Gabriela Arciniegas: literatura de terror con ojos de mujer

16 de septiembre del 2018

En medio de una lluviosa tarde bogotana cubierta por un cielo gris, sombrillas que servían como escudos modernos y transeúntes corriendo de un lado a otro para resguardarse de las pequeñas gotas que caían insistentemente sobre el asfalto, conocería a la escritora colombiana Gabriela Arciniegas. No obstante, la cálida y personal conversación que se desarrolló […]

Gabriela Arciniegas: literatura de terror con ojos de mujer

En medio de una lluviosa tarde bogotana cubierta por un cielo gris, sombrillas que servían como escudos modernos y transeúntes corriendo de un lado a otro para resguardarse de las pequeñas gotas que caían insistentemente sobre el asfalto, conocería a la escritora colombiana Gabriela Arciniegas.

No obstante, la cálida y personal conversación que se desarrolló en una acogedora sala atestada de piezas de arte, se oponía al frío que se observaba a través de la ventana. Gabriela es nieta del célebre ensayista y diplomático, Germán Arciniegas, sin embargo, ella misma ha trazado su propio camino literario posicionándose en el género de terror.

Se define como nefelibata y caníbal, la primera haciendo alusión a que siempre anda en las nubes, por eso cuando conoció esta palabra gracias a un poema de León de Greiff, no dudo en adoptarla. Y caníbal, porque se considera una “hija de la antropofagia, no en el sentido estricto de la palabra”, aclaró a Kienyke.com. Gabriela se refirió a la escuela literaria brasileña que estuvo encaminada a la recuperación de la identidad latinoamericana.

“La antropofagia une todo lo que le llega a uno, regurgitar (expulsar sin devolver) también es clave para escribir. No comer cuento entero, siempre tratar de ser autentico, dejarse tocar por todo lo que se lee, no escupirlo igual sino procesarlo y hacer algo distinto”, manifestó la cuentista.

Su acercamiento al mundo de las letras

Arciniegas estuvo rodeada de visitas de ilustres personalidades y de una familia de intelectuales, quienes siempre le inculcaron el amor por el conocimiento, mantener latente su curiosidad e interesarse por el mundo que la rodeaba. Esta enseñanza la trasladaría a su labor como escritora.

Su madre, Aurora Arciniegas, se destacó como traductora; su abuelo fue una figura importante en la historia nacional, pero sería su tía quien desde muy pequeña le despertaría su fascinación por contar historias. Ella le relataba episodios de ‘La Odisea’, cada uno de los sucesos y personajes que rodeaban el épico poema la hacían pensar en una historia de terror.

“Yo no sabía que era mitología griega, creada por Homero, para mí era una historia creada por mi tía. En ese momento dije que me gustaría inventar algo así”, evocó la autora.

Siempre supo que se dedicaría a escribir, desde la corta edad de tres años cuando le preguntaban qué quería ser cuando grande y ella sin pensarlo demasiado contestaba que escritora. Aunque en realidad, no recuerda verdaderamente de dónde vino su fascinación por la escritura, ya que toda su vida ha estado ligada a las letras.

“Yo no me acuerdo de un momento en el que no estuviera comprometida con la escritura. Tiendo a creer que existe la reencarnación y había una conciencia en mí de la vida anterior que me decía que me dedicara a escribir”, es así como la novelista describe su interés casi místico por este arte.

También recordó los primeros libros que leyó en su infancia, los cuales probablemente la motivaron en su carrera literaria.‘Alicia en el País de las Maravillas’, Las aventuras de Pinocho’, obra que manifiesta no se le ha dado la importancia que debería; y ‘Bambi’, historia que narra las vicisitudes de un venado.

Recorrido literario y su apuesta por el terror

Su carrera creativa inició en el mundo de la poesía en 1995 con la publicación de su poemario ‘Sol Menguante’, ya que participaba activamente en encuentros de mujeres poetas. Gabriela estudió literatura, se desempeñó como docente universitaria y es magister en Literatura Latinoamericana.

La narrativa de terror llegaría más tarde, cuando en 2001 su cuento ‘El Círculo’, quedó finalista en un concurso, por lo que fue publicado en la antología ‘Cuentos Cortos’. Sin embargo, a lo largo de su trayectoria artística ha participado en innumerables antologías.

“Escribir terror es una terapia, una catarsis. Soy una persona llena de fobias y tengo pesadillas muy a menudo”.

Su fascinación por el género se la atribuye “al convivir todos los días con la enfermedad de un ser querido, el terror a la muerte y al dolor (su madre sufrió de una extraña enfermedad neurológica de la que nunca se recuperó). Vivir con esa enfermedad te acerca a una serie de temores”, comentó Arciniegas.

Una de las distinciones que más la llena de satisfacción fue convertirse en ganadora del concurso ediciones ‘Embalaje del Museo Rayo’ en 2009 con el libro de poemas ‘Awaré’, que escribió acerca del fallecimiento de su madre.

Es el premio que guarda con mayor aprecio, porque el artista plástico, Omar Rayo, fue el encargado de hacer la portada de su poemario. “Mi libro fue el último que él diseñó, ya que lamentablemente más tarde falleció”, mencionó llena de orgullo, ya que se había inscrito varias veces sin obtener resultados positivos.

Precisamente, cuando su madre murió decidió entregarse de lleno al oficio de escribir. Desde hace diez años está dedicada a crear mundos posibles donde vampiros u hombres lobo, son protagonistas y representantes de esa realidad nacional que busca mostrar de forma diferente. Si bien fue una experiencia dolorosa, también le dejó una importante lección: disfrutar cada día como si fuera el último y hacer siempre lo que la apasiona.

En 2013 logró terminar su primera novela de terror titulada ‘Rojo Sombra’, una historia de caníbales en Bogotá, donde revela los secretos de una raza que vive en las profundidades de la capital quienes se organizan socialmente por medio de duelos a muerte y orgías rituales.

“Si tuviera que definir en pocas palabras ‘Rojo Sombra’ diría que es una saga de cuatro libros, descarnada, oscura, dolorosa, intensa, y tendría dos palabras para definirlo: gore místico”, señaló quien es considerada una de las mujeres pioneras del género.

Escribió la antología ’13 relatos infernales’ junto a otros autores, obra que fue éxito rotundo en la Feria del Libro de Bogotá en su versión 2015.

Su cuento ‘Infestación’ en 2016 fue finalista del concurso homenaje al libro It de Stephen King realizado en Argentina. Más tarde, ‘Infestación’ se convertiría en libro con la recopilación de varios relatos breves, los cuales participaron en Comic Con de San Diego donde fueron éxito rotundo.

Actualmente, reside en Chile donde estudia un doctorado en Ciencias Humanas, su trabajo final se basa en la escritura de la brasileña Clarice Lispector, a quien le debe su introspección de los últimos meses.

Literatura de terror con mirada femenina

Mientras conversaba con Gabriela no dejaba de pensar en Mary Shelley, creadora de ‘Frankestein’, una de los relatos de horror más importantes de la historia; o de la reciente autora nacional, Carolina Andújar; mujeres que han visto en la ciencia ficción la mejor forma de narrar su realidad.

Gabriela ha estado comprometida con su posición como mujer, por ejemplo, en la reciente obra literaria ‘Cuentos del café flor’ donde muy a su estilo explora el tema de la violencia de género.

Cuando habló de su título como la pionera de literatura de terror en Colombia, aseveró en tono jocoso: “yo fui la primera ilusa que se lanzó al género”, pero que detrás de ella hubo varias mujeres que habían escrito sobre oscuros mundos fantásticos pero no lograron publicar. Agradece el calificativo sin duda, pero prefiere dedicárselo a las mujeres que están interesadas en narrar el horror desde una mirada nacional.

“Mi lucha por el terror continua, es importante que la gente explore otros géneros, que le quite terror al terror, pero sin dejar otros compromisos con otro tipo de reflexión. Si soy una escritora y no estoy reflexionando nada pues no tiene sentido”, puntualizó.

Finalmente, Gabriela Arciniegas continuará escribiendo sobre sus pesadillas, porque plasmar sus más hondos sentimientos a través del papel ha sido la terapia que le ha funcionado durante todos estos años. Nos despedimos en medio de un cielo gris bogotano que evocaba el ambiente propicio de una historia de terror.

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