Génesis de una guerra

Génesis de una guerra

18 de abril del 2017

Corea del Norte y Corea del Sur

Puede que Corea del Norte y Corea del Sur estén divididas sólo por los caprichos de la política. O por los caprichos de la guerra, que vienen siendo lo mismo. También los divide el Paralelo 38. En realidad son un pueblo milenario, ancestral, antiquísimo, con más cosas en común que diferencias.

Si pusieran un coreano del norte al lado de uno del sur no se podrían identificar fácilmente. Quizás el del sur sonreiría, sería más expresivo. El del norte, en cambio, se vería parco, firme, con un gesto duro en su cara.  Sin embargo, su identidad, una identidad “milenaria” digamos,  pareciera ser la misma, sólo que se ha ido desdibujando por los conflictos históricos de los que los coreanos –de ambos lados–, más que responsables, han sido víctimas.

Partamos de que comparten un pasado común. La división que hoy ve el mundo surgió apenas a mediados del siglo XX. Pero vamos por partes. Durante el siglo XIX, y desde mucho tiempo atrás (año 1392) Corea estuvo gobernada por la dinastía Joseon, bajo el modelo de Estado monárquico, fuertemente influenciado por el confusionismo chino, porque precisamente China era quien entonces dominaba la península. Sin embargo, en 1910, los afanes expansionistas de Japón llevaron a que hubiera una invasión, que no terminó sino hasta que el debilitado imperio del Sol naciente perdió la Segunda Guerra mundial. Sabemos lo que pasó entonces: el mundo se dividió en dos: el bloque socialista, cuya cabeza era la Unión Soviética, y el bloque capitalista, dirigido por los Estados Unidos.

Y como si el planeta fuera un pastel, los ganadores de la guerra hicieron la repartición: Esto para ti, esto para mí; esto para ti, esto para mí. Entonces, en la península de Corea se encontraron dos de los ejércitos más poderosos del mundo: en el norte, el imponente Ejército rojo de la Unión Soviética, y en el sur, el moderno y tecnificado cuerpo de Marines de los Estados Unidos. Aparentemente tenían un mismo objetivo: evacuar las tropas japonesas. No obstante, ambos tenían intereses más oscuros y algo había más allá de la simple ayuda al vencido. Cada uno quería Corea para sí.

Y para que no hubiera conflictos entre unos y otros, se partió del Paralelo 38 para hacer la división, sin tener nunca presentes las propias necesidades de los coreanos.

En el norte, un líder joven y carismático se va haciendo popular entre la gente: Kim Ill-sung, quien había luchado en las guerrillas antijaponesas hasta lograr importantes asensos y mucho reconocimiento político, que lo llevó a ser nombrado como Primer ministro de Corea del Norte. Por la fuerte polarización, estimulada por la presencia de los soviéticos y los norteamericanos, la reunificación de Corea era imposible.

Foto: Youtube

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Fuertemente influenciado por el comunismo, Kim Ill-sung creó la doctrina Juche, que partía de la necesidad de una descolonización para redistribuir luego la riqueza. Estando en el poder, decide unificar a todo el país bajo las banderas del comunismo. No le pregunta a los soviéticos si les parce o no, si lo ayudan o no, sino que se lanza unilateralmente a invadir el sur. Era el año 1950.

Los Estados Unidos, dueños y señores del sur, se sintieron atacados y empezó entonces la Guerra de Corea, el primer conflicto a gran escala que se dio dentro de la Guerra Fría. Las potencias no se enfrentaban directamente, pero casa una apoyaba a su parte. Un país partido geográficamente, pero destruido en partes iguales; miles de desplazados; más de tres millones de muertos entre militares y civiles; y los más complicado: un país dividido: eso dejó la guerra de Corea; guerra que oficialmente no ha terminado nunca. Sólo se firmó una tregua que se ha intentado mantener hasta hoy.

Puede, en realidad, que la guerra, que esa guerra,  no haya servido para nada. Sólo para matar gente impunemente. El norte se mantuvo con su duro modelo comunista, y el sur siguió los caminos del capitalismo salvaje. Esa es, en sí, la diferencia más obvia entre los unos y los otros. En el sur, por lo mismo, se ve un poco más el “progreso” –si es que esa es la palabra–, y hay mejores condiciones económicas. Sin embargo se vive, como en todo país capitalista, en función de las vicisitudes del mercado: pobres y ricos; ganar y gastar.

En norte, en cambio, es más rural, más “atrasado” –o no atrasado como tal: diferente, mejor–. Es, además, un lugar cerrado y distante al resto del mundo. Mucho de lo que sabemos de Corea del norte está atravesado por la imaginación o la superstición. Se vive, eso sí es claro, en medio de un régimen totalitario, represivo, de fuertes sentimientos nacionalistas, que ocupa casi todos los espacios de la vida de Corea del Norte. Allá hay una sola lógica: obedecer.

Groso modo, esas son las diferencias.

Para entender las similitudes, basta hacer un simple cálculo matemático: los orígenes de los coreanos se pueden remitir al año 938 después de Cristo. Pasaron, así, más de mil años siendo un mismo pueblo. Llevan apenas 67 años separados por el Paralelo 38. Es decir el 6% de su historia común. Y eso no es nada.

Es precisamente ese punto, el Paralelo, uno de los lugares más tensos del mundo. En un lado están los soldados surcoreanos, siempre acompañados de un par de marines de los Estados Unidos. Tienen una actitud marcial, firme, con los puños cerrados, como emulando una de las poses de ataque del taekwondo, arte marcial coreano.  No se mueven, no se inmutan. Tienen los ojos fijos en el otro lado; un “otro lado” del que los separan escasos metros. Vigilan todo el tiempo. Ni siquiera metros: los separa una barrera que no es más grande que un andén.

Foto: Youtube

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La contra parte, los norcoreanos, son soldados jóvenes, impecables, disciplinados en su uniforme verde oliva, y no quitan la mirada de los otros, de sus hermanos del sur. Hermanos que la guerra ha convertido en enemigos.