Él es el hombre que inspiró el dicho “pero tengo programa” en La Luciérnaga

4 de noviembre del 2014

Él mismo le dicta a Don Jediondo lo que tiene que decir en su imitación.

Él es el hombre que inspiró el dicho “pero tengo programa” en La Luciérnaga

Por: @jcmentefacto

En el apartamento de Gabriel Muñoz López abunda el color café. El piso, los marcos de los cuadros, los acabados en la cocina, los asientos;  todo tiene ese color que en sus diferentes tonalidades habla del paso del tiempo. Lea también: Pepe Sánchez entre el olvido y la bancarrota

Gabriel Muñoz López es el abuelo de ‘Manuelita’, una pequeña de dos años que sabe quién es Carlos Gardel, lo ve todos los días cuando del escritorio, también de color café, coge uno de los juguetes con los que decide pasar la tarde al lado de ese hombre de 87 años al que llama ‘papito’ y que desde hace 60 dirige ‘Así Canta Colombia’, el programa más antiguo de la historia de la radio colombiana. Un retrato a lápiz del máximo exponente del tango vigila todos y cada uno de los movimientos de la pequeña.

Sus amigos lo llaman Gabo y las nuevas generaciones saben quién es por cuenta de la imitación que de él hace Don Jediondo en La Luciérnaga. “Pero tengo programa”, dice el humorista cuando lo imita, haciendo referencia al programa que se trasmite todos los domingos a las 12 de la noche por Caracol Radio (Precioso horario). Alberto Piedrahita Pacheco murió “de pena moral”

“Es muy simpático, Don Jediondo trata de imitar mi voz, pero él mismo reconoce que no ha podido. Pero todo lo que dice, yo lo dicto. Me llaman por teléfono o me entrevistan,  entonces cuento a quién he presentado en el programa, lee e interpreta todo lo que le digo.” Lea también: Así Hernán Peláez de La Luciérnaga

A escondidas en la radio

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Con voz muy pausada adorna sus palabras con adjetivos que le dan elegancia, antigüedad y limpieza a su relato. Gabriel Muñoz López recuerda cómo inició el programa que lo convirtió en leyenda.

“Lo inicié en La Voz de Antioquia en mayo del año 1954. Me exigieron que aparte del programa deportivo, hiciera un programa musical”.

Gabriel no hace mucho esfuerzo para recordar las fechas en las que presentó a legendarios grupos musicales. Cierra por unos segundos los ojos, mueve las manos y narra anécdotas antiguas con una precisión asombrosa: recuerda todos los apellidos de quienes trabajaron con él.

“Primero tuve ‘Así Canta Colombia’ en la voz de Antioquia, después en emisoras Nuevo Mundo (hoy Caracol Radio),  en Radio Cordillera otra temporada,  pasé por la Radio Difusora Nacional, estando allí, hace 20 años, Hernán Peláez, quien estaba encargado de la dirección musical de Caracol, me llamó al apartamento y me dijo, ‘Gabo, mirá, quiero que te traigás el programa de música colombiana que tienes y que haces con mucho tacto, ven y conversamos”.

“Prendí el carro, tenía un Renault 12. Llegué a la oficina de Hernán y en diez minutos arreglamos contrato”, recuerda.

Sin embargo, no siempre todo fue tan fácil para Gabriel Muñoz López en los medios de comunicación. De hecho ingresó a la radio a escondidas de su padre.

Él, Antonio J. Muñoz, era recio en ese sentido, aunque de niño lo llevó al estadio Palo Grande de  Manizales para ver los partidos de la época, no lo quería ver ni siquiera cerca de los medios, esperaba que su hijo estudiara una carrera universitaria en Bogotá. Arquitectura u odontología eran las opciones.

Pero fue imposible que Gabrielito, como le dicen en los pasillos de Caracol, se alejara de la radio, incluso creció a su lado. Su estricto padre fue vendedor de la RCA VICTOR, una de las discográficas más conocidas del mundo, hoy fusionada con Sony Music Entertainment.

Vitrolas, tocadiscos, radios, gramófonos y música que para la época ya era vieja, le dieron forma a la adolescencia y juventud de Gabriel Muñoz López.

“En el radio grande que había en casa, un radio fabuloso, oía en las emisoras argentinas los partidos del domingo. Esas narraciones despertaron en mí la simpatía y la atracción por la narración del fútbol”.

La llegada de la Segunda Guerra Mundial afectó a la RCA VICTOR que por cuenta del conflicto finalizó actividades en varias partes del mundo, por esta razón cuando Gabriel Muñoz acabó el bachillerato en 1945 tuvo que empezar a trabajar con el objetivo de ahorrar y poder irse a la capital de la República a estudiar. Consiguió trabajo en un banco de Manizales.

Cuando trabajaba en el banco una emisora popular organizó un concurso que cambió para siempre su vida.

“Me acuerdo que en la Emisora Electra en Manizales, los domingos hacia un programa de aficionados. Allí se presentaban cantantes, duetos, tríos, pianistas, cuenta chistes y narradores deportivos.  Un amigo me motivó a presentarme, yo no quería, me echó el cuento y  me convenció.  Me presenté no como Gabriel Muñoz López, sino como el ‘locutor fantasma’ para evitar problemas con mi papá”.

“Narré un partido Boca – River de la época y por aplausómetro gané el premio que era de cinco pesos, un montón de plata para esa época”.

Gabriel acompaña su narración impostando voces cuando habla de otros personajes, hace onomatopeyas. A todos los recuerda con lujo de detalles.

“Tenía que defender el título el domingo siguiente. El director del programa que era Jaime Quintero Parra me dijo, ‘Gabriel tienes que venir a defender tu título, vienen otros competidores’.

Entonces me preparé diferente. Narré el partido de moda en Caldas: Once Deportivo de Manizales y Deportivo Pereira, los equipos grandes del viejo Caldas. Volví a ganar y la ganancia fue de diez pesos, pero seguí como el locutor fantasma.

En ese concurso me oyó Leonidas Otálora Gómez, director artístico de Radio Manizales, se había ido su locutor deportivo y llamó a Jaime para preguntarle quién era yo. ‘Él es Gabriel Muñoz López, el muchacho que trabaja en el banco, el hijo de don Antonio J. Muñoz el de la RCA Victor’.

Entonces Leónidas fue al almacén Victor a hablar con mi papá. ‘Don Antonio, lo felicito porque su hijo Gabriel ganó el concurso de narradores deportivos de Radio Manizales’”.

El padre de Gabriel, absolutamente inocente de las andanzas de su hijo, quedó de solo una pieza.

“Esa noche me pegó una pela porque no le había contado nada. Pero después de la golpiza me dijo con tono firme,  ‘tiene que ir mañana a hablar con Don Leonidas a Radio Manizales, mucho cuidado con lo que va a decir’”, cuenta Gabriel mientras suelta una carcajada.

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La radio y su nieta, los motores de vida de Gabriel Muñoz López 

El primer sueldo que Gabriel Muñoz López fue de 30 pesos, eso sumado con lo que ganaba trabajando en el banco, que eran 40, sumaban 70 pesos, “un buen sueldo para un muchacho soltero”.

Sin saberlo, Gordo, como le dice su actual esposa y con la cual tuvo tres hijas, estaba tocando las puertas de la historia.

“Llegó la época del dorado año 48,  entonces hice otro tipo de contrato con Radio Manizales. Ese año se funda en el mes de septiembre Emisoras Nuevo Mundo (hoy Caracol Radio). Lo que primero hizo Nuevo Mundo fue aliarse con Radio Manizales para transmitir los partidos de visita de Millonarios o Santa Fe.”

“Narraba por ejemplo Once Deportivo-Millonarios y se encadenaba la emisora Nuevo Mundo, o sea me oían en Bogotá”.

Las narraciones impecables, la pulcritud con el uso del idioma y la riqueza descriptiva le abrieron las puertas a Muñoz López.

“En enero de 1949 llamaron a Radio Manizales para que me dejaran venir a Bogotá, me pagaban los viáticos, el objetivo era venir a transmitir River de Uruguay vs. Independiente Santa Fe, en esa época terminaba el campeonato el 18 de diciembre y en enero se jugaba una temporada internacional”. Ese fue el primer partido que narró en El Campín.

“Al finalizar la narración de ese partido el gerente de emisoras Nuevo Mundo dice que me necesita.  A los pocos meses fueron a Manizales a hablar con mi papá, fueron Daniel Villegas Umaña y Pablo Emilio Becerra y ya mi papá se resignó a apoyarme”.

De ganar 30 pesos en Radio Manizales, Gabrielito pasó a ganar 100 “un montón de plata y me quedaban libres porque vivía en la casa de una tía.” Sin embargo, el proyecto de entrar a la universidad quedó archivado para siempre.

Un Dj de los años 50

En esa época Gabriel Muñoz López se encuentra con la música, el otro aspecto que marcó su carrera profesional. Hoy en su apartamento guarda como un tesoro más de tres mil discos.

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Las fiestas de la época distan mucho a las de estos días. “Había mucho ambiente familiar, mucha fiestecita en la casa. Existían las famosas estudiantinas caseras de familia donde los tíos y tías cantaban y tocaban tiple, bandola, guitarra, pandereta, castañuelas, una tradición en Antioquia y el viejo Caldas”. Y como buen caldense tomaba aguardiente.  “Era a diez centavos y lo servían doble”, cuenta riendo.

Aventuras etílicas también tiene Muñoz. Recuerda que en mayo de 1954 lo mandaron a Panamá para recibir al cantante mexicano Pedro Infante y al mariachi Vargas de Tecalitlan.

Voló a Panamá en un avión  Super Constellation de Avianca, el más elegante de su tiempo.

“Desde Panamá nos vinimos chupando una especie de brandi que le mandaban de Los Ángeles. Un trago bravísimo que tomé despacio porque tenía que presentar a Pedro Infante a través del radio del avión”.

Cuando estábamos entrando a Medellín, Infante se levantó de la silla y cantó como tres canciones, entonces la azafata me dijo, ‘necesitamos el micrófono porque es de los pilotos y ya tenemos que entrar al Olaya Herrera’”, narra con una ruidosa carcajada.

Al otro día, con guayabo y todo narró Medellín- Cali en el Atanasio Girardot.

Artículos de museo

Gabriel Muñoz López conserva, usa y cuida más que a nada en el mundo una antigua máquina de escribir marca Brother que compró en Venezuela hace cuarenta años. En esa antigua máquina escribe los libretos de sus intervenciones radiales.

“En octubre de 1949 me recibe en Emisoras Nuevo Mundo el director artístico, Álvaro Mutis, el escritor, y me dice, ‘Gabriel aquí hay que ir a la cabina con libreto así sea para presentar una o dos canciones’. Entonces  me llevó y me presentó a doña Cecilia Fonseca de Ibañez, eminencia de mujer locutora y productora, una mujer con mucha intelectualidad, amiga personal de Teresita Gutiérrez.

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Hace 40 años Gabriel Muñoz López compró la máquina con la que escribe los libretos.

“Ese año aprendí a hacer libretos en una máquina de escribir marca Remington negra. Desde aquel entonces hago libretos, sigo haciendo libretos y seguiré haciendo libretos. Tengo computador pero los hago a máquina, es mi deleite sentarme en mi maquinita a escribir.

“Hoy día los muchachos jóvenes que me ayudan con el audio en Caracol me piden el libreto y ahí tiene la guía y no tienen ningún problema porque está anotado todo: tiempos, discos, audios, track … todo. Antes dicen, ‘qué bueno que todos los periodistas hicieran libretos como usted Don Gabriel’”.

Las nostalgias de Gabriel

Sólo hasta este año pudo acabar de raíz con una deuda familiar que tenía hace 40. Durante cuatro décadas no pudo ver a su primer hijo, Gabriel Eduardo López, un ingeniero civil que hoy tiene 63.

“Mi hijo no aceptó la separación con mi primera esposa, fue por una aventura que tuve con otra dama”.

En febrero de este año me llamó mi hija de Cali y me dijo que me iba a llamar una nieta, hija de Gabriel Eduardo. Me llamó y me dijo que me quería conocer: ‘ Mañana voy con mi mamá a Bogotá y queremos encontrarnos contigo’. Cuando conocí a a esa nieta me dieron unos nervios increíbles, fue una emoción hermosa, con llanto y toda la cosa.

Pero la sorpresa no paró allí porque en ese mismo centro comercial donde me encontré con mi nieta, que a propósito estudia comunicación social y periodismo, estaba Gabriel Eduardo, nos fundimos en un abrazo muy emotivo, fue una cosa preciosa”.

Gardel, su ídolo

“Después de la tragedia en Medellín (en la que murió Gardel) todo el mundo hablaba de él. Le pregunté a mi papá quién es Gardel, yo tenía ocho añitos, mi papá sacó su último disco.

Me acuerdo que era un empaque muy elegante, en un cartón muy fino con letras doradas. Lo puso en la vitrola, me senté a su lado y sonó ‘Volver’,  ese fue mi tango para toda mi vida.  En la Voz de Antioquia lo ponía todos los años, todos los 24 de junio”.

A Gabriel Muñoz López le cambia el seño, lo frunce porque recuerda una de sus más grandes iras.

“Hace cinco años le dije a un programador joven que hiciéramos un homenaje a Gardel. Dijo que no, ‘que eso estaba muy trillado’. Le dije, muy molesto: trillado lo que ustedes hacen aquí con Heavy y con Metal y rock y toda esa joda… me emberracó. Al ver que yo estaba muy molesto me pidió disculpas. Le dije: no tranquilo, yo hago mi programa en mi casa y me tomo unos whiskys”.

Todo tiempo pasado fue mejor. Crítica a Iván Mejía y Carlos Antonio Vélez

Gabriel Muñoz López habla de la nueva forma de hacer radio, de las emisoras juveniles y de colegas que no escucha por la forma como “ofenden al oyente”.

“La radio antigua era intelectual, muy profesional. Se exigía licencia de locutor, nadie podía arrimarse a un micrófono sin tener licencia. Hace unos 15 años un ministro (no sé cuál es y no me quiero acordar) suspendió las licencias y aparecen en las universidades la materia de Comunicación Social Periodismo y ahora cualquiera va al micrófono a hablar barbaridades. Lea también: Así se mueve la audiencia en la radio colombiana

Antes no se oía un carajazo al aire. Nada de eso, respetábamos el idioma. Hoy en día hablan de sexo permanentemente. El profesional era empírico pero estudioso, investigador, leía libros, leía una cosa y la otra. Ahora escasamente leen un libro. Sacaron un diplomita y lo colgaron pero aquello de investigar nada, cero. La internet se encargó de crear unas cosas pero de arrasar con otras”.

¿Qué opina de Carlos Antonio Vélez e Iván Mejía?

Es un estilo muy salido de onda, el mismo caso de mi buen amigo Iván Mejía. Les encanta vaciar al personaje, al futbolista, al directivo, al jugador. Eso no era la usanza de antes, había mucho respeto. Ahora hay mucho irrespeto.

Escucho por Hernán El Pulso, también por Iván, pero detesto cuando él se pone a vaciar, a insultar, a proliferar cosas tremendas contra un jugador o un directivo o contra quien sea.

A Carlos Antonio Vélez no lo volví a oír, desapareció para mí hace como siete años.

Ya con la grabadora apagada Gabriel Muñoz López habla de la muerte. “Es un mal necesario que a todos nos toca”, sonríe pero prefiere seguir jugando con su nieta a quien le enseñó a reírse como Carlos Gardel.

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