Gabriel Delascasas: La Luciérnaga es el bus que esperaba

Foto: Andrés Lozano

Gabriel Delascasas: La Luciérnaga es el bus que esperaba

14 de junio del 2019

Estaba hablando precisamente de su esposa, la abogada Paula Cortés, cuando sonó el teléfono. La recepcionista le informó que había llegado un obsequio y que este le debía ser entregado personalmente.

El mensajero entró a la oficina con una caja grande de color blanco adornada con un ‘feliz aniversario 24’ escrito en negro. Un globo rojo en forma de corazón, completó aquella escena romántica.

Gabriel Delascasas no se esperaba tal detalle y menos en medio de esta entrevista. Cogió su celular y delante de todos, sin pena alguna, lloró mientras que con mimos y voz consentida le agradecía a Paula el tierno gesto de amor.

Colgó. Se secó las lágrimas. Tomó aire. Se disculpó por la interrupción y me dijo: “me estabas preguntando quién es mi esposa. Ella es mi esposa”. Dejando el sentimentalismo atrás y volviendo a ser el Gabriel Delascasas jocoso y mamagallista, en medio de la sonrisa que tiene tatuada en el rostro, dijo: “Ahora me siento mal. Porque yo no le envié nada”.

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Un día antes de esta entrevista, Gabriel y su esposa cumplieron 24 años de casados.

El periodista contó que el regalo de aniversario se lo habían entregado un par de meses antes en Estados Unidos. Pero Paula no iba a dejar pasar la fecha y logró su objetivo: sorprender y enamorar más.

La caja estaba llena de papelitos de colores, muchos chocolates, brownies y dulces: otras de las pasiones de Delascasas, que se completan con Coca-Cola, oír radio y música, ver televisión, jugar golf, ver jugar fútbol, sobre todo a Millonarios, su equipo del alma.

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Gabriel atendió esta entrevista en la que hasta hace un par de días fue su oficina en el canal Red+. Desde allí ejercía como Gerente de la Unidad de Negocios del canal. Llegó a la compañía de la que hoy se despide hace cinco años y medio, cuando aceptó cambiar los micrófonos por la comunicación organizacional y de gerencia.

Aun cuando lo dudó, y lo consultó con la almohada durante varios días, ser el Director de Relaciones Corporativas de Claro, una de las empresas de telecomunicaciones más grandes del país, fue una oportunidad que Gabriel Delascasas no podía y no dejó pasar.

El cambio de rol, al ser un hombre de radio, no fue fácil; no porque desconociera las que serían sus nuevas responsabilidades laborales, sino porque alejarse de las cabinas radiales, donde llevaba 25 años frente al micrófono, le daba guayabo.

Lo debatió con su esposa, sus hijos, sus más cercanos amigos y uno de ellos, compañero de trabajo en la emisora Blu Radio, adonde llegó luego de salir de La Luciérnaga, le dijo unas palabras que le quedaron sonando: “Gabriel ese bus no pasa dos veces”. Y se subió a ese bus.

Aunque seguía ligado a los medios de comunicación y los visitaba con regularidad, desde enero de 2014 su dinámica laboral cambió radicalmente. Las emisoras, los canales de televisión y los periodistas se convirtieron en sus clientes. Pero cada vez que pasaba por una cabina de radio conocida, entraba para robarse un par de minutos al aire. Era como un sorbo de agua para el sediento.

El bus que quería

Cuando Gabriel aceptó esta entrevista, en su oficina del canal Red+, desde donde dirigía la unidad de negocio de los nuevos medios de Claro, dijo que para abandonar su puesto de gerente, en el que se sentía cómodo y feliz, tenía que pasar un bus muy bueno, que le diera la oportunidad de hacer lo que sabe y le apasiona.

Días después el bus llegó y se subió en él.

Este viernes 14 de junio, después de cinco años y medio de estar manejado presupuestos, números, hojas de excel y negocios, Gabriel Delascasas volvió a los micrófonos.

Volvió a su casa radial, al programa en el que estuvo 17 años ininterrumpidos.

Delascasas asumió como el nuevo director de La Luciérnaga, uno de los espacios más importantes de la radio colombiana.

Ese era el bus que tenía que pasar para que dejara el puesto de gerente corporativo y regresara a ejercer el periodismo desde su verdadera pasión: la radio.

Foto: Andrés Lozano

“Claro era un bus que no podía dejar pasar y dirigir La Luciérnaga era un bus que no quería dejar pasar”, dice Gabriel a pocas horas de asumir el puesto.

Días después de esta entrevista, el Gerente General de Caracol Radio y Prisa Radio en Colombia, el español Juan Ignacio Reglero, citó a Gabriel y sin anestesia, al mejor estilo español, le dijo “van a haber cambios en Caracol y quiero que seas el director de La Luciérnaga”.

Delascasas confiesa que sintió mucha emoción, al escuchar la propuesta de Reglero. Tanta, que el nudo en la garganta fue notorio. “Imagínate, que le ofrezcan La Luciérnaga a un hombre de radio, lo máximo”.

Aunque estoy seguro de que Gabriel quería gritar que aceptaba el puesto, agradeció la propuesta, se dio la mano con el español y el sí lo entregó días después de consultar, nuevamente, con su familia, con la almohada y con un par de amigos.

El regreso

El cargo que asume lo conoce muy bien. Durante el tiempo en el que estuvo allí fue la mano derecha del doctor Hernán Peláez, el icónico director del espacio.

Cuando Peláez no estaba era Gabriel quien dirigía al equipo.

El ser director ocasional del programa y reemplazar a otros directores, en otros espacios radiales, lo llevó a ganarse uno de los apodos dentro de la mesa de trabajo: ‘el cajonero’. Cuando asumía la conducción lo llamaban Gabriel DelasCAJAS.

A su antecesor, el periodista, Gustavo Gómez, quien asumirá la dirección de 6am-9am, silla que deja Darío Arizmendi, sólo palabras especiales.

“Un examen tan complicado como fue reemplazar a Hernán Peláez fue superado y aprobado de manera fantástica. Mantener el programa en un gran nivel y entregármelo como me lo entrega hoy es de aplaudir, porque no la tenía nada fácil”, dice.

Radio en las venas

Gabriel Andrés Delascasas nació en Bogotá hace 51 años. Cuando tenía un año, su padre, llamado también Gabriel, y quien trabajaba en el área de mercadeo de la Compañía Nacional de Chocolates, fue trasladado a la ciudad de Medellín, adonde se fue toda la familia, con abuelos paternos incluidos.

En la capital de Antioquia permaneció hasta los 9 años. En tierras paisas se hizo fan número uno de los frijoles, la arepa, el mondongo y el calentado, comidas que aún pide a la mesa.

Luego a don Gabriel lo trasladan a Cali, y todos viajan a Pereira, donde vivía la familia materna, pero allí solo estuvieron un par de años, hasta que regresan a la fría capital donde la familia se radicó del todo.

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Sobre Bogotá, Gabriel Delascasas, dice que aunque detesta sus trancones, el smock y otras cosas, esta ciudad sería muy difícil de dejar. Aunque le encanta viajar no se ve viviendo en otro lugar.

Cuenta Gabriel que la cercanía con los medios empieza desde muy temprana edad. Su padre trabajó en el área de mercadeo y publicidad para importantes empresas y esto lo llevó a familiarizarse con medios de comunicación, al punto que don Gabriel también hizo radio.

De ahí el gusto de su hijo por la publicidad y los micrófonos.

El periodista confiesa que de estudiante colegial, aunque era aplicado académicamente y nunca perdió un año, su problema era la disciplina. Tomaba del pelo constantemente y cuando comenzaba a molestar no había quien lo parara.

Entró a estudiar Comunicación Social en la Javeriana en 1985 y se graduó 26 años después, a finales de 2011. Aunque solo le faltaba la tesis, no se preocupó por acabar la carrera, porque la suerte laboral lo acompañó.

En 1989 entra a hacer prácticas a Caracol Radio, a un programa deportivo, nada menos que bajo las órdenes de los periodistas deportivos más respetados de la época en Colombia: el doctor Hernán Peláez. Meses después también entra al equipo, el también practicante, Martín de Francisco.

A comienzos de los años 90, Radioactiva, la emisora juvenil con mayor proyección de la época, estaba en la búsqueda de nuevos talentos y se llevó a De Francisco, también conocido por ser el hermano de la actriz Margarita Rosa.

Martín no se acomodó y el humorista Guillermo Díaz Salamanca se llevó en su reemplazo a Gabriel Delascasas, quien junto a Tito López y Alejandro Villalobos hicieron una gran temporada de Radioactiva (emisora de Caracol Radio). Y así, Gabriel Delascasas, hizo parte de los primeros famosos disc-jockeys.

En Caracol duró unos cuatro años. Súper Estación 88.9, la emisora competencia de Radioactiva, se llevó a su exitoso equipo de DJs. Para esa época, Gabriel hacía parte de los locutores juveniles más importantes del país.

“Nos creíamos más importantes que los artistas”, dice Delascasas, quien se ríe al recordar esos momentos de inmadurez profesional, cuando egos se disparaban a las alturas.

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“No alcancé a completar un año en 88.9 y me llama Hernán Peláez para hacer parte de su equipo en La Luciérnaga. Ahí me quedé 17 años”.

La madurez laboral llega a Gabriel al lado de Peláez. La madurez personal no sabe si la perdió o la llegó a tener. Reconoce que aún es un niño chiquito.

“Cuando mi esposa le gritaba a mis dos hijos “niños dejen de jugar con ese balón porque van a romper algo”, yo estaba jugando fútbol con ellos en la mitad de la sala o los tres estábamos jugando a lucha libre encima de las sillas”.

Talento desordenado

El orden es otro de los hábitos que refundió desde muy niño. Paula tiene que estar detrás de él, levantándole todo lo que deja por donde pasa.

“Mi mesa de noche es una desastre. Encima de ella hay gafas, relojes, papeles, documentos y todo va a parar a los tres cajones que tiene. Cuando los cajones no abren, por lo trancados, Paula me dice que juguemos a que nos estamos trasteando. Al hacer limpieza de mesas de noche, lleno dos veces el cesto de la basura”, cuenta.

Cuando en Caracol hacían campañas de orden de cubículos, el suyo era el ejemplo de como no tendrían que ser los puestos de trabajo.

Su oficina, aunque no se ve tan desordenada, sí está llena de muchas cosas, entre ellas libros, revistas, esferos, discos, papeles, hasta cajitas musicales que usa para jugar y desestresarse, al igual que unos malabaristas del Circo del Sol que cuenta acomodaba y desacomodaba, mientras cerraba negocios.

Foto: Andrés Lozano

Aparte de las muchas cosas que tiene en la oficina, donde hay hasta un pequeño marrano verde que suena como tal y que consiguió por un dólar en un viaje a Letonia, destacan las fotos de su esposa y sus dos hijos, Andrés y Santiago, en los diferentes viajes que han hecho alrededor del mundo.

Viajar es otra de sus pasiones, que comparte en familia. No le gusta mucho hablar de los destinos que han visitado, porque no le gusta sonar ostentoso, pero en medio de esta charla agradable, alejada de algún matiz de petulancia o ego, es válido decir que conoce medio mundo.

“Nosotros trabajamos para viajar y planeamos las vacaciones con muchísimo tiempo. Nos encanta pasear y por eso vamos a lugares lejanos. Estemos donde estemos, el 31 de diciembre siempre salimos con mis hijos a dar la vuelta con la maleta, para estar siempre de viaje”, cuenta.

Y en su oficina también tiene colgado en la pared su más grande tesoro, un cuadro autografiado por Soda Stereo, la banda argentina de la que es fan número 1.

Gabriel Delascasas ama a la banda de rock argentina, liderada por el fallecido Gustavo Cerati. Dice que no exagera al contar que el concierto de despedida del grupo, que tiene completo en su celular, lo ha visto al menos unas 500 veces.

Foto: Andrés Lozano

‘Mamagallista’ por naturaleza

Aun cuando Gabriel Delascasas es mamagallista, a todo le saca chiste, sonríe todo el tiempo y es un inmaduro confeso, es un hombre tremendamente disciplinado. Así lo formaron en casa y el trabajo en radio, que tiene horarios establecidos, fortaleció su virtud.

Muy pocas cosas le sacan el mal genio. Confiesa que no soporta la indisciplina que se traduce en irresponsabilidad. Le molesta mucho que las personas lleguen tarde y que no cumplan con las obligaciones establecidas. Pero lo que más le emberraca son las mentiras.

De resto, dice de sí mismo, que aunque es estricto con temas puntuales, vive en un ambiente laboral y familiar lleno de chistes, diversión y muy buen humor.

Confiesa que es llorón y sentimental. La reacción ante el detalle de Paula confirma tal afirmación.

Dice que durante el día de grado de su hijo Andrés, como ingeniero industrial, un par de meses atrás, lloró copiosamente de orgullo y felicidad.

Cuenta también que su hijo Santiago actuó de Oliver (Twist) en el show de Missi y que se presentó en temporada 26 veces. Delascasas confiesa que fue a verlo en 23 ocasiones, y que siempre lloraba cuando aparecía en el escenario.

Lloró también el día que salió de La Luciernaga, después de estar allí durante 17 años. “Me dio mucho guayabo y dolor”, dice.

Hay nostalgias que no se van

Aunque fue el segundo al mando y siempre contó con la confianza del doctor Peláez para dirigir al equipo en su ausencia, o asumir temas corporativos en su nombre, la relación se fracturó.

“Cuando yo salgo de La Luciérnaga hubo un desgaste de relación con Hernán; un desgaste de relación profesional totalmente válido. No fue un desgaste personal, solo laboral”, cuenta Gabriel.

Delascasas también confirma que esa fractura laboral con su entonces jefe obedeció principalmente a chismes de terceros, quienes al parecer buscaban su salida del programa. Y lo lograron.

Gabriel prefiere no hablar del quién o del qué pero sí confiesa que “algunas voces le hablaron a Hernán” mal de él, de cómo estaba haciendo las cosas cuando Peláez no estaba. Chismes de pasillo que lograron choques entre Hernán Peláez y su pupilo.

“Alguien me dijo ‘Gabriel te van sacar del programa'” y fui y le pregunté directamente a Hernán si eso era verdad. Me confirmó que sí, que las cosas no estaban funcionando como él las quería”.

Cuando Gabriel habla de su salida de Caracol Radio se le siente nostalgia. Pero dice que tiene la conciencia tranquila de haber hecho bien las cosas bajo la premisa que bien lo define: disciplina.

“No me sentí saliendo por malo. Estoy muy seguro del talento que tengo. Fue una decisión corporativa y así la asumimos”.

Las directivas de Caracol le dijeron que no se fuera, que le buscarían un espacio para que se quedara, pero golpeado por la noticia, rechazó la invitación.

“No intenten acomodarme, que puede ser peor”, fue la respetuosa respuesta de Delascasas y con mucho dolor se marchó.

Hoy cuando regresa a La Luciérnaga, ya no como el ‘cajonero’, sino como director general, queda en evidencia que el talento, la calidad laboral y el profesionalismo está por encima de los chismes de pasillo y las voces de terceros.

Aquellas voces lograron hacerlo crecer personal y profesionalmente y obligarlo a tomar una ‘maestría’ práctica y bien remunerada en administración de empresas.

La Luciérnaga, bajo la dirección de Delascasas, será una etapa en la que los oyentes volverán a escuchar la estridente voz del peor cantante que ha pasado por el programa, pero también la más potente de uno de los primeros disc-jockeys del país.

“Lo primero que quiero es que los oyentes sientan que están escuchando La Luciérnaga y no un programa diferente. Respeto por una audiencia cautiva de muchos años”, cuenta sobre lo que viene y afirma que va a haber evolución en cuanto a secciones, personajes y música.

Foto: Andrés Lozano

Gabriel Delascasas: 51 años cumplidos, 30 años de carrera, 25 de ellos delante de los micrófonos, una esposa, dos hijos, amante al golf, Soda Stereo y las chocolatinas, hombre de grandes amigos, noble y sentimental, aprendió que hay diferentes tipos de buses en la vida y que desde que uno se monte a ellos con disciplina y responsabilidad todos son buenos, pero que algún llegará ese buen bus al que uno realmente muera por subirse.

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