Gardeazábal: “Este es el país de los contratistas y todo está tarifado”

Gardeazábal: “Este es el país de los contratistas y todo está tarifado”

19 de enero del 2017

Por: Édgar Artunduaga

Nunca le ha temblado la voz para decir lo que piensa y casi siempre resulta temerario, con la iglesia católica, con los curas, con los personajes de la vida nacional.

Quizá por eso cuando escribí un trino lamentando que Gustavo Álvarez Gardeazábal está enfermo (se le metió algún virus), alguien anotó al instante: “que recupere el cuerpo porque el alma ya la tiene perdida”.

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Hace unos años convinimos una entrevista para hablar de los hábitos y rutinas de los escritores. Me abrió la puerta de su casa en Tuluá ¡desnudo!. –Quería explicarle, me dijo, que mi costumbre escribir así.

Y para este encuentro me recibió en su finca (envió un carro con seguridad a recogerme en Cali) y había invitado una veintena de amigos. Después de las viandas y los tragos y apurado por el tiempo le pregunté cuándo se iban los invitados. –Se quedan para el reportaje, contestó con naturalidad.

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Preguntas y respuestas fueron, entonces, frente a un público que lo ovacionaba, empezando por Alfredo, su pareja de tantos años –sobrio, respetuoso, amable sin zalamerías- y con el coro inarmónico de fondo que se turnaban todos los animales que circundan la finca.

¿Cómo está viendo la política y los políticos?

Eso se acabó. La política ahora quedó en manos de los contratistas, de los dueños de los partidos políticos. Por eso ya no hay jefes políticos, no hay caudillos, tampoco partidos. Son asociaciones de contratistas, y los concejales unas Pymes, (pequeñas empresas), los diputados otras más grandecitas, y el Congreso una industria. La política no se ha degradado, ha desaparecido.

¿Entonces qué viene siendo el país?

Pues este es el país de los contratistas. Lo que pasa es que cuando ya reconocemos que todo está tarifado, la justicia, lo judicial, lo policial, lo legislativo y el Ejecutivo, pues pongámonos de acuerdo y bajémosle a la tarifa como decía Turbay. Yo creo que es la mejor manera de arreglar esto.

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En la Casa de Nariño huele a traición

¿Después de Santos será Vargas Lleras?

Parece que no lo quisieran dejar, porque desde la Casa de Nariño huele a traición. Cada vez se ven más expresiones de la traición que se avecina. Los políticos no quieren a Vargas Lleras, pero es un gran gerente, y al país le convendría mucho para un postconflicto tener a un gerente bien verraco como él.

¿Y cómo es la política del Valle?

Degradada. Se ha ido acabando lentamente. La política se hace primero con los contratistas, y segundo con la vanidad, y por último por el Valle. Entonces en esas condiciones aquí no hay liderazgo, aquí no hay efecto hacia adelante, aquí lo que hay es un simple negocio a ver a quién le va mejor.

La Luciérnaga y el gurú

¿Se ha vuelto más conciliador después de La Luciérnaga?

Yo siempre he sido conciliador, por eso me volví gurú, por eso me consulta tanto la gente, porque soy capaz de juntar los extremos.

Recuerde que en pleno gobierno de Uribe la gran pelea era entre José Roberto Arango y Pedro Juan Moreno, y en esta casa los reuní, aquí hay testigos de una de esas reuniones.

¿Y qué pasó, por qué Moreno termina muerto?

Bueno, es que a él lo matan por otros uniformes.

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¿Paras, guerrilla, quién?

Algún uniformado.

¿Fue muy duro para usted salir de La Luciérnaga? Algunos lo vieron resentido, incómodo, respirando por la herida.

Lo más simpático es que a mí me sacan de La Luciérnaga cuando Peláez y yo lo sabíamos tres meses antes. Y así planificamos toda nuestra vida económica y de tiempos a partir del 1° de enero con mucha anticipación, pero el día antes de empezar la nueva Luciérnaga alguien le dijo al nuevo director (Gustavo Gómez) que lo mejor era sacar una entrevista atacándome.

Yo le recordé que era mejor que no se olvidara que eso hacía parte de una serie de cofradías que se juntaron para sacarme de allá, no fue más.

Pasaron nueve años en el programa pero no es difícil salir cuando uno no tiene de qué vivir, en qué pensar, en qué ocuparse. Ahora estoy más ocupado que antes. Creí que el poder era el micrófono, y que iba a descansar durante este tiempo y ahora estoy mucho más ocupado.

Lo que Gustavo dejó entrever es que usted era un mal elemento porque cobraba las entrevistas y hacía mandados remunerados…

Dijo que yo cobraba por los amuerzos y da risa porque el contador cada vez me decía, “si usted sigue trabajando en La Luciérnaga se va a quebrar”. Y ahora que no estoy en el programa estoy boyante. El contador tenía razón, no Gustavo.

¿Y ese gurú cobra por los consejos a quienes lo visitan, por las conferencias?

Yo cobro por asesorías o cobro por una cosa que se llama perfiles. Cuando las empresas grandes quieren entrar a una región o ciudad, quieren hacer un perfil de sus futuros clientes, de sus habitantes. Cuando van a hacer un negocio quieren saber con quién van a negociar, y esos perfiles los pagan bien, y cuando son empresas extranjeras los pagan mejor.

¿Le pagó Pacific Rubiales?

Afortunadamente no, porque entonces yo también me hubiera quebrado. Salvo una caja de vino que me trajo su presidente, es lo único recibido.

Pero hice amistad con ellos, hablamos varias veces, les di mis opiniones y medié en algunas disputas.

¿Fueron gratis tantos elogios para Pacific?

Afortunadamente, porque yo cuando elogio es porque lo siento del culo p’arriba.

Lo que viene con Trump y el código de policía

Gardeazábal, su segundo apellido, como decidió que le dijeran cuando entró a la radio, escribe todos los días muy temprano, enfermo o vital, donde se encuentre, en la finca, en la clínica o en el mar.

Esta semana ha dicho que el país anda tan en las nebulosas que no se ha dado cuenta que a va a estrellarse contra dos paredes en los próximos días. La primera de ellas con el presidente Trump. Y la segunda el 1 de febrero, cuando comience a regir el nuevo código de policía.

-El señor Trump es un aspaventoso, que volverá por los orígenes económicos de los Estados Unidos, impondrá el orden capitalista y se aliará con Rusia para evitar el crecimiento desmedido de la China.

Ya veremos un mundo en manos de un patán, grosero, que responde por tuiter emocionalmente y   hasta desconoce las propias agencias de inteligencia de su país.

Y con el Código de Policía, el estrellón va a  ser a la colombiana. Cuando se vuelva rentable no aceptar el parte por orinar en la calle y se prefiera meter la mano al bolsillo y endulzar la del policía. Cuando los vecinos impulsen a la policía para que entre sin orden judicial a apagar el equipo de sonido que no deja dormir o acusen a la señora del 1405 de no recoger el popó del perrito, la tarifa del silencio nos va a hacer estrellar ante la posibilidad de la ley.

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El niño y su sexualidad

Gustavo, ¿cómo fue su niñez y cómo era su entorno familiar?

Yo de la niñez poco, en ninguna novela aparece, no tengo personajes niños y yo no hago referencia. Pero mis personajes adultos todos viven en el mundo que yo viví en la niñez, entonces por pura referencia es que puedo hablar de eso.

Mi madre me contó que pasó muchos trabajos conmigo porque ella era la protegida de mi abuelo, el librero, nunca pregunté por qué motivo él teniendo nueve hijos fue el protector, él la acompañó en el parto, no mi abuela. Me cuidaba en las enfermedades.

Entonces el abuelo me observó desde muy temprano y parece que le advirtió del peligro evidente que iba a ser yo. ¿Por qué? Porque a los siete meses ya estaba hablando, haciendo frases, y a los ocho ya estaba caminando. A ellos los asustaba un niño que no repetía sino que preguntaba, a una edad en que todos los niños tienen que repetir mamá, papá… No, yo ya hacía frases.

Tres periódicos llegaban a mi casa y los leía en el suelo, por eso soy fundamentalmente lector. Y cuando llegaron los computadores aprendí muy rápido.

¿Oculta hablar de la niñez porque ocurrieron cosas escabrosas?

Si las recordara, sería el primero en contarlas. ¿Qué tal yo contando que a mí me hubieran violado? ¿Qué tal yo contando que hubiera sido forzado, que me hubieran dado la sopa y que yo no me tomaba la sopa?

¿De pequeño tenía ya marcada la definición sexual?

Eso nunca fue problema. Yo nunca estuve en el closet. Desde que me gustó ver el primer culo que me gustó ahí me quedé.

¿Y han sido muchos?

No, ni tantos. He sido variadito pero no mucho.

Se convierte en figura pública

¿Cuándo comienza a destacarse?

Organicé la primera huelga en el Colegio Salesiano, usted no se imagina lo que es organizar una huelga en un colegio de fascistas, yo no me explico por qué no me colgaron, e hice echar al profesor de química, un prospecto de cura de apellido Bichotti.

Eran épocas de grabadoras grandes, de carrete, y yo me encargué de grabar su clase y demostrar que el tipo se limitaba a leer un libro. Y con eso gané. Desde allí estoy funcionando.

Desde que entré al colegio mandé, es un problema de mando.

¿Liderazgo?

Toda la vida he mandado.

¿De dónde sacó eso?

En mi casa mi papá mandó y mi mamá también, y el uno dominó a la otra y la otra dominó al uno, pero creo que de pronto debe ser algún gen, o una reencarnación quien quita.

Mi papá fue un alcahuetas, me patrocinó absolutamente todo, y mi mamá lo único que fue, fue comprensiva, fue capaz de entender a todo el mundo, tenía mucho de lo que yo tengo ahora, el don del consejo. Quizá yo aprendí eso en una reencarnación.

¿Y piensa que habrá reencarnación?

Pues si la hubiese sería muy divertido, pero aburridor sería repetir.

El homosexual y el provocador intelectual

¿Qué ha significado su condición homosexual cuando antes era tan difícil asumirlo?

Para mí ha sido igual a tomar agua. Yo no he hecho gala de eso, ni me he presentado como víctima. Por el contrario, es algo absolutamente normal. Lo único que he exigido es respeto, y yo respeto.

¿Y lo ha tenido?

Sí, afortunadamente. Me lo he ganado.

¿Tal vez el momento más crucial fue cuando se metió a la politica y tuvo que enfrentar a sus críticos?

Fue en la primera alcaldía. El candidato que se me oponía se llamaba Ramón Elías Giraldo, liberal del grupo de Balcázar. Lo llamaban “Ramón mételo”, porque se comía a todas las maestras.

Tenía un hogar bien constituido con la magistrada Socorro Cadavid, padre él del diputado que mataron y de Angelita. Angelita que fue la novia de Lucho Garzón.

Entonces él, anquilosado, decía: -Tuluá tendrá un alcalde con un hogar bien constituido (y aparecía una foto con su señora y sus hijos). Y dele con el chisme tulueño de ¿cómo van a votar por una loca, por qué van a votar por una loca?

Entonces me contraté a un chino que se llamaba Fong y averigüé dónde iba a hacer la manifestación Ramón Elías. Me me mandé colocar los micrófonos, los parlantes, a tres cuadras, garantizando que se escuhara en todo el sector. Esa vez le dije públicamente esa frase que se volvió histórica: -Yo no voy a gobernar con el culo sino con la cabeza.

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Hablamos del poder

¿Qué piensa hoy del poder, a nivel general??

El avaro con poder es muy peligroso, caso Uribe. El botaratas con poder es más peligroso todavía, caso Samper. El poder a muchos los enferma y a otros les hace una falta cuando lo pierden… terrible.

Yo lo he ejercido, he ayudado, y lo he perdido y da lo mismo.

Pensé que usted era uribista….

No, yo he sido amigo de todos y de Uribe soy amigo hace muchísimos años, antes de que fuera importante. Y de Lina más, porque Lina era la secretaria de Coljardines. En esa época yo tenía unos almacenes de plantas y el único foco de venta de plantas eran Marinello en Palmira, y Coljardines en Medellín. Y ella estaba de novia de Álvaro Uribe y me dijo “quiero presentarte mi novio”. Desde esa época somos amigos, y todavía me visita y yo le digo las cosas que hay que decirle.

En esta batalla no tengo ni uribismo ni santismo a cuestas, me parece fastidioso. Tampoco estuve con el fiscal y el procurador anteriores en su pelea.

Pertenecen a dos escuelas de derecho distintas, pero en este país prefieren decir que uno es un calvo y que el otro es un señor que usa cargaderas, cuando el asunto es que uno es de una escuela alemana de la justicia interpretativa, y el otro es de una escuela española de la justicia del derecho natural exigente, que solo lo escrito es lo que vale.

Elogio a Santos

¿Qué piensa de Santos, el Presidente?

Que está haciendo lo que nadie había hecho, jugársela por hacer la paz con una gente que se ha caracterizado en 50 años por tener una gran habilidad para mentir, y haciendo un esfuerzo en el que han fracasado muchísimos, y no sé cuántas veces -acuérdese que yo fui uno de los negociadores en Maguncia. Santos ha hecho una hazaña.

Gobernar solo con esa meta y olvidar el resto le ha generado la mala imagen que tiene.

Lo veo santista…

No se puede estar toda la vida estigmatizando. Que Uribe es muy malo porque era mano dura, pero el país cambió después de que Uribe fue presidente. Aquí no nos gusta reconocer las cosas buenas y exageramos las malas. En el caso de Santos no se le puede atacar por su obsesión por la paz.

Yo salí a defender al almirante Arango Bacci cuando Santos lo atacó, y Santos vino aquí a traerme su documentación, a hacerme su explicación y a hacerme las conversaciones de rigor.

¿Santos vino a explicarle lo de Arango Bacci?

Sí, claro.

¿Y Arango Bacci también vino a explicarle sus líos?

Lo de él, sí.

¿Y vino también la señora del Presidente?

(risas de todos los asistentes) Ve, esa es la lengua brava que yo no tengo.

¿Y quién es el culpable en todo ese lío?

(Otra risa general)

Quién es culpable de qué? ¡La vida¡

Quiero que se haga mi voluntad”

Tipos tan duros como usted, suelen ser débiles en casa, en la intimidad. ¿Cómo es su vida personal?

Pregúntele al pobre Alfredo que me tiene que aguantar, o a los perros, y a los gatos y a las vacas.

¿Es histérico por casualidad?

No, pero soy neura y me encierro, me quedo mucho tiempo escribiendo en un solo sitio, y quiero se haga mi voluntad y no la de los otros.

No me diga que es hombre de pataletas…

No son pataletas, simplemente quiero que se haga mi voluntad, y tengo suficiente capacidad para pensar cómo obligar. Pobre gente que está al lado mío.

¿Quiénes lo quieren si es tan duro hasta con los más cercanos?

Soy durísimo con todos, aquí a todos les he cantado la tabla, pero el gran éxito es que les canto la tabla pero los sigo ayudando, sigo aconsejando. Es una forma de expresar mi cariño, y ellos me retribuyen siendo mis amigos.

La pareja, la familia

¿Cómo está integrada su familia?

Somos seis hermanos, tres hombres, tres mujeres, de muy distintos temperamentos, de muy distinto oficio, viven lejos, y los otros son mis sobrinos que viven más lejos todavía, y yo todavía mantengo el nexo con todo el elenco.

¿Quiénes conforman su círculo familiar más cercano?

Alfredo, los tres chihuahuas, los dos gran daneses, los dos malineses, la labrador, no sé cuántos gatos, hay unos que me siguen, otros me miran con la mirada de gato, hay gansos, patos… Bueno, todo un zoológico.

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¿Ha pensado alguna vez adoptar un niño?

No, no, ¿qué tal?

¿Por qué?

Porque yo de papá ya he sido terrible.

¿Pero Alfredo no se lo ha sugerido?

¡Menos! Cuando él quiera tener su hijo por aparte que lo tenga, y él verá qué hace con él.

¿No le gustan los niños?

Por eso no voy al Irotama. En ese hotel salen niñitos de los montes y los pasadizos, es terrible.

Sin flagelarse

¿A estas alturas de la vida y con 70 años encima se arrepiente de algo?

Uno no se debe arrepentir de nada, uno debe asumir que acertó, se equivocó y punto. ¿Pero el arrepentimiento para qué es? Un problema ético.

Uno puede sentirse feliz de haber acertado pero no enorgullecerse por eso.

¿Alguna torpeza, equivocación?

Sí, muchas, tengo colecciones, pero de la misma manera que no odio tampoco guardo apuntes de las torpezas, y menos de los aciertos.

Para autoflagelarme, mejor me suicido.

El escritor

¿Hasta dónde llegó, hablando de literatura, el escritor Gustavo Álvarez Gardeazábal?

No, todavía no ha llegado, yo sigo escribiendo.

¿Y a qué aspira?

A seguir escribiendo. El número de lectores ha disminuido notoriamente, y eso de los libros en pantalla, en Amazon, eso no pega.

Si el libro tiene más de 20 páginas la gente no lo lee en pantalla, entonces con ese cuento no compran el libro impreso. Nos estamos quedando sin el libro impreso y sin quién nos lea más de 20 páginas en pantalla, por eso es el éxito de la fugacidad del Twitter.

¿Y para qué escribir entonces?

Ah, para deleitarse, como yo. Yo me deleito escribiendo, me carcajeo escribiendo. Ahora que he estado escribiendo El violín a veces me pongo a reírme solo, lloro de la risa, de las bestialidades que escribo y cómo gozo haciéndolas, que era lo que pasaba con La Luciérnaga. Yo gozaba haciendo los libretos, gozaba diciendo, y gozaba más con la reacción de la gente.

¿Y de qué habla El violín?

Habla de todas las leyendas familiares paternas antioqueñas, todas las leyendas familiares maternas tulueñas, desde el remoto sitio hasta donde pude averiguar sobre textos, sobre partidas, sobre notarías, y lo que me invento al ver todos esos documentos.

Entonces ahí es cuando me río porque me doy el lujo de inventar cualquier cosa porque encuentro una fe de bautismo con tres años después del nacimiento y cosas por el estilo.

El caso de buscar en los ancestros fue finalmente lo que hizo García Márquez, lo que pasa es que lo hizo tan metafóricamente que nadie le descubrió las claves en Cien Años de Soledad, pero las tenía y muy claras.

Hay quienes lo elogian y otros lo atacan brutalmente…

Tienen todo el derecho a hacerlo, pero sin sobrepasarse, sin faltar al respeto, que es cuando empiezan a inventar sobre lo que uno nunca ha hecho. Creo que primero deben averiguar si eso fue o no fue verdad.

¿Y es que además de que usted es homosexual han dicho otras cosas?

Afortunadamente hasta ahora no han dicho que he sido asesino, porque le he salvado la vida a muchos.

Los tiempos en la cárcel

Lo que de usted se ha dicho es que fue muy allegado a los RodrÍguez Orejuela y al narcotráfico. Y que su excusa de haber recibido cuadros era carreta y que por eso fue a parar a la cárcel….

No, el asunto mío no fue de cuadros. Yo tuve relación con todos los de mi época. Fui alcalde de Tuluá en el momento más candente del narcotráfico. Los Rodríguez eran una poma frente a lo que teníamos en Tuluá.

Teníamos a Orlando Henao, al ‘Alacrán’, a Beto Rentería, a Iván Urdinola, y a otros cinco o seis más en pleno auge, llena la ciudad de lavaperros. Para poner orden entre esa gente, había que conversar con ellos.

Eso es muy verraco. Los Rodríguez tenían algún nivel cultural, pero los otros eran más duros.

¿Qué es lo que está pasando ahora? Que se acabaron los jefes, lo que hay es un reguero de jefecitos donde no hay estructura piramidal, y por eso terminaron siendo bacrimes, sub bacrimes, y requete sub bacrimes, y va a costar mucho más trabajo acabarlos

¿Qué piensa del carcelazo?

Que lo olvidé.

¿Pero tantos años en la cárcel y no le importa, dice no importarle?

Lo olvidé, punto, o no habría podido seguir viviendo ni seguir gozando como la gozo.

¿Qué aprendió de la cárcel?

Escribí unos libros buenos, hay uno muy bueno que se llama “La novela colombiana entre la verdad y la mentira”, que afortunadamente no lo han leído muchos.

Y durante toda la cárcel aprendí que yo le había ayudado a mucha gente que no tenía memoria, y que lo que tenía eran amigos. Por eso pude pasarla, y por eso la pude olvidar.

¿Amigos adentro o amigos afuera?

No, amigos en la vida.

El testamento hecho

¿Le preocupa la muerte?

Sí, claro, y sé cómo voy a morir, y de qué me voy a morir, tengo el testamento hecho y no hay ningún problema.

¿De qué se va a morir? Del corazón me imagino…

Sí, muy fácilmente, aunque los médicos digan lo contrario pues uno con tanta falla cardíaca repetida se tiene que morir de eso. Además tengo que hacerle honor a la familia donde todos se han muerto del corazón.

¿Sobre el testamento qué es lo que está pensando?

Pensando no, está escrito. Simplemente ya mis amigos saben que me tienen que enterrar en Circasia, en el cementerio libre y parado. Ya está pagada la tumba.

Estoy recogiendo la plata para pagar el mausoleo que lo hace Vélez Correa, el discípulo amado de Arenas Betancourt que también tiene en otro monumento a Braulio Botero, el fundador del museo del cementerio en Circasia.

Y claro, les va a tocar llevarme porque no voy por mis medios y porque no van a tener la facilidad de cremarme.

¿Cómo repartirá sus bienes?

Facilísimo, si yo tengo toda una relación marital de muchos años con Alfredo pues la ley dice cómo es y punto.

¿Cuánto lleva con Alfredo?

Ni idea… ¿Cuánto Alfredo? ¿Cómo veintipico?

¿Y si se muere primero Alfredo qué pasa?

Lo mismo porque es testamento mutuo como el de don Carlos Sarmiento y doña María Cristina.

¿Por qué ha durado tanto con Alfredo?

Pregúntele a él que me ha aguantado.

¿Pero en qué consiste el aguante? ¿cómo sobrevivir tanto tiempo a una relación?

Yo creo, que es respetarse los espacios.

Entonces él tiene su finca, su casa, sus cosas, yo tengo las mías. Hay puntos de convivencia, puntos de contacto, que respetamos.

¿Ustedes son afines?

Exactamente al revés.

¿En este caso qué es al revés?

Exactamente al revés.

¿Cuál será su epitafio?

Cóndores no se entierran todos los días.

¿Sigue siendo su obra cumbre?

Es que las obras no las consagra uno, las consagra el tiempo, y hace 44 años salió Cóndores, y cada año editan, están editando tres ediciones de 5.000 ejemplares y se venden, y vienen estudiantes de universidades europeas, norteamericanas, de colegios y de universidades en Colombia permanentemente, o contesto entrevistas por correo porque siguen estudiando la novela, y si 44 años después ha durado un libro pues imagínese.

Se lo pregunto al revés, ¿no ha podido superar usted ese éxito

Ah, es que yo no lo he intentado, porque encontré el deleite en escribir, y ya no escribo para lograr el éxito de Cóndores, escribo porque me gusta y a veces hago ediciones privadas para repartir solamente entre mis amigos.

¿Cómo fue el proceso de Cóndores y su éxito?

Fue una obra hecha con todas las de la ley:  Recogía todas las vivencias de un testigo de la violencia en Tuluá, que fue la ciudad probablemente más aporreada, porque existió un personaje como el Cóndor, y esos personajones sirven para las grandes novelas.

Porque cuando estudié letras en la Universidad del Valle mi tesis de grado fue sobre las novelas de la violencia en Colombia hasta el año 69, y comparándolas con las novelas de la revolución mexicana.

Entonces cuando uno se lee todo ese pocononón de obras puede decir… yo sé qué es lo que le falta a la novela de la violencia en Colombia. Y bueno, fui capaz.

¿A quién admira, Gustavo Álvarez?

Al que me quiera.

¿Ha vuelto a escuchar La Luciérnaga?

No tengo ningún interés en escucharla. Las páginas que se pasan se pasan.