García Márquez: “Que gobiernen las mujeres”

Cortesía FNPI

García Márquez: “Que gobiernen las mujeres”

6 de marzo del 2017

– “Lamento no ser oído en mi propuesta de que las mujeres sean las que gobiernen. Siempre fui bien tratado por ellas. Tuve una mala relación con los hombres, me entendí mal con ellos. Dije siempre que hemos debido entregarles el poder a ellas, porque los hombres no pudieron”.

Me lo dijo Gabriel García Márquez a propósito de su muy buena relación con las mujeres, en una corta entrevista que le hice para hablar sobre la vida. Estaba eufórico. Asistía por primera vez a Oviedo, España, (1994) a la entrega de los premios Príncipe de Asturias, que le ofrecieron a él pero rechazó con el argumento de que después de Nobel de literatura no quería más premios. Tampoco el prestigioso Cervantes.

Dos amigos entrañables recibieron esa vez el valioso galardón: Carlos Fuentes y Manuel Elkin Patarroyo, el primero por su consagración literaria y el segundo –colombiano, tolimense- por sus logros científicos.

Darío Arizmendi logró sentarlo para que respondiera mis preguntas “no más de diez minutos”. Era la estrella, ya había sido consagrado con el premio Nobel de literatura.

“Gabriel García Márquez tenía una mente femenina. Sabía lo que pasaba en el alma de las mujeres. Eso lo tuvimos claro las redactoras de la hoy desaparecida revista «Cambio», publicación que Gabo y un grupo de periodistas compró en 1999. Durante los seis meses que trabajamos con «el maestro», como lo llamábamos, las mujeres fuimos testigo de lo cómodo que se sentía con nosotras”, comenta la periodista Alexandra De Vengoechea.

-“Se acercaba sigiloso a nuestros escritorios, pedía permiso para sentarse, se tomaba un café, hasta cruzaba las piernas como si estuviera de visita en un salón de té. Nos preguntaba por nuestras vidas, los amores contrariados, nuestros padres, las historias de nuestra infancia, lo que hacíamos durante el fin de semana. Mucho le gustaban las historias de amor. Oía. Mucho. Y cuando nos veía «particulares», como solía describir ese estado anímico que raya entre la melancolía y el sinsabor, nos hablaba del matrimonio: «Si no hubiera sido por Mercedes, yo jamás habría sido Gabriel García Márquez. Cásense», nos decía. «Un buen matrimonio hace mucho bien».

Gabo y el universo femenino

Ariel Castillo, crítico literario y profesor universitario, ha profundizado en “el universo femenino de Gabriel García Márquez’,

En la obra de García Márquez encontramos una galería amplia de figuras femeninas de diversas edades que recrean los distintos roles de la mujer en la sociedad patriarcal, desde la típica madre abnegada que se desvive para que los demás, en particular, los hombres, alcancen su plenitud hasta la mujer que asume con autonomía su cuerpo y su alma, en lugar de ceñirse a los roles restringidos y rígidos que le asigna la sociedad machista.

Hay una constelación de figuras a veces estereotipadas -la matrona emprendedora y aterrizada (Úrsula, Dominga, Plácida), la matriarca perversa (La Mamá Grande, la abuela de Eréndira); la prostituta (Pilar Ternera, Nigromanta, Bendición Alvarado, María Dos Prazeres); la reina (Fernanda, Remedios, la bella); la liberada (Meme, Amaranta Úrsula, Leticia Nazareno, Nena Daconte, Fermina Daza), la heroína (Manuelita Sáenz); las innumerables viudas alegres de El amor en los tiempos del cólera; las amargadas (Amaranta, Rebeca, Bernarda Cabrera), la concubina (Petra Cotes).

La trascendencia de Mercedes

Cortesía FNPI

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¿Qué habría sido del Nobel sin los relatos fantásticos de la abuela Tranquilina o sin el amor de Mercedes Barcha?, se preguntan en El País de Madrid, a propósito de una entrevista con el colombiano Plinio Apuleyo Mendoza.

-No hubiera podido escribir, confesó Gabo.

“Siento que nada malo puede sucederme cuando estoy entre mujeres. Me producen un sentimiento de seguridad sin el cual no hubiera podido hacer ninguna de las cosas buenas que he hecho en la vida. Sobre todo, creo que no hubiera podido escribir. Plinio Apuleyo Mendoza le había preguntado a su amigo Gabo hasta qué punto habían sido importantes las mujeres en su vida. La respuesta quedó consignada en El olor de la guayaba, ese libro en el que el Nobel develó su admiración por la mujer, encumbrada en la figura de Tranquilina, su abuela, que vistió su niñez con relatos tan increíbles y literarios que él convirtió con acierto en insumo de su obra.

Varias de esas mujeres que pastorearon su infancia, como él diría, tomaron voz y cuerpo en muchos de los personajes de sus novelas.

Cualquier momento es bueno para seguir hablando y leyendo a García Márquez, como hoy cuando le estaríamos celebrando sus 90 años.

“Es uno de los escritores más prominentes de Latinoamérica, uno de los pocos cuya influencia literaria y social ha calado en el mundo”, dice el Universo de Mexico.

-Gabo, como también se lo conocía a García Márquez, es uno de los seis autores latinoamericanos que alcanzaron un Nobel de Literatura, el máximo galardón a las letras que cada año otorga la Academia Sueca.

“Su realismo mágico, estilo por el que se dio a conocer el también periodista y guionista, ha sido objeto de estudio de especialistas de todas las ramas. No solo la literatura y el periodismo se han visto nutridos de sus escritos, sino las artes escénicas y visuales. Incluso la pintura se ha visto embebida por la producción de García Márquez”.