Hady Lamarr: la actriz que pudo haber inventado el Wifi

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Hady Lamarr: la actriz que pudo haber inventado el Wifi

31 de marzo del 2017

Entre las ramas aparece una mujer desnuda. Su cuerpo es escultural, delineado, de cintura delgada y caderas firmes. Con ciertos aires infantiles entra a un lago. Luego la cámara enfoca su cabeza que se mueve sobre el agua. Ella nada grácilmente. A través del agua se ven sus pechos finos, de pezones pequeños y puntudos. De pronto algo pasa, y ella, aterrada, sale del agua y corre por la orilla para esconderse detrás de una piedra. En esa secuencia, su artística desnudez se contempla en toda su dimensión. Es una mujer preciosa.

Se llamaba Hedwig Eva Maria Kiesler y fue la primera mujer en desnudarse completamente para una película comercial. Y también fue la primera en representar un orgasmo. Era el año 1933; la escena es de Éxtasis. Ella no sólo fue una actriz, además era inventora. Se le atribuye especialmente ser pionera en el desarrollo del espectro ensanchado, elemento fundamental para las comunicaciones, y sin el cual no habría, entre otras cosas, redes inalámbricas. Sin el que no habría wifi.

Primero empezó a estudiar ingeniería, pero a los 16 años, más inclinada por la “vena artística” dejó la carrera y se dedicó de lleno al teatro bajo la tutoría del maestro Max Reinhart. La disciplina la llevaría a protagonizar Éxtasis. Pero hasta aquí llegaría —por ahora—, su prometedora carrera. Por su belleza, que podría ser una maldición, un hombre muy poderoso se enamoró de ella y pactó, muy a la primitiva usanza, con el padre de ella, un matrimonio arreglado. El hombre se llamaba Friedrich Mandl.

Mandl era un alemán multimillonario, magnate de la industria bélica. Y por eso mantendría una relación muy estrecha con los Nazis. Se decía que era amigo íntimo de Hitler y de Mussolini.  Además era un perturbado, que logró hacer de la vida de Hedwig una suma constante de desgracias; una vida miserable. “Una total esclavitud”, dijo ella en sus memorias. Él era un tipo cuyos celos enfermizos llegaban a tal punto que no la dejaba sola nunca, la cuidaba mientras se bañaba, e incluso, infructuosamente, trató de recoger todas las copias de la película.

Aprovechando la abrumadora inteligencia que tenía, además del contacto de su marido con ingenieros militares, Hedwig Eva Maria Kiesler logró hacerse a muchos de los más importantes —y quizás—, letales avances bélicos de la época. Al haberse aislado del cine, continuó, por su cuenta, con sus estudios en ingeniería. Sumado a lo que sabía de tecnología militar, emprendió el desarrollo de la conmutación de frecuencias.

La conmutación de frecuencias es un proceso por el que las señales de radio se emiten en distintas frecuencias. En otras palabras, es transmitir la información por el aire en intervalos temporales y espaciales distintos para que no pueda ser detectada.

Cansada del encierro al que su marido la había sometido, Hedwig diseña un sofisticado plan de escape. Primero contrato una asistenta, con la que, se dice, tuvo un amorío. Con la ayuda de ella, logra entretener por unos minutos a  Mandl, y durante una cena, salta por la ventana del baño de un restaurante y aborda un automóvil que la esperaba cerca.

La primera ciudad a la que llega es París. Allí vende sus joyas, y sumado con algo de dinero que tenía, logra viajar en tren a Londres. Allí conoce al entonces productor de la Metro Goldwin Mayer, Luois B. Mayer, quien le ofrece un contrato de 7 años para trabajar en Hollywood.

Ya en los Estados Unidos, se cambia al nombre por el que será mundialmente conocida: Hedy Lamarr. Su primera película en suelo norteamericano fue Algiers, en 1938. Trabajó en más de 30 filmes hasta 1954.

Sus aportes a la ciencia fueron tanto o más importantes que los hechos al cine. Durante el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, puso su inteligencia casi que sobrenatural al servicio de los Aliados y colaboró, por el conocimiento que traía de su traumática relación, con el diseño de distintos sistemas de comunicación, caracterizados por ser indetectables por los radares de los alemanes. En ese campo se le reconoce abiertamente haber inventado un medio para teledirigir misiles sin ser descubiertos por el enemigo.

Foto: Wikimedia/Shutterstock

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Por la importancia de su invención, se le concedió una patente en agosto de 1942. Sin embargo, por las circunstancias del conflicto no se usó entonces.

La primera prueba que tuvo, y que fue, por demás, exitosa, fue en la crisis de los misiles de Cuba, en 1962. Desde allí se ha venido utilizando en casi todas las guerras, por parte de la mayoría de ejércitos del mundo.

Con el tiempo, la tecnología, que se mantuvo útil y vigente por más de medio siglo, aportó los elementos fundamentales para el desarrollo de las redes inalámbricas, y más adelante con el auge de la computación, al Wifi. Así, Hedy Lamarr inventó un modelo complejo de espectro ensanchado, sobre el que se construiría, o mejor, sobre el que se sostienen las comunicaciones como las tenemos ahora. Sin ella, quizás, todo sería diferente; hace falta entonces, reconocer lo que hizo.

Hedy Lamarr murió a los 86 años en Florida.