El aviador que va donde nadie más va

21 de noviembre del 2017

La misión más importante del General Pedro Ignacio Lozano, piloto de la FAC es llegar a los lugares más inhóspitos de Colombia

El aviador que va donde nadie más va

Él ha cumplido el sueño de muchos seres humanos: volar. Puede, entonces, que los momentos más memorables de su vida los haya pasado en el cielo. En cuanto a los que ha estado con los pies en la Tierra, si hablamos de “momentos memorables”, son sin duda, los que le ha dedicado a la Fuerza Aérea Colombiana, y también a su familia. Además, se le tiene que dar esa misma categoría a los días que ha pasado en la presidencia de SATENA.

El Mayor General Pedro Ignacio Lozano Quinche ha dedicado más de 30 años a servir en la Fuerza Aérea Colombiana. Es un hombre alto, con algunas canas en su pelo, y que viste con elegancia su impecable uniforme de oficial, con los tres soles en las presillas de su guerrera. Su otro orgullo es haber sido parte del renacimiento de SATENA.

Cuando terminó el bachillerato, el General Lozano se enfrentó a la pregunta que se hace la mayoría de jóvenes a esa edad ¿Y ahora qué? Tenía dos opciones: la medicina y la Escuela Militar de Aviación. Se inscribió a las dos, y por “cosas del destino”, pasó a la segunda. Un 14 de enero de 1980, cuando tenía 17 años, entró a la escuela militar de aviación.

No cualquiera logra el derecho de sentarse en la cabina de un avión. Toma tiempo, porque para volar –dice el general–, más que para ninguna otra profesión, lo que se necesita es experiencia. Pero la experiencia empieza de algún punto, porque nadie nace aprendido, y cuando el entonces Teniente Lozano se subió a un Cessna 172, sintió una emoción que, a pesar de los años, no sabe cómo describir.

También ha puesto en riesgo su vida. Una vez, a bordo de un DC3, tuvo que hacer una maniobra más que arriesgada, casi imposible, en el complicado y estrecho aeropuerto de La Chorrera, en el Amazonas. “El avión tuvo problemas en los frenos –narra el General con calma–. Yo llevaba ocho años volando el avión. Tenía que hacer un ‘caballito’, o sea hacer que el avión gire 180º cuando ya no hay más pista. Ese día aterrizamos y el avión no paraba; entonces nos tocó hacer esa maniobra. En la escuela la enseñan, pero es casi que la última salida. Si no nos hubiera salido, habríamos terminado en un barranco”.

“Durante mi carrera en la Fuerza Aérea he tenido la oportunidad de asumir todo tipo de retos, vivir en carne propia las épocas más difíciles del conflicto armado en Colombia dejó en mí todo tipo de emociones, pero fueron el empeño y el compromiso los que permitieron que prevalecieran los recuerdos gratos sobre los tristes. Con seguridad puedo contarles que cuando miro atrás y pienso en todas las veces que comandé una aeronave para llevar algún enfermo, algún herido, alimentos o cualquier tipo de apoyo, siento una enorme alegría, siento la satisfacción del deber cumplido”.

SATENA y el futuro

SATENA es el acrónimo de Servicio Aéreo a Territorios Nacionales. Fue fundada en 1962 y es propiedad del Estado Colombiano. En sus 55 años de historia ha tenido más de 12 tipos distintos de aviones en su flota. Entre los más recordados está el DC-3 con el que empezaron su operación en las rutas Bogotá-Leticia y Leticia-Tarapacá-El Encanto-Puerto Leguizamo. No fue la primera aerolínea colombiana en ser fundada, pero sí la primera en ir a donde nadie más iba. En la actualidad son 37 destinos en 19 departamentos de Colombia.

En 2010 SATENA enfrentó una de las peores crisis de su historia. Desde 1991, explica el General Lozano, el gobierno fue retirando los apoyos a la empresa y la lanzó al mercado para competir. “Nosotros no podíamos enfrentar eso porque íbamos a las ciudades que cubrían otras aerolíneas, pero también teníamos que seguir volando a esos lugares de Colombia a los que nadie más va. Eso complicó las cosas”.

Por otro lado, todo en la industria aeronáutica se mueve en dólares, así que la abrupta subida de la moneda también aportó a la crisis de la aerolínea Colombiana. Sin embargo, por iniciativa del General Lozano empezaron a volar de noche, lo que no se había hecho hasta ahora por problemas de infraestructura. Esos riesgos han permitido irse recuperando.

Cuando el General asumió como presidente de SATENA, aceptó la tarea de servir a esos territorios del país “olvidados”, esos puntos del sur, entre la selva, inhóspitos, pobres y lejanos, que “a la competencia no le interesan”. “Nuestra misión es servir –insiste el General–: servir y no competir”.

“SATENA vuela a regiones del sur, el oriente y el Pacífico colombiano que históricamente no han tenido muchas posibilidades de crecer. Las pistas de allá son muy difíciles, casi potreros, y por eso a las otras aerolíneas no les interesa llegar allá”.

Pero para servir, más que nada, necesitaban recursos. Entonces el General Lozano empezó una dura batalla con las demoras administrativas del Estado para que se acordaran de SATENA, y más que de SATENA, de las miles de personas que viven por allá donde no llega nadie.

“Yo recibí una empresa que tenía en el casete el concepto de ‘competir’”, nos contó el General. Así las cosas, con su disciplina castrense, emprendió la responsabilidad de cambiar las cosas. Cambiar en muchos sentidos: el servicio como la clave, la mejora en la seguridad, y la necesidad de una financiación estatal sólida.

A punta de resultados buenos, porque no había otra forma, este hombre logró lo que nadie creía que pudiera lograr: salvar a SATENA de la inminente banca rota. No fue tarea de un solo hombre: el general cuenta con un equipo, sintonizado en la misma frecuencia que él.

Los resultados han respaldado la necesaria inyección de capital estatal, y después de la tormenta, de la mano del General Lozano, SATENA está aterrizando en calma. Tienen en el horizonte la obligación suprema de llegar hasta lo más recóndito del país, y ayudar a la gente de esos lugares. En ese sentido, el General infla de orgullo su pecho cuando cuenta que dejó su número en el aeropuerto para que lo llamen los pasajeros. Así empezó a conocer las historias de ese país profundo al que él tenía que transportar.

Poco a poco se ha ido construyendo una red, de la que el General es parte, igual que cualquier otro empleado, con el único fin de servir. Y servir significa sacar al enfermo de la selva, llevar el correo, alimentos, conectar a las personas con sus seres queridos. Hacer algo por que los sueños vuelen. Eso es ir donde nadie más va. “Liderar una empresa como SATENA es construir futuro”.

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