¿Qué dicen los gestos de Donald Trump?

21 de julio del 2017

¿Qué hay detrás del lenguaje corporal de Trump?

¿Qué dicen los gestos de Donald Trump?

En teoría, Donald Trump es uno de los hombres más poderosos del planeta. Ese poder que tiene –y el poder que quiere tener–, se refleja en sus discursos. Y también en sus gestos: en la forma de caminar, en la forma de dar la mano, en  su cara y su mirada. Pero si con su lenguaje corporal muestra su poder, también debela su forma de ser más allá del título de presidente.

Interpretar el lenguaje corporal implica conocimientos muy sólidos de la conducta humana. No cualquiera podría, por vía de los gestos, decir algo de otro, descubrirlo, entenderlo. Pero es posible. Y no hacen falta discursos, no hace  falta hablar para, en alguna medida, interpretar lo que el otro quiere decir. Más que decir, transmitir. En porcentajes, explican estudios sobre el tema, casi el 90% de la comunicación humana es no verbal.

Supongamos, por ejemplo, que estamos frente a un hombre nervioso: moverá sus manos, se tocará la cara, mirará a otro lado, arrugará la boca. Él no tendrá que decir nada para saber su estado de ánimo.

Un estudio de la Revista Europea de psicología social explicó que el lenguaje corporal “es una forma de comunicación que utiliza los gestos, posturas y movimientos del cuerpo y rostro para transmitir información sobre las emociones y pensamientos del emisor. Suele realizarse a nivel inconsciente, de manera que habitualmente es un indicador muy claro del estado emocional de las personas. Junto con la entonación vocal forma parte de la comunicación no verbal”.

¿Qué dice la cara de Donald Trump?

Por ser el presidente, Trump tiene la atención de medio mundo encima. Nada de lo que hace o dice se escapa a la mirada siempre vigilante de las cámaras. Lo que se ve de él ha permitido determinar que hay detrás de su comportamiento, delimitado por algunos psicólogos como “agresivo y arrogante”. En el lenguaje corporal de Trump está la clave para entender lo que se esconde detrás de su poder.

La cara de Trump es muy expresiva. Un estudio de la Universidad de Londres, que analizó los gestos del magnate, reveló que “Trump tiene un rostro masculino y aventajado, y su relación entre anchura y altura es alta. Lo cual lo vincula con importantes resultados de liderazgo”.

“Trump tiene un rostro varonil que a menudo es visto como dominante y la gente lo recibe bien en entornos competitivos como durante la guerra” –continua la investigación–; “sin embargo, esos mismos rostros varoniles resultan menos confiables en entornos cooperativos como tiempos de paz. Esto quiere decir que el miedo ante la creciente amenaza de terrorismo puede haber contribuido a su elección”.

Los otros gestos de Trump

En cualquier aparición pública, los medios no sólo esperan las declaraciones de Trump: también, con tanta o más curiosidad, desean ver cómo le dará la mano a quién esté con él.

El presidente da la mano de dos maneras: una sencilla, tranquila, amistosa; y otra, más ruda, tirando a su interlocutor hacía él, sacudiendo su mano con fuerza. Hay un tercero, menos probable, que es no aceptar o, supuestamente ignorar el saludo, tal cual lo hizo con Angela Merkel.

En su visita a París, mientras recorrían la magnífica avenida de los Campos Elíseos,  Trump estrechó la mano de Emmanuel Macron, presidente francés, por más de 25 segundos.

Chris Ulrich, profesor de lenguaje corporal, escribió en el New York Times que “Macron no lo suelta e incluso le da palmadas a Trump —tocar al otro es un juego de poder— y Trump le regresa el gesto. Debido al acercamiento de Trump, que es dominante, los demás se preparan para no ser sometidos. Mientras caminaba y le apretaba la mano a Macron, Trump literalmente lo desequilibra. Cuando el estadounidense da la mano, abre la palma, un gesto llamado pose del mendigo. Después, jala a la persona —en este caso, Macron— hacia su espacio, y lo saca de balance. A continuación, Trump también incluye a Brigitte Macron en el apretón de manos, pero excluye a Melania, lo cual crea un momento incómodo. Termina luciendo como una intrusa”.

En el primer encuentro de Trump con Vladimir Putin, en la Cumbre del G20, también hubo, por su puesto, un apretón de manos. “Parece que Trump se acerca para saludar a Putin, así que cede su poder en ese momento. Luego restablece el equilibrio al tomar el codo de Putin: esto es apoyo y también es un movimiento de poder. Pensemos en las entrevistas de trabajo donde el empleado camina hacia el jefe y aprieta su mano… Trump restablece el poder con Putin al tocarlo y darle palmadas en la espalda de forma alentadora, como diciendo ‘Buen trabajo’, como si Trump estuviera a cargo”, explicó Ulrich.

Cuando le tocó el turno a la canciller Angela Merkel, el saludo de Trump nunca se dio. Ambos, sentados en una sala de la Casa Blanca, se veían distantes, desconectados, indiferentes, sobretodo Trump, que además parecía incómodo. Podía leerse en sus gestos que la presencia de Merkel lo abrumaba un poco, y que él no sabía muy bien qué hacer, qué decir, cómo reaccionar.

Por otro lado, puede notarse más buena voluntad por parte de la alemana. Cuando, por fin, los dos líderes estrechan sus manos brevemente, Trump da a entender que ha acabado allí y que no nada más que hacer. Se nota que la situación lo ha incomodado y no quiere permanecer más allí.

Trump por encima de todo

Para la posteridad quedó la imagen de Donald Trump, en la Cumbre de la OTAN, cuando, antes de la foto final, salió desde atrás, empujó al primer ministro de Montenegro Dusko Markovic y se puso al frente del grupo. Era como si quisiera decir “yo soy el más importante; yo soy el más poderoso: por eso voy adelante”.

Esa actitud refleja que Trump ha tenido muchos obstáculos para llegar a tener el poder que tiene. Como le ha costado tanto, quiere mostrarlo, como cuando un perro enseña los dientes en una pelea; quiere lucirlo. Quiere que lo vean.

“Los niños que crecen siendo el centro de atención raramente se preocuparán en subrayar ese rol ni sienten la necesidad de pelear por él. Ganar uno de los roles principales en el mundo no parece haber detenido su necesidad de reafirmar su poder alfa en cada ocasión”, explicó la doctora Judi James.

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