexánder y Edward Riascos, otro de los internos que participó en la presentación, aunque en el pasado cometieron hechos que hoy los avergüenzan y que son rechazados por la sociedad, fueron tratados como estrellas. KienyKe.com asistió al evento.

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Hoy las cámaras de los periodistas no los persiguieron para poner sus rostros en la sección judicial acompañados de titulares como ‘capturado’, ‘asesino’, ‘ladrón’ o otros más para identificar la fechoría cometida. Hoy mostraron su cara sin pena, aunque temblaban de los nervios, estaban felices y orgullosos por ser parte del libro.

El proyecto fue hecho durante sesiones que se realizaron en el 2015. Varios profesores, llamados oficialmente talleristas, recorrieron 21 cárceles del país enseñándole a los internos a escribir y a expresar sus emociones, sus historias y sus sueños con letras.

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Tanto Alex como Edward se inscribieron en el programa por curiosidad y por descontar tiempo en la condena, pero al final de los talleres quedaron enamorados de la lectura y de la escritura.

Alex estaba más relacionado con los libros, porque desde hace cinco años es el bibliotecario de la penitenciaría La Picota, ubicada en el sur de Bogotá. Por su parte Edward es gestor social de la misma Cárcel. Ambos trabajan con los demás internos para descontar tiempo y para resocializarse.

Edwuad, un negro alto y ancho de espalda, nació en Buenaventura, Valle del Cauca. Él está condenado a 18 años. Cuenta que su afán de buscar plata fácil, y en medio de la pobreza que vivía en su casa, a orillas del mar, empezó a trabajar para narcotraficantes de la época, transportando cocaína hacia Panamá, que luego sería llevada a Estados Unidos.

Su captura se produjo una tarde soleada de 2008. Él iba en una lancha rápida cargada de droga cuando en aguas internacionales fue capturado por las autoridades. En Estados Unidos pasó unos años y cuando fue deportado a Colombia otro proceso, también relacionado con estupefacientes le dieron la condena que hoy purga.

La vida de Alex no es tan diferente a la de Edward. También la pobreza, común denominador de gran parte de los presos, fue la que lo empujó a la delincuencia.

“Yo era muy pobre. Vivíamos en una humilde casa cerca al centro comercial Metrópolis. Cuando era muy niño conocí la calle y con ella el vandalismo. Desde muy niño empecé a robar con amigos del barrio y ahí, al ver plata, me salí de estudiar”, cuenta Alex, quien hoy tiene 36 años.

La vida llevó a Alex hasta Estados Unidos, allá lo capturaron porque lo encontraron con documentos falsos, después de pasar un par de años en una cárcel de ese país llegó a Colombia donde lo esperaba un proceso por homicidio, hurto y secuestro. “Nos cogieron robando un apartamento y por ese hecho estoy pagando pena”, confiesa Alex.

Los dos hombres, en diálogo con KienyKe.com, indicaron que de su largo paso tras las rejas lo único que han aprendido es que la delincuencia no paga. Edward quiere volver a Buenaventura donde su esposa y sus hijos lo esperan. Alex también quiere salir de la cárcel para abrazar a sus tres hijos.

Edward, aunque es consciente que volver a publicar en un libro no será fácil, aprendió que las palabras escritas son otra manera de comunicarse, él quiere seguir contando historias, “quiero contar cuando yo era un niño y mi abuelo me enseñó a pescar con un naylon y una carnada”. Alex no sabe sí seguirá escribiendo, pero asegura que seguirá leyendo. Los dos afirman que en el proceso para hacer ‘Fugas de tinta 8’, aprendieron que “las letras liberan”.