La gracia y tormento de nunca olvidar

La gracia y tormento de nunca olvidar

26 de Junio del 2017

¿ Y si pudiera recordar cada momento que ha vivido? ¿Lo que le hizo reír este día hace cuatro años, el olor del perfume de alguien a quien ya no podrá abrazar, cada detalle del momento más feliz de su vida?

¿Alguna vez se ha imaginado qué es recordar todo?, ¿qué implica no olvidar nada?

Sólo unas cuantas personas en el mundo son capaces de hacerlo. Un puñado de personas que cuentan con una memoria extraordinaria, para quienes puede llegar a ser un don y una maldición.

El recuerdo más antiguo de Ximena Paz es tan sólo una imagen. A los dos años y medio caminaba con dos amigas, delante de sus madres, y les contaba todo lo que su mamá le decía; solía hacerle pasar vergüenzas por aquel impulso natural de los niños a no guardarse nada.

Su extraordinaria memoria pondría más de una vez en apuros a su mamá. El segundo recuerdo más antiguo que tiene, es precisamente uno que, hasta hoy, las hace reír. Era el 26 de junio de 1999, estaban en el cuarto de su mamá y era de noche. A Ximena, que en ese entonces tenía cuatro años, le estaban poniendo su casaca de invierno, su chaqueta; era de jean, grande con unas cuerditas rojas. En ese momento del año estaban en pleno invierno y ese día se celebraba la fiesta de San Pedro y San Pablo, la procesión pasaba bajo su ventana.

Ximena miraba las cuerditas rojas de su casaca, mientras detrás de ella, se encontraban su tía, que usaba una chompa blanca con rayas negras, y su mamá, que se estaba maquillando. Su tía y su mamá hablaban, y aunque ella trataba de no ponerles atención, escuchaba. Ellas hablaban del primer enamorado de su madre, le contaba los detalles y algunas anécdotas.

Un mes después, Ximena, sin entender lo que había oído, le preguntó a su mamá:

– Mamá, ¿Quién es Tommy?

Maritza no solo se sorprendió y avergonzó; no podía entender como ella conocía ese nombre.  Acababa de recibir el primer anuncio de la misteriosa habilidad de su hija. Después de superar la sorpresa, no le puso mucho cuidado a su pregunta.

Ximena Paz hoy tiene 22 años, es bombera, un oficio voluntario en Perú, estudia lenguas, le gusta escribir y ha aprendido, poco a poco, a lidiar con el síndrome de hipertimesia, que la ha acompañado durante toda su vida.

El síndrome de hipertimesia, o la “Memoria Autobiográfica Muy Superior”, es la habilidad de recordar, con extraordinario detalle, los acontecimientos que han experimentado personalmente.

“Recuerdo el movimiento de la persona, el color de la ropa, que hora era, si estaba de izquierda o derecha, o si era lunes 23 de mayo de 2005”, Ximena Paz.

El primer caso de hipertimesia que se conoce es el de Jill Prince, “AJ”, en el año 2000, quien le envió un correo al neurocientífico Jim McGaugh, donde afirmaba que podía recordar todos los días de su vida desde los 12 años. Al inicio McGaugh no le creyó, pero luego de entrevistarla en múltiples oportunidades, comenzaron a estudiar su excepcional memoria.

Desde entonces, es poco lo que se ha podido averiguar: este síndrome no se da por ningún desarrollo especial en el cerebro. Aunque sí estimula unas zonas específicas, permite recordar sucesos autobiográficos y no cualquier tipo de información y no es inmune a los falsos recuerdos.

Hasta el momento, sólo se conocen alrededor de 60 personas en el mundo que lo tienen. Ximena es una de estas personas.

Para ella recordar es como revivir un momento, y al hacerlo, también se reviven las emociones. La emoción de un día en la playa, cuando se enamoró, su primera decepción, todos los sentimientos llegan junto con las memorias.

“Los sentimientos también son muy fuertes. Al ver que son tan fuertes, llego a creer que me pueden dañar, entonces trato que mi mente trabaje más que mis sentimientos.”, afirma.

“Yo no me puedo olvidar de mi primer beso, todos dicen que el primer beso nunca se olvida y para mí es así. No me puedo olvidar de ese chico, me hubiera gustado, pero no. Cuando lo veo, me lo quedo mirando… él dirá, pero después de este tiempo porque esta chica se me queda mirando, habrá tenido 20 enamoradas más, y yo sigo pensando en eso. Pero también, si alguien te ha hecho algo malo o te ha hecho sentir mal, siempre lo vas a recordar y vas a vivir con eso”.

Perdonar no es fácil para alguien que no puede olvidar. Si deciden hacerlo, deben hacerlo de corazón: siempre van a recordar la falta y el daño que causó. Se necesita un corazón noble y Ximena admite que no siempre lo tiene, su carácter es demasiado fuerte para ello.  

“Queda en ti perdonarlo de corazón, pero es muy difícil. Tendría que pasar mucho tiempo para poder perdonarlo y vivir tranquilo. Pero no es mi caso, tengo un carácter muy fuerte, soy muy dura, y si alguien me hace algo malo, me alejo de esa persona”.

Cuando se recuerda tanto, las personas se vuelven muy pasionales. “Dirán las personas que tú te preocupas mucho por algo porque lo recuerdas siempre, pero en realidad es que, aunque quieras no darle importancia, el recuerdo está ahí. La imagen viene a tu cabeza y se acabó”.

“El dolor es demasiado ciego, si es felicidad se siente demasiado bien. No puedes olvidar el dolor. Te dicen “pero perdona tal cosa”, pero es que no puedo porque lo recuerdo siempre”.

La memoria de una persona con hipertimesia tiende a relacionarse con fechas y eventos autobiográficos, pero esto no implica un mejor desempeño académico. Es capaz de recordar las fechas y los nombres de una clase de historia tal como los enseña el profesor, recordar libros y obras que haya leído, pero no es muy buena con las matemáticas.

Para ella, es mucho más fácil rememorar una escena. Suele mirar su reloj y por ello cuando recuerda algo, no solo recuerda el color, la posición, el gesto y el día, sino también la hora exacta en que todo ocurrió.

Durante toda su vida, ella ha recordado todo lo que ha vivido; sin embargo, no sabía por qué. Debido a lo extraño del síndrome, no es usual escuchar de su existencia, así que durante gran parte de su vida, Ximena convivió con sus memorias sin entender porque no podía parar de pensar, porque no podía dormir o pensaba en momentos que deseaba olvidar. Sin embargo, un día se topó con la respuesta en Internet.

“Incluso mi mamá se asombraba de que yo pudiera recordar todo, decía “esta chica se acuerda tan pequeña de cosas que yo no me acuerdo”. Pero yo no lo relacionaba. Me hicieron muchos estudios pero nunca llegaron a ninguna conclusión. Yo sabía que tenía todas las características pero no sabía el nombre. Pero luego leí el artículo. Entonces todo tenía sentido, la soriasis, la hipertimesia, los recuerdos”.

Gracias a eso, a sus 22 años puede decir que la hipertimesia en un 80% es un don para quien lo tiene; pero también hay un 20% nada positivo.

“Si vives con hipertimesia y solamente tienes buenos recuerdos en tu vida, pues está bien. Pero también tienes muchos recuerdos malos y no sólo recuerdas los buenos. Si alguien te ha hecho sentir mal, siempre lo vas a recordar y vas a vivir con eso”.

Por ello, durante gran parte de su vida, no pudo subirse a una moto. Cuando tenía seis años, el jueves 14 de marzo de 2002, sufrió un accidente que siempre marcó su rechazo hacia las motos.

Eran las 3:00 p.m. y llegaban de la playa con su mamá, su hermano y su tía. Por esa época se celebraban los carnavales y la banda iba a pasar por la calle que quedaba al frente de su casa; habían muchas banderitas verdes y ella quería verlas. Su mamá no quería que fuera, pero de alguna manera se las arregló para escabullirse sin que se diera cuenta; se encontró con su amiga, quien también es su vecina, y se acercaron a la calle. Cruzó la acera sin mirar y la moto la tumbó.

Cuando la llevaron al hospital, el médico no realizó un buen examen inicial y la dejó salir sin percatarse de que tenía una fisura en el cráneo. Aquella noche, el dolor de cabeza y los vómitos la atormentaron como nunca le ha vuelto a pasar. Hasta el día de hoy, no puede soportar ni el bistec de carne ni la piña.

Los abuelos la llevaron a un hospital local y la internaron por una semana. Como siempre que no hace nada, durante ese tiempo se desesperó; se aburría, se estresaba y gritaba. Con su corta edad, comenzaba a sentir el estrés que la persigue con sus recuerdos.

A Ximena, la velocidad en la que trabaja su mente y la habilidad de recordar tanto, desde joven le ha generado mucho estrés. Su cerebro nunca descansa, siempre está pensando, recordando, yendo de un lado a otro. De pequeña no dormía por la tarde; sin importar lo que intentara. Comenzó la picazón, le rascaba el cuerpo, se le comenzaron a formar unas manchas rojas y secas en la piel y a formarse escamas. Con sus siete años, Ximena desarrolló psoriasis, una enfermedad incurable que suele presentarse a los 15 años.

Sólo hasta hace dos años, encontró una forma de lidiar con la tensión que le causan sus memorias; cuando ingresó a los bomberos. Fue todo un reto, no es muy grande ni solía hacer mucho esfuerzo físico, pero el ejercicio era bastante fuerte y eso ayudaba a dejar la ira, la cólera y la ansiedad. El ejercicio la hacía sentir más liviana.

Al mismo tiempo continuaba con sus estudios de idiomas y trabajaba. Por primera vez en su vida, durmió por la tarde y comenzó a vivir más tranquila. Descubrió que hacer ejercicio, mantener la mente ocupada y escribir la ayudaba a lidiar con lo demás. Si no hace nada, recuerda, lo que le genera insomnio, le volvía la picazón y la ansiedad. Ahora siempre trata de mantenerse ocupada.

– Si te pregunto por cualquier fecha, ¿eres capaz de recordar lo que hiciste ese día?

– Claro, sólo pienso en el día y mi mente comienza a trabajar.

– ¿Qué tal el 7 de octubre de 2007?

– Ese día era domingo. Era primavera, aunque todavía hacía frío acá en Perú. Me tuve que despertar temprano, me costó levantarme. Durante la mañana hicimos la tarea con mi hermano mientras mi padre veía televisión. En la tarde fuimos a misa y luego a la casa de la abuela a tomar el té. Nos regresamos caminando con mi mamá y conversamos. Al llegar, mi papá estaba viendo noticias. Luego nos fuimos a dormir.

No se detiene mucho a pensarlo para responder y lo hace con seguridad. No hay dudas para ella.

Aunque otros testimonios de personas con hipertimesia han afirmado que al recordar tanto, se tiende a vivir en el pasado, para Ximena no es así. Ella quiere seguir viviendo para tener más recuerdos y mejores experiencias.

Otro punto que tienen en común los testimonios de personas con hipertimesia es la reticencia que les genera conocer a nuevas personas. Ximena asegura que gracias a esto entiende mejor a la sociedad y sabe que pueden llegar tanto personas buenas como malas a su vida, pero a veces desea no conocer a nadie nuevo. Cuando conoce a alguien que le da mala espina, se aleja. 

Sin embargo, también afirma que al conocer a una persona, la mira, la analiza y puede saber si es mala o buena. Así, puede alejarse de quienes le harán daño.

“Cuando conozco a alguien, lo miro y me llama la atención. Es como si tuviera una base de datos del FBI en mi cabeza. Su cara se queda grabada en mi mente, y en mi casa se me viene la cara de esa persona y es como si en mis ojos tuviera una computadora que escanea la imagen de esa persona, sus gestos y voy analizando. Cuando conozco a alguien puedo decir, “esa chica es mala” y, aunque al inicio no me creen, luego se comprueba. Yo no sé si estoy loca o soy bruja”.

“Un 80% es bueno los recuerdos, las anécdotas o puedo hacer una apuesta y sé que voy a ganar, pero el 20% que queda sobrando es que tienes malos momentos y siempre los vas a recordar y no es algo que te llene de satisfacción y alegría”.

Recordar tan detalladamente le permite refugiarse en un momento feliz cuando está triste. Al dejar correr sus memorias se puede llenar de la emoción que sintió al estar de frente a un artista, reírse sola por una pelea de tizas que ocurrió hace más de diez años, llenarse de orgullo al volver al momento en que se graduó de bombero o llenarse de tranquilidad y alegría al recordar los días en las playas de Pacasmayo, a donde iban con sus amigas a jugar todos los juegos que pudieran existir, ver a los chicos con su tabla de surf y rememorar la puesta de sol que les indicaba que era hora de devolverse para terminar en la casa de una de ellas jugando con un enorme perro.

Recordar es una bendición y una tortura. Esa estrecha relación con el pasado, esas ataduras que no se pueden cortar, no disminuirán con el tiempo, sino que seguirán creciendo y fortaleciéndose con el paso de los años, con los momentos y experiencias vividas. Recordar es un milagro del que no pueden escapar y el olvido es un lujo al que no pueden acceder.  Es una espada de doble filo.

Para Ximena es una espada de doble filo a la que, aunque no la hubiese elegido, no renunciaría. “Es parte de mi vida, aprendí a vivir con ella. Me hace pensar de otra manera y no renunciaría a ella. Pero si tuviera otra vida, no lo hubiera elegido”.