Hay que dar de baja al diálogo: “¡Bala, señores!”

Hay que dar de baja al diálogo: “¡Bala, señores!”

6 de septiembre del 2012

Quiero poner en perspectiva de futuro histórico lo que se está jugando en estos aciagos días en los cuales llueve sobre nuestras ya albas cabezas, la ceniza, la pestilencia y la escoria del volcán luciferino de los diálogos de paz.

La estrategia de la traición a largo plaza pensada por esa masa de sesos retorcidos que tiene el Judas Santos en la moima, para mí resulta tan clara como oscuras son las pretensiones de entregarle el país al comunismo bolivariano, en un largo juego de filigrana de  ajedrez en el que nos están quitando los alfiles sagrados de la Seguridad Democrática, los caballos del Ubérrimo, las torres del puro centro y hasta la peonada ignara,  todo con el fin de acabar con nuestro glorioso juego eterno, nuestro reinado de 212 años de generosa hegemonía de la raza blanca y de la gente de bien.

Miremos cuidadosamente el infundio. La seguidilla de atrocidades contra la dignidad de los dueños de esta nación es evidente y de largo plazo. Han comenzado ya los enemigos de la tradición, la familia y la propiedad, con astucia y mala sangre, el proceso que nos conducirá al abismo. Desde hace dos años, a espaldas de nosotros y en aleve acto de manguala con los bandidos, iniciaron acercamientos con la FAR y desde hace seis meses venían concertando y negociando este satánico pre acuerdo para ponerse a conversar con los mefistos camuflados. No contentos con ello, finalmente lograron dizque convencer a los terroristas de entrar en un diálogo para acabar con el divino conflicto armado, que tan pingües beneficios nos ha dado. Y ahora ¡descarados! entran en la fase dos de la traición, o sea hablar de frente guerrillero con esos bastardos en Oslo y luego en La Habana, la Sodoma del Caribe, gobernada por los visires Castro, bajo la tutela de Hugo Rafael Chimpancé.

Observen lo que se nos viene encima y tengan esto como una fatídica premonición más del godofredismo, que tantas veces ha acertado. Si por un entuerto fatal del destino a Santos y sus cómplices de la FAR  les suena la flauta de la paz (no lo quiera Píndaro)  y antes que termine el mandato que le robó al Supremo Uribe logren estos descastados firmar la vaina, o cuando menos un cese al fuego, es casi seguro que la gleba voluble y maleable en medio de su ignorancia (que ha sido nuestra delicia) reelija al rampante usurpador. Y que este en una especie de ilegal segundo tiempo de la tal “paz”, se dedique a hacer las peligrosísimas reformas sociales para quitarnos lo que ha sido y es nuestro: es decir, el derecho a tener todo y con todo, incluida nuestra exquisita y “mágica” combinación de formas de lucha, en la cual hemos mezclado sabiamente el Congreso y la auto defensa.

Una vez reelegido Santos en el 2014 y adelantadas sus subversivas y sediciosas reformas liberaloides, lópez-pumaréjicas por decir lo menos, el camino estará abierto para que en el 2018 se nos instale un gobierno terrorista (que aunque sea elegido popularmente, no dejará de ser una asonada y un  manotazo) un gobierno ese si ya definitiva y trágicamente de izquierda, que acabe de una vez con esta católica república de bananos y palma africana.

Para el 2018 –si no logramos parar como sea este “proceso” de paz– estos salvajes liberalo-socialistas, se dedicarán a llevar a cabo sus cancerígenas reformas en todos los terrenos. Veremos la propiedad de los históricos detentadores del campo, transmutada en reservas campesinas, mingas, programas agrarios marquetalianos, en las cuales no solo la FAR (así ya no tengan armas) sino en general el campesinado insurrecto y sus liberales envalentonados, van a cambiar la economía tradicional y a desarrollar la negativísima justicia social, la equidad y la repartición de la riqueza, todas cabezas del mismo monstruo de las inconvenientes revoluciones sin tiros.

A mí sí me han gustado las revoluciones a bala, porque esas nunca llegarán al poder. En cambio esta vaina que se está planeando conlleva el riesgo de que a la indiada le dé por mandar y decidir sobre su propio destino, lo cual es ni más ni menos que un delito de lesa patria.

Si la paz le resulta a la FAR y al truhán del póker, corremos el tremendo riesgo de no poder volver al poder. Porque el pueblo se va a acostumbrar a la paz misma, al bienestar que ella implica, a las reformas sociales, al crecimiento y la tolerancia, que son enemigas todas de la extrema derecha cuyas enhiestas banderas nosotros portamos, cual estandarte de nuestra coreografía.

¡Imagínense ustedes el horror! Con la paz se nos instala de nuevo Santos y después nos van a meter con fórceps a un Navarro o un Petro, beneficiarios también ellos de las flaquezas de Barco y las mieles de Gaviria el César.

Corremos el riego, reitero, de caer en una cosa tan fatal como la modernidad,  esto es, una democracia perfeccionada y más justa, que atenta contra los valores cristianos y occidentales. La modernización de Colombia es columna vertebral de la alianza subversiva farco-cachiporra (al fin y al cabo toda esa basura viene del mismo abrevadero  masón y roussoniano). Todo lo moderno apesta a rancho de indios, a palenque de negros,  a sindicato. Lo moderno huele a la chamusquina que exhalan las barbas de Iván Cepeda, a la fragancia montuna de León Valencia, al concentrado almizcle del turbante de  Piedad Córdoba, a las viviendas cuchitril que va a construir el Vargas Lleras.

No necesitamos luces sino sabia oscuridad, no justicia sino aquiescencia popular, y en últimas, si la democracia esta que mantenemos como por mamar gallo, produce resultados tan adversos como esta componenda anarquista, pues habrá que desconocer no solo este “proceso” de traición, sino hasta las elecciones y sobre todo  la carranga esa de la Constitución del 91.

Detengamos como sea este chusmero propósito de paz. Invoco de nuevo mi consigna suprema desde los tiempos de Quac: ¡Bala, señores!

Y no puedo dejar de mirar con pugnaz antipatía a los pérfidos negociadores con la FAR. ¿Cómo se le ocurre a un ex general Mora aceptar tamaña infidelidad?  Le han quitado un portentoso alfil al uribismo. Mejor se habría quedado en el retiro, en lugar de venir a ser cómplice de semejante treta. ¿Se ha pasado al bando de la paz? Esperamos que solamente esté allí para hacer labores de inteligencia y contrainteligencia que le quedan tan bonitas.

¿No ve, mi general, que por el hecho de estar allí, van a decir que las sagradas fuerzas militares están de verdad metidas en ese amaño santista?  Santos, ratero, nos quiere robar la gente de nuestra entraña pretoriana.

¿Y qué hace allí mi general Óscar Naranjo? Ni que fuera el del  mismo nombre en el reality chimbo. ¿No es dizque se iba para dónde sus patronos del Norte? ¿Va a ser cómplice de que con la paz se acaben cosas tan sanas como la coca, el negocio y la extradición?

Claro que afortunadamente Humberto de la calle es nadaísta y actuará en consecuencia.

Y si la suerte está echada y la vaina no tiene regreso, entonces propongo que la cabeza de los negociadores sea Fernando Londoño, secundado por  José Obdulio Gaviria, Ernesto Yamhure, Alfredo Rangel, Santiago Uribe Vélez y Plinio Aleluya.  ¡A ver si son tan verraquitos de hacer la paz con ellos!