20 de julio: La historia del florero que nunca se rompió

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20 de julio: La historia del florero que nunca se rompió

20 de julio del 2017

Cada 20 de julio se celebra “la Independencia” –comillas no puestas en vano–. La historia oficial sobre los hechos que se dieron desde 1810 hasta 1819 más o menos, es, en realidad, bastante fácil de comprender. Muchos –o todos lo colombianos–, la saben casi que de memoria porque desde los primeros años de escuela se la han repetido una y otra vez.

Repasemos: un grupo de ‘criollos’ va a donde un señor apellidado Llorente para que, por favor, si es tan amable, les preste un florero para usarlo en la visita de una persona importante, un tal Villavicencio. Llorente, español y noble, se niega a prestar el consabido florero, basado, sobretodo, en el odio visceral que tiene por esa raza híbrida, o sea que no es ni de aquí ni de allá, y se niega rotundamente. Los criollos, heridos en su orgullo, arman ahí mismo la pelea, que se usa como excusa para gritar ¡Independencia! El florero, en todo caso, terminó estrellado contra la crisma de Llorente.

Todavía con los ánimos caldeados, los criollos se unieron para hacer su propio gobierno –o intentarlo, por lo menos–. De 1810 a 1819 no se pudieron poner de acuerdo  y gobernaban desordenadamente, cada uno por su lado,  incluso enfrentándose en una guerra civil. La ‘Patria Boba’, fue como llamó la historia a esa época. Y aprovechando la ‘bobería’, España volvió a intentar una nueva conquista. Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander comandaron la heroica resistencia contra las tropas de la corona, hasta que lograron la verdadera independencia, en agosto de 1819.

Eso es, a vuelo de pájaro, lo que la mayoría de gente sabe sobre la Independencia. O lo que la mayoría de gente cree que pasó. Detrás de esa historia común, quizás construida sobre mitos, hay hechos no del todo claros, pero que también han hecho parte del pasado de Colombia, y que, por una u otra razón, no se han incluido en los libros te texto. Nombremos algunos.

Mitos y realidades de la Independencia de Colombia

En 2010, al cumplirse 200 años del grito de Independencia, académicos e historiadores, junto con el Museo Nacional, revelaron una investigación en la que cuestionaban los aspectos más importantes de la historia de Colombia, especialmente de la independencia. El proyecto fue dirigido por  Cristina Lleras, curadora de arte e historia del Museo ¿Qué encontraron?

“El discurso de la conmemoración no es objetivo. Mientras la historia hace el pasado más complicado, conmemorar lo hace más simple, porque busca casi siempre darnos los héroes para adorar y los enemigos para detestar; consagra y desacraliza (…). La conmemoración adapta el pasado a las necesidades del presente”, escribió el Historiador Tzvetan Todorov.

¿Todo empezó con un florero? Puede que sí. Pero en realidad no era de Llorente, sino de Gonzáles. El hombre se llamaba José Gonzales Llorente. Entonces, de acuerdo a la investigación, en la historia de Colombia se le da mucha importancia al simple florero, y no a los hechos que se dieron antes. En realidad, el hecho del florero no fue fortuito, casual: desde antes, los criollos ya venían planeando las revueltas y lo que buscaron fue sólo algo que encendiera la llama. El incidente del florero fue ese algo.

Se cree que el 20 de julio es el punto de partida de la revolución. Eso tampoco parece ser del todo cierto. Ya, en otras regiones del país, se habían dado movimientos que se complementaron. El del 20 de julio sólo fue uno más. “Los textos desconocen que el 20 de julio es una fecha más entre las fechas importantes de 1810. La historia regional es, por tanto, ignorada”, explicó Cristina Lleras. En esa misma línea, no fue Bogotá el epicentro de la independencia: los gritos también se dieron, antes en Cartagena, Tunja, Cali, Socorro. La capital fue la última.

Los ‘próceres de la patria’, Bolívar, Santander y otros, son mostrados como héroes casi perfectos. Esto hecho hace que se desconozcan los aportes, muchos e importantes, que hicieron otras personas.

El escritor Colombiano Evelio Rosero escribió en su novela La carroza de Bolívar que “es un error histórico considerar a Simón Bolívar un héroe de las naciones suramericanas. En realidad tuvo un protagonismo nefasto en las luchas independentistas. La historia universal nos engañó al describirlo como alguien que no era y que además había hecho lo que no hizo”.

En cuanto a la ‘Patria Boba’, un texto escolar explica que “en el período posterior al 20 de julio se llamó ‘boba’ a la patria, precisamente porque solo tuvo seis años de independencia entre 1810 y 1816”. Sin embargo, de ‘Boba’ no tuvo nada. En realidad fue un periodo de discusión de ideas y, explica la historiadora Margarita Garrido “no puede ser de bobos discutir ideas”.

“Debemos decir que la vida política local tuvo una riqueza extraordinaria y que debemos desechar la idea de que ella sólo fue agitada por el advenimiento de la república –explicó Garrido–. Hacia el final del siglo XVIII cuando los ecos de las revoluciones en Norteamérica y Francia y sus nuevas representaciones del poder y de la legitimidad han llegado a Hispanoamérica, el discurso colonial comienza a mostrar fisuras y las prácticas político-administrativas borbónicas a jugar un papel dual que era leído, al menos por los criollos ilustrados, con otros referentes”.

¿Y si la independencia es un mito?

Antes del grito del 20 de julio, ya había tensiones serias entre América y la Corona española. El memorial de agravios que escribió Camilo Torres en 1809 recoge estas tenciones. En él puede leerse que, tal parece, no es que los criollos quisieran como tal una independencia; al contrario: declaraban abiertamente su apoyo al Rey luego de la invasión de Napoleón. En realidad, lo que querían los criollos era ser reconocidos como españoles y no más. Le independencia sería, entonces, solo el resultado de que eso se les negara, y no un deseo de libertad propio.

Dice el documento: “América y España, son dos partes integrantes y constituyentes de la monarquía española, y bajo de este principio, y el de sus mutuos y comunes intereses, jamás podrá haber un amor sincero y fraterno, sino sobre la reciprocidad e igualdad de derechos. Cualquiera que piense de otro modo, no ama a su patria, ni desea íntima y sinceramente su bien. Por lo mismo, excluir a las Américas de esta representación, sería, a más de hacerles la más alta injusticia, engendrar sus desconfianzas y sus celos, y enajenar para siempre sus ánimos de esta unión” […]

“…Así que no hay que engañarnos en esta parte: Tan españoles somos, como los descendientes de Don Pelayo, y tan acreedores, por esta razón, a las distinciones, privilegios y prerrogativas del resto de la nación, como los que salidos de las montañas, expelieron a los moros, y poblaron sucesivamente la Península; con esta diferencia, si hay alguna, que nuestros padres, como se ha dicho, por medio de indecibles trabajos y fatigas descubrieron, conquistaron y poblaron para España este Nuevo Mundo”.

Ante ese panorama, una pregunta muy simple sale de entre tantas teorías: ¿Sí se rompió el florero?