Confesión del crimen de Gabriel Cruz

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Confesión del crimen de Gabriel Cruz

13 de marzo del 2018

El martes, mientras Ángel Cruz y Patricia Ramírez, los padres del niño Gabriel Cruz, de 8 años, enterraban a su hijo en una ceremonia íntima, en el cementerio de Fernán Pérez, en el Parque Natural del Cabo de Gata, Ana Julia Ramírez confesó cómo mató al pequeño. Durante dos horas fue interrogada, con los abogados de oficio que se le asignaron, y entonces confesó que había subido al niño al auto, con la propuesta de que la acompañara a pintar la casa que estaban preparando Ángel y ella para vivir juntos. La casa queda en El Valle de Rodalquilar, a unos 3 kilómetros de donde se llevó al niño. 

Según su historia, una vez en la casa el niño se enfureció con ella y la atacó con un hacha y ella para defenderse lo golpeó en la cabeza, con la misma hacha. Cuando el niño quedó inconsciente, ella se asustó y terminó de atacarlo y lo estranguló. Luego lo desvistió  y lo enterró. Tiró la ropa de Gabriel en un basurero a 30 kilómetros del lugar, en la urbanización Retamar. 

Todavía el hacha no ha sido encontrada, y aún no se sabe si todo esto fue premeditado por Ana Julia para matar al niño. Las investigaciones continúan. El juez no permitió que incineraran al niño, como querían los padres, por si tenían que volver sobre el cuerpo, si la mujer no colaboraba. 

La historia de Gabriel Cruz es otra de esas historias desgarradoras e insólitas. De esas que hacen que toda una sociedad se involucre. Y hoy unas 12 mil personas están haciendo fila para despedirse de él, luego de un desenlace trágico pero sobre todo inesperado. 

¿Cómo y dónde desapareció Gabriel?

Gabriel Cruz hace 13 días se perdió cuando iba caminando desde la casa de su abuela, donde lo habían dejado sus padres a pasar el día puente del Día de Andalucía, hasta la casa de unos familiares. La distancia entre las dos casas eran unos 100 metros, y la madre de Gabriel contó que siempre iba corriendo, por lo que llegaba en segundos. Era parte de una rutina que hacía sin ningún peligro, en Almería, en Nijar, España, en la casa de la abuela donde pasaba vacaciones y algunos fines de semana.

Nadie notó que el niño había desaparecido hasta las 6 de la tarde, unas tres horas después de haber salido de casa de la abuela. El niño se perdió hacia las 3.30 de la tarde de ese día, pero nadie llamó para verificar si había llegado, por lo cerca que es y por lo habitual que eran estas visitas del niño.

«¡Liberad a mi ‘pescaíto’!», pidieron los Ángel Cruz y Patricia Ramírez, los papás de Gabriel,  llenos de dolor en una concentración en la capital almeriense, hace ya una semana.

Así llamaban con cariño a Gabriel, «pescaíto», porque le encantaban los peces, se sabía los nombres de cientos de especies, algo que le entusiasmaba, dicen, casi desde cuando empezó a hablar. Esa es la razón por la que en cartulinas y cartas, letreros, carteles, recuerdos y peticiones de liberación había peces de colores. “Gabriel era un apasionado del mar y quería ser biólogo marino. Tiene que volver porque va a hacer cosas importantes”, decía su madre. 

¿Como se convirtió en sospechosa?

Ana Julia Quezada, una dominicana de 43 años, es la pareja actual del papá de Gabriel, Ángel Cruz, desde hace un poco más de un año. Ahora con este desenlace se ha abierto una investigación sobre la muerte de su hija mayor, en Burgos en 1996, donde vivía antes de mudarse a Almería. Según ha trascendido, Quezada vivía con su esposo y dos hijas allí, cuando apareció su hija muerta, en el primer piso, aparentemente por una caída accidental. La otra hija -hoy de 24 años- está hospitalizada porque sufrió un ataque de ansiedad con el arresto de su madre.

“En honor al pescaíto, que nadie hable de esta mujer más, que no aparezca en ningún sitio que nadie retuitee nada de rabia”, dijo su madre.

Ayer domingo la policía la interceptó en La Puebla de Vícar, a 40 kilómetros de Níjar, y le abrió el baul del carro, en el que llevaba el cuerpo del niño, según un comunicado del Ministerio del Interior. Un vecino grabó un video en el que sucede el arresto; la mujer dice “¡No he sido yo! Yo he cogido el coche esta mañana” y un agente le contesta “Cállate”. Al parecer, la sospechosa había sacado el cuerpo del niño en un pozo, y lo trasladaba porque temía que lo encontraran.  

Ya la Guardia Civil tenía sospechas sobre la mujer y la estaba siguiendo porque fue ella la que encontró una camiseta del niño justo cuatro días después de desaparecido. La camiseta estaba -según dijo- en un lugar que había sido ya revisado por la policía y estaba demasiado limpia y con una mancha de lodo que parecía haber sido puesta a propósito. A partir de esta “pista”, Ana Julia Quezada fue seguida de cerca como una de las principales sospechosas por los agentes hasta que ayer fue arrestada.  

Antes de su arresto, Quezada se dirigió a una finca propiedad de la familia, que estaba en alquiler, pero desocupada desde hacía dos meses, y desde allí sacó de un pozo el cuerpo del pequeño envuelto en una manta, para ponerlo en el maletero del auto. Los investigadores que la seguían lo vieron todo, y la arrestaron.

La sospechosa había sido trasladada a la finca en mención para hacer la reconstrucción de los hechos. La autopsia hecha al niño reveló que murió estrangulado el mismo día de la desaparición, el 27 de febrero. Tenía restos de tierra cuando lo encontraron.

La madre del niño, Patricia Ramírez, ha pedido calma a la gente, “que se abandone la rabia en nombre de su hijo”, que ha volcado su furia en el pueblo; ha pedido que en nombre del “pescaíto”, no se ensañen contra “esa mujer” -refiriéndose a Quezada- y que no la mencionen más ni siquiera en redes sociales: “En honor al pescaíto, que nadie hable de esta mujer más, que no aparezca en ningún sitio que nadie retuitee nada de rabia”.  Ha terminado diciendo: “La fe y las buenas acciones han salido por todos lados y han sacado lo más bonito de la gente”. Y luego invitó al funeral público para su hijo, que será el miércoles a las 2.30 de la tarde en la Catedral.

Y así ha sido: unas 12 mil personas han asistido a la Diputación Provincial de Almería en donde está la capilla ardiente para rendir un último homenaje y despedirse del niño Gabriel Cruz.