El colombiano que le armó el mausoleo a Yasser Arafat

20 de abril del 2015

Hani Hassan es el ‘cachaco’ que manda la parada arquitectónica en Palestina.

El colombiano que le armó el mausoleo a Yasser Arafat

Hani Hassan tuvo la oportunidad de ver a Yasser Arafat varios años después de su sepultura.

Fue uno de los tres miembros que dirigieron la reapertura de la tumba del líder palestino, y la exhumación de algunos de sus restos para que expertos de tres países definieran si el exgobernante sabía sido asesinado con veneno o no.

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Nadie mejor que él conocía el sepulcro de Arafat, y era necesaria su guía para dar con precisión con el féretro. También para evitar grandes daños a la estructura que no llevaba mucho tiempo construida. Eso fue en noviembre de 2012.

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Momentos más gratos tuvo Hani Hassan junto al líder Arafat; el más memorable de ellos fue en Colombia, cuando lo conoció.

En octubre de 1995 Cartagena servía de sede de la Cumbre de los Países No Alineados. Hani Hassan era oficial de reserva del Ejército de Colombia y, al ser de origen árabe, fue convocado por el Ministerio de Defensa para servir de chaperón para alguno de los líderes de Oriente Medio que visitarían la Heroica.

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Hani tiene sangre palestina, conocía la lengua, cultura y tradiciones; esos valores le sirvieron para quedar asignado al acompañamiento de Yasser Arafat. Durante cinco días fue su anfitrión y sombra.

“No digo que en esos días nos hayamos vuelto los mejores amigos, pero él mostró ser una persona muy buena y diferente cuando yo estaba a su lado. Es como un abuelo; da consejos, es comprensivo, es amable. Hubo buena química porque al principio no le cabía en la cabeza cómo es que una persona, de origen palestino, fuera a ser miembro de la reserva de la policía de Colombia. Le parecía gracioso”, contó Hani, un hombre que tiene hoy 62 años de edad, vive en Ramala y ocasionalmente visita a Colombia, incluyendo para trabajar en algunos proyectos arquitectónicos que tiene pendientes.

Hani Hassan habla un perfecto español y árabe. Recuerda que Arafat era un hombre de dos facetas. Le bastó un par de días como su guía en Cartagena para descubrir los rostros del líder más apreciado por los palestinos.

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“La primera faceta era la de un hombre que parece un gran abuelo. La otra faceta era la de un verdadero estadista sin Estado. En Palestina lo aprecian como un hombre cariñoso, hasta le dicen ‘el viejo’. Era de esos gobernantes que tenían su oficina abierta para todo mundo, y no contaba en su ciudad con un esquema de seguridad. Era puro carisma”, recuerda.

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Cuando Hani fue el acompañante de Arafat en Cartagena, ya era arquitecto graduado. Tenía 40 años y congenió muy bien con el gobernante.

“Él tenía aspectos humanos que me sorprendieron. Noté que era muy dulce con los niños, jóvenes y las mujeres. También muy duro con los políticos. Pocas veces lo vi rabioso. Cuando en sus salones entraba una mujer, o un niño, él tenía la capacidad de pasar de esa personalidad dura, a una totalmente amable. Eso le agradaba a la gente”, añade.

Fue esa misma nobleza la que consiguió que Hani cambiara su destino desde entonces.

“El último día de la cumbre, en la noche, estábamos con sus asesores a la 1 de la madrugada en su habitación del hotel. Me dijo: ‘Usted, Hani, que es arquitecto, ¿qué le gustaría hacer?’. Le respondí que a pesar de tener sangre palestina, no tenía el pasaporte palestino. Me dijo: ‘Ahh, eso es fácil. Tome esta hoja, escriba una carta solicitándomelo y lo tendrá pronto’. Eso hice. Pocos meses después me notificaron de mi pasaporte y me invitaron a recibirlo en la frontera entre Jordania y Palestina”.

Fue invitado por el gobierno palestino para presentar proyectos de arquitectura y trabajar con el Estado. La oferta resultaba muy tentadora. “Un día de 1998 resulté instalado aquí, en mi oficina en Ramala, y comencé una nueva carrera profesional desde cero”.

Construyendo el monumento más importante para la política palestina

El 11 de noviembre de 2004, voceros del hospital Militar Percy, en París, anunciaron al mundo que a los 75 años fallecía Yasser Arafat. La causa de su muerte fue un “accidente cerebrovascular hemorrágico masivo”, de acuerdo a las conclusiones médicas de entonces.

Un equipo de arquitectos, liderados por Hani Hassan y con diseños del jordano Jafar Tukan, tuvieron la tarea de diseñar el panteón del difunto, quien dominó la política palestina durante cuatro décadas y se convirtió en emblema global de la resistencia y autodeterminación de su pueblo.

El lugar seleccionado para la tarea fue la Muqataa, el bunker donde el fundador del partido Al-Fatah estableció su despacho de gobierno, y en el que soportó bombardeos enemigos desde cuando su cabeza valía oro para Israel.

Hani Hassan tenía el reto de levantar un mausoleo y posterior museo para la cabeza más carismática que ha tenido la Autoridad Nacional Palestina. Un Colombiano construiría el monumento en el que Arafat reposaría la eternidad.

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En el norte de Ramala una de las obras religiosas que construye es la mezquita de Surda. También ha diseñado importantes monumentos como el de Beli’in, que muestra la resistencia de sus pobladores ante los asentamientos israelíes.

El espacio aprovechado fue inicialmente de 371 metros cuadrados. Trajeron piedra de Jerusalén y flores de distintas ciudades cisjordanas.

Construyeron una cámara sepulcral sencilla, en el centro del complejo. Para llegar allí hay un camino en roca suave conduce al visitante; el sendero está rodeado de pastizales de verde intenso y jardines.

Cada lado del mausoleo tiene 11 metros cuadrados, tratando de recordar el día de su muerte. En el centro está su tumba, un sencillo cubo en piedra caliza con una inscripción de su nombre y distinción en árabe. Dos guardias la cuidan día y noche.

Cada muro tiene un gran ventanal de vidrio que permite la entrada de luz desde oriente u occidente, y la vista desde norte y sur. En su techo hay inscripciones del Corán; frases sagradas sobre las virtudes de los hombres en la tierra y sus recompensas en la otra vida.

La tumba da la cara al sur, directo a Jerusalén. A su espaldas, por uno de los ventanales, se puede ver una fuente de aguas cristalinas pero quietas. En su centro hay un árbol de olvido, alineado con la lápida, y por lo tanto mirando también a Jerusalén. El olivo es una planta sagrada, caracterizada por su robustez, su resistencia a las temperaturas agrestes y los beneficios de sus frutos. Es la vida eterna.
“La disposición de todo el mausoleo es simbólica. El que mire hacia Jerusalén es una promesa que consiste en que cuando Palestina recupere la ciudad, su cuerpo será trasladado allí”, añade el arquitecto Hani.

A la derecha del mausoleo hay un salón de oración y meditación; una clase de mezquita o capilla para el turista que quiere reflexionar después de visitar la reliquia de Arafat. El lugar está rodeado de amplios y sencillos jardines. Poco se permite la entrada de turistas, pues aún está en obra la elaboración del museo, que dice Hani podría ser inaugurado el noviembre de este año, para un nuevo aniversario de la muerte del exgobernante. El mausoleo se abrió al público en 2007.

“Su arquitectura, y paisajismo simbolizan la vida de Arafat. En cuanto a su sencillez. El mausoleo es totalmente tranquilo: un cubo sin joyas, sin retoques. El paisajismo se recreó con todo el territorio palestino”, añadió.

“Nosotros no pedimos a los otros países que niegue el derecho de Israel a existir. Queremos que reconozcan el nuestro”

En 1921, poco después de terminar la Primera Guerra Mundial, los padres de Hani Hassan migraron a Colombia. Llegó al puerto de Barranquilla pero tuvo la intención de trasladarse hasta Bogotá. Llegó al interior a través del río Magdalena y comenzó su vida de ceros. Cuando falleció su padre, en 1953, tuvo que regresar a Palestina para responder por su madre y hermana. Allí se enamoró, se casó y consiguió que su hijo Hani Hassan naciera en Belén.

Sus padres regresaron a Colombia a los tres meses de nacido Hani. Su infancia la pasó en Bogotá, y para evitar que perdiera sus raíces árabes, consiguió adelantar la mitad de bachillerato en América, y la otra mitad en Ramala.

A los 21 años regresó a Colombia para estudiar su carrera profesional. Terminó Arquitectura en la Universidad Gran Colombia de Bogotá, y posteriormente hizo un máster en arquitectura en la Universidad Politécnica de Madrid. “En 1990 me invitaron a hacer un curso en la Escuela Superior de Guerra para generales en Bogotá. A razón de eso conocí a Colombia en su totalidad, y me permitió también conocer a Yasser Arafat, y la historia que ya conoce”, explica.

Hani Hassan es uno de los más renombrados arquitectos del West Bank. La Autoridad Nacional Palestina, en cabeza de Arafat, le confiaron al comienzo la realización de “los proyectos soberanos”, que eran las obras nacionales más importantes, como grandes vías, o estructuras de interés vital.

“Aquí la vida no es fácil para un arquitecto. Tuve que tener mucha ‘garra’, capacidad y creatividad en diseño. Nuestro estudio, con el tiempo, pasó a ser uno de los más importantes del país; comisionados para realizar grandes obras como el museo de Yasser Arafat, su mausoleo, la casa de huéspedes presidenciales, la Universidad Árabe Americana en Jenín y otro campus igual para Ramala”, describe antes de compartir que su trabajo fue galardonado con dos premios de arquitectura en Italia, y otro más de Estados Unidos.

-¿Sigue conservando gustos latinos?

Claro. Estoy casado con una chilena, con Verónica. Aunque es de origen palestino, nació en Chile y hablamos español. Se lo enseñamos a nuestra hija que está en el colegio.

-¿Adaptarse a la vida palestina, luego de vivir en Colombia, qué tan fácil es?

Es complicado adaptarse al medio, pues vengo de uno muy diferente, con gente muy alegre como Colombia y dónde hay problemas políticos tan graves como acá. Colombia no es un país bajo ocupación, pese al conflicto.

-¿Para un arquitecto, es muy diferente?

Necesité varios años para similar el cambio. No fue fácil, pero sí nostálgico. Entender las nuevas técnicas de construcción, los materiales que se usan acá que son muy diferentes, y participar en los concursos arquitectónicos del país.

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(Archivo) Hani Hassan con uniforme colombiano, y a la derecha acompañado de Yasser Arafat y Fidel Castro.

-Los dos países que le han dado nacionalidad viven en conflicto. Sin pretender compararlos, pues son completamente distintos, ¿cuál de las dos guerras cree que se solucionará más pronto?

Es difícil responder, pero el conflicto colombiano, que comenzó con fuerza desde 1948, es algo interno entre un solo pueblo. No hay amenaza de ocupación, no hay amenaza de que una parte expulse la otra. Comparado con el conflicto palestino, acá existe la amenaza de que Israel expulse los palestinos, y la amenaza que nos expropien terrenos a favor de sus asentamientos en terrenos cultivables, ricos. La amenaza es doble. En Colombia se vislumbra una solución al conflicto y ojalá se consiga en términos justos para la población civil, que es la que ha recibido el golpe mas grande el conflicto, pero en Palestina una de las dos partes, que es potencia (Israel) quiere buscar que fracase cualquier intento de creación del Estado palestino. Llegara el día que no tendremos que negociar porque todo será devorado.

-¿Colombia ha sido indiferente con la situación de Palestina? Casi toda Latinoamérica los reconoce como Estado, y Colombia aún no…

Nosotros no pedimos a los otros países que niegue el derecho de Israel a existir, sino que Colombia, como todos los países del mundo, actúen de forma justa y equitativa ante un comportamiento rechazado por la comunidad internacional (la construcción de asentamientos), cuyas acciones violan todos los acuerdos internacionales y violan los derechos humanos. Hay muchas acciones que Israel hace y son repudiadas por la comunidad internacional.

-Y usted qué cree… ¿Arafat fue envenenado?

Sí, lo fue.

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