Ser gay y trabajar en Google

Ser gay y trabajar en Google

16 de Julio del 2017

Ser diferente no es fácil ni en Colombia ni en ninguna otra parte del mundo. La gente se ha acostumbrado mucho a la comodidad de las cosas tal como están, y que algo o alguien intente alterar ese orden, aparentemente lógico y natural, no podría más que causar miedo. Y la respuesta obvia al miedo es el rechazo. No hay seres más conscientes de ese miedo y ese rechazo que los homosexuales.

Pero la sociedad está cambiando. Y las empresas están cambiando: Google, el gigante tecnológico, es un ejemplo de ello. Entre la plantilla de afortunados trabajadores de la oficina de Bogotá hay dos gays. Algo así, no es, en realidad, una noticia novedosa; es, más bien, una historia de lo importante que es la inclusión.

‘Salir del closet’

Marco Zefferino tiene 28 años. Viene de Quiliano, un pueblo al noroccidente de Italia. Habla un español impecable. En Google es gerente de investigación para el equipo de grandes anunciantes en Colombia. Tenía 14 años cuando lo atrajo un vecino, con el que también iba a la escuela. Siempre se sintió diferente; creía que era el único. El tema de la orientación sexual no era precisamente algo de lo que se hablara abiertamente en Quiliano.

“El recuerdo más fuerte es sentirse solo; pensar que tu condición es algo que sólo existe en ti. No conoces a ningún otro chico así, que tienes algo diferente. Y que estás solo”, comentó Marco, con cierto aire de melancolía.

Daniel Castelblanco es de Bogotá. También tiene 28 años. Es pareja de Marco desde hace 4 años. En Google, es Gerente de investigación para el equipo de Centro América y el Caribe. Lo que sus amigos en el colegio sentían por las niñas, él lo sentía por los niños. Desde que tiene memoria ha sido así. Igual que Marco, tenía 14 años cuando un chico le llamó la atención. Entonces pensaba que se le iba a pasar. “Y evidentemente –dijo con una sonrisa segura–, eso nunca pasó”.

Estar seguro de ser gay sólo es el primer paso. Lo más difícil es lo que sigue: que lo sepan los otros. Y además que lo sepan, que lo acepten.

Marco, que se ve como un hombre tranquilo, que piensa las cosas detalladamente, prefirió esperar. No había conocido a nadie “abiertamente homosexual” hasta su segundo año de universidad. Estudió a más de 5 horas de su pueblo. Pensaba que al estar lejos de su casa, la cuestión de “salir del closet” sería más simple.

Daniel, a la derecha, MArco, a la izquierda. Foto: Camilo Muñoz/kienyke.com

Marco, a la derecha, Daniel, a la izquierda.
Foto: Camilo Muñoz/Kienyke.com

En un intercambio que hizo a Irlanda, Marco conoció al primer chico homosexual. Aún lo recuerda claramente. “Fue la primera vez que sentí que existían otras personas como yo”, dijo. Tenía 19 años.

“En esa época me costaba decir las palabras ‘yo soy gay’ –explica Marco–; prefería decir ‘a mí me gustan los chicos’ que identificarme con la palabra ‘gay’. Pero eso cambió con el chico que había conocido en Irlanda”. Un par de semanas después, su mamá vino a visitarlo. Marco ya se sentía cómodo diciendo ‘yo soy gay’, así que le contó. “Para mí no cambia nada” –le respondió ella.

Cuando su orientación era una realidad innegable, lo primero que hizo Daniel fue contarle a sus amigos del colegio. El respaldo fue unánime y fraternal. “Uno a veces tiene  más miedo de los que debería tener cuando es un joven gay; hay personas que van a aceptar y personas que no, pero normalmente los amigos que son de verdad amigos, lo aceptan, y agradecen que uno haya sido sincero”, dijo.

Con sus padres la reacción fue muy similar. Les contó cuando él empezaba la universidad. Como todos los padres, los de Daniel tenían “algunos prejuicios”, y que sólo se han ido quitando con el paso del tiempo; y con el conocimiento. En ambas cosas ‘Dani’ ha ayudado, y ellos, sus padres, han hecho lo propio. “También fue un esfuerzo para ellos; y sé que siguen haciéndolo por apoyar más a su hijo”.

Trabajar en Google

La mayoría de encuestas que preguntan cuál es el mejor lugar del mundo para trabajar ponen a Google en los primeros lugares. Los que tienen esa oportunidad son muy afortunados. Y más que afortunados, son buenos en lo que hacen.

Daniel llegó a Google un par de meses antes que Marco. Ya se conocían: ambos habían trabajado en una empresa consultora en los Estados Unidos. Entonces sintieron que deberían cambiar de ambiente y se vinieron para Bogotá. En ese momento, Google se les presentó como una oportunidad para cerrar ciclos.

Trabajar en Google es un reto. Allí hay mucha libertad, mucha flexibilidad. Los ‘googlers’ son personas inconformes, que todo el tiempo se están haciendo preguntas. “Google es una empresa que te invita a hacerte preguntas todo el tiempo de todo tipo”. La curiosidad es, en ese sentido, uno de los principales requerimientos para trabajar allá.

“Lo que se ve es que las empresas que no son digitales, se van a quedar en el pasado –explica Daniel–. Cuando empecé a darme cuenta que eso estaba pasando, y vi que Google tenía una oficina acá en Colombia, entendí que era la posibilidad de aplicar mis conocimientos en algo muy bonito”.

Daniel es el encargado de asesorar los negocios de Google en Latinoamérica y el Caribe. Lleva dos años en eso. Y es lo que ama. Eso también es fundamental para trabajar en Google: amar lo que se hace. “La compañía cuida mucho a las personas que trabajan aquí”, dijo Marco.

Marco tiene una función parecida, en temas de consultoría, pero para Colombia. “Ese deseo que tiene Google de innovar y de cambiar fue lo que me inspiró a mí, y creo, es lo que inspira más a todas las personas que quieren trabajar aquí. También me impresionó mucho las campañas que Google hacía para la comunidad Lgbti”.

Lo que Google hace por la comunidad Lgbti

Desde su posición en la empresa, y desde su identidad, Daniel y Marco han unido esfuerzos para apoyar iniciativas que fomenten la inclusión de la comunidad gay. Ser pareja, además, los ha fortalecido mucho en esa tarea titánica.

A nivel global hay una campaña que se llama ‘Pride for everyone’ (Orgullo para todos). Se lanzó el año pasado, y tiene como objetivo combinar la tecnología, que es la clave de Google, con el impacto que se puede tener en la sociedad. Lo que se quiere es “llevar las marchas y todos los momentos especiales que pueden vivir las personas gays, los desfiles, por ejemplo, a quienes no pueden estar en ellos”.

En términos más simples, quieren llevar el orgullo de ser gay a todas los que que se sienten solao en su condición diferente; que sepan que hay posibilidades, opciones, y que, sobretodo, miles de personas alrededor del mundo los acompañan.

“Debido a que los derechos de las personas LGBTQ se ven comprometidos en todo el mundo, resulta más importante que nunca enviar un fuerte mensaje de apoyo y ponerse de pie para que todos gocen de igualdad y libertad de expresión. Llevemos el Orgullo a quienes no pueden marchar”, dice Google.

Por otro lado, desde Google Org, una ONG que hace parte del inmenso conglomerado que es Google, se mandan mensajes de inclusión a muchos jóvenes que lo necesitan. “Cofundamos una red con empresas que se llama ‘Pride connection Colombia’ –explica Daniel– que es la primera red en Colombia de empresas que son abiertamente incluyentes y apoyan a la comunidad Lgbti, que se unen para compartir mejores prácticas”.

El panorama es alentador. Cada vez se acepta más la diferencia; cada vez se deja de atacar menos al otro por su orientación sexual, que es, en realidad, un asunto privado, de cada quien, y que no debería ser, en un país civilizado, laico, y en pleno siglo XXI, una justificación ni para la violencia ni para la exclusión. A todos se nos debería ver con los mismos ojos. Todos deberíamos tener las mismas oportunidades. Amor y respeto: esa es la clave.

Y ojalá, punto a parte, todos pudieran trabajar en lugares como Google.

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