Hay que detener a la Bestia Bolivariana

Hay que detener a la Bestia Bolivariana

4 de octubre del 2012

Me toca otra vez hablar del monstruo, del demonio mismo, del gran atarván, del “mejor amigo” del mequetrefe Santos, de la bola esa de hormonas, grasa, cortisona y comunismo: del 666 de nuestro tiempo, el mefítico Hugo Chávez Frías, quien va a ser reelegido de manera ilegal otra vez como depositario de la Banda presidencial en la ignara capitanía de Venezuela.

Así tenga más votos, en una especie de táctica pre pago, hemos decidido junto con mi tío Plinio Apuleyo Mendoza y demás grandes portentos de la lucha anti terrorista, que desde antes y sobre todo después, vamos a denunciar esa elección por comprada, ilegal y anti democrática. Así tenga de verdad más votos que nuestro ciclópeo Henrique Capriles, de todas maneras será lo suyo un fraude.

No es que nos declaremos previamente derrotados y solo creamos en el necesario saboteo de la decisión de las urnas. Es que prevenir es curar. ¡Les vamos a armar una chichonera de grandes proporciones!

Dizque voto electrónico y veedores internacionales. Todo lo electrónico es peligrosamente moderno e ineficaz y los veedores con una caterva de bandidos que hacen parte de la Nomenklatura del comunismo internacional. Y cómo será de buen negocio la vaina de Chávez, que hasta los repugnantes chinos le han financiado la campaña. Ojo, que esos donde ponen el ojo, ponen el restaurante…

Me tranquiliza que de todas maneras esa inteligencia superior que es JJ Rendón, algo creativo se inventará para devolvernos a Venezuela al cauce normal de la sabia relación explotadores y explotados. El gran error de la oposición fue no haber lanzado a JJ como candidato. Él si no se dejaría joder. No digo que Capriles haya sido mal candidato. Pero teniendo a un JJ, ¿para qué intermediarios?

Nosotros no estamos dispuestos a aceptar el dictado mestizo de las urnas, en las cuales seguramente ganarán las hordas de llaneros, comedores de hayacas, obreritos de quinta y militares traidores, que conforman las huestes pecuecudas del alumno de Trotsqui.

Si jamás nos ha gustado el embeleco ese de la democracia, mucho menos aceptaremos una en la cual se reelija al tirano. Todos y cada uno de los votos emitidos por Chávez, provienen de manos terroristas. Si acá en Colombia los terroristas cuando votan han alcanzado hasta el 25% de los sufragios, la vaina allá es más fregada, porque la banda chavista aun es más del 50% de ese pueblo bellaco.

Todo voto proveniente del comunismo debe ser ilegal. En Venezuela y también en los Estados Unidos, donde muy probablemente en otro chocorazo, reelegirán al zambo leninista del Obama, que en cuatro años más puede ser hasta capaz de acabar con la supremacía blanca, consustancial al orden divino, fuente de fe, pureza y negocio.

Siempre he insistido que tarde o temprano las gentes de bien de Venezuela tendrán que recurrir al sagrado derecho a la autodefensa, y montar en su suelo lindas asociaciones armadas para derrocar a tiros al dictador. Y de no ser así, aun cabe y hoy más que nunca, la implementación de la teoría de la Contra revolución, que tantos frutos nos diera a la CIA y a sus seguidores en tierras nicaragüenses. Los venezolanos han dejado avanzar demasiado la infección del comunismo y es hora de que se instituya un ejército de “Contras” ante la reelección ilegítima de Chávez,

Me van a decir que estoy haciendo la apología del delito, cuando apenas esbozo una doctrina comprobada en nuestras aplicadas prácticas, unas tesis limpias y sanas para barrer con la inmundicia. La Contra venezolana debe empezar sus acciones de inmediato y dedicarse inicialmente a sacar de circulación a las cabezas del chavismo, empezando por el propio, quien nos dañara el negocio exquisito del neoliberalismo.

Posteriormente, esa Contra bendecida por el altísimo, tiene que desarrollar una serie de depuraciones focales (en otras partes las han llamado matanzas y masacres) para meterle en la cabeza a los sobrevivientes, que tienen que abandonar la subversión y el apoyo al Socialismo del Siglo XXI que, o lo atajamos allá, o se nos mete por Maicao, Cúcuta y Arauca.

Acto seguido, sería conveniente obligar la migración masiva de los filo-terroristas y quitarles las tierras. Un par de millones de dizque desplazados (vistas las proporciones de Venezuela) sería muy conveniente, para que se neutralicen en varios estados del vecino país las hordas chavistas. Inclusive, que nos los desplacen para acá para que vengan a disfrutar de las calles de nuestras ciudades, donde sí podrán patrullar a sus anchas y degustar nuestros corrientazos ahora justamente gravados con el 7% de impuestos. Y si aun así, queda alguien en Venezuela que apoye el chavismo, pues ya será fácil capturar y enmazmorrar a una minoría, a quien se le despojará, como debe ser, del “derecho” al sufragio.

Desde Colombia estamos en la capacidad de llevar a cabo una generosa y desinteresada colaboración. Por ejemplo, de una manera bucólica podríamos ayudar con el despliegue de muchas águilas negras que invadan los rastrojos de ese país. Con algunas oficinas de las de Medellín bien puestas en Caracas, con urabeños y erparcs, avanzaríamos en admirable campaña de exterminio de la idea socialista.

Estoy seguro de que en el tristemente frustrado tercer período de su excelencia, Álvaro Uribe, sí hubiera sido capaz nuestro nunca bien ponderado Supremo (como ya lo dijo y advirtió, porque volveremos) de invadir de una vez por todas a Venezuela y retornarla a la sujeción al poder del Virreinato de la Nueva Granada. En mala hora la atrasada capitanía se nos independizó. Nos arrebataron el petróleo y los tepuyes de la Gran Sabana.

Pero, desde luego, todo esto no sería necesario si la historia fuera otra. Ese paisito tuvo el infortunio de parir más de un basilisco. No me refiero solo a Chávez o al tal Maduro con queso, sino a seres repugnantes como el propio Bolívar, Anzoátegui, Soublette y demás masones. Si las inveteradas huestes de un Morillo o un Barrientos hubieran triunfado en 1819 y derrotado a las guerrillas del otro zambo, el Bolívar procaz y empeloto de Pereira, no hubiera habido ni República, ni Chávez ni ninguna otra ilegalidad. Caracas seguiría dependiendo de Santa Fe y Santa Fe del eje Washington- Madrid-Funza-Mosquera.

El nuevo período de la bestia de Barinas es peligrosísimo. Va a consolidar todas sus detestables reformas en el campo y la ciudad, que conducirán a situaciones tan indebidas y peligrosas como la equidad y la justicia social. Va a ayudar a hacer la paz con las FARC. ¿Y de qué vamos a vivir entonces en este lado del Arauca? Las guerras son el motor de la historia y por eso a Venezuela solo la salva una cojonuda guerra civil prolongada. Con tanto petróleo que tienen, no va a faltar plata para comprar galiles y minas.

Pero a las buenas y deliciosamente a las malas no lo vamos a dejar hacer nada de eso. No cejaremos en el empeño de derrocar al mal, parido en esas adoloridas tierras.

¡Carajo! ¡Ni siquiera sirvió un arma tan potente y celestial como el cáncer democrático que ha dado frutos parciales en Argentina, Brasil y demás países! Y que hoy se ha desplegado en nuestra propia Colombia de manera rectal.

Repito: contra Chávez la Contra. ¡Bala señores, bala!