La otra cara de Leopoldo López

Foto: @leopoldolopez

La otra cara de Leopoldo López

13 de julio del 2017

Leopoldo López es la cara más visible de la oposición al chavismo en Venezuela. Su carrera en la política empezó en el 2000 cuando fue alcalde del municipio de Chacao. Desde entonces, también, han ido creciendo sus diferencias con el gobierno central. Él no los quiere y ellos tampoco a él.

En el 2005 se le impuso una sanción que lo inhabilitaba para ejercer cargos públicos por tres años, que debería cumplir a partir de 2008. En aquella ocasión se le acusó de Conflicto de intereses. Antonieta Mendoza de López, madre de Leopoldo, y que entonces era la gerente de asuntos públicos de la división de servicios de Pdvsa, hizo una donación a la ONG Primero Justicia, de la que Leopoldo era director. Él se defendió explicando que era para” los niños más pobres del oriente del país”, y que la junta directiva de Pdvsa la había aprobado.

Desde que López se convirtió en una figura emblemática de la oposición, los medios internacionales han dicho que lo que se ha fraguado contra él es una “clara y precisa persecución, parte de una estrategia del gobierno de Chávez para eliminar a la oposición política”.

La familia Mendoza

Desde el oficialismo se tiene otra imagen completamente diferente de Leopoldo López. Los venezolanos que aún apoyan al chavismo –y que no son pocos–, lo ven como “el defensor de ese régimen derechista y corrupto que, hace algunos años sumió a Venezuela en la pobreza”. Pero son sólo posiciones. Así funciona la política: el que para unos es un héroe, para otros es un villano.

El Leopoldo López “villano”, para los chavistas, no es más que un “perrito faldero, con un sórdido historial en la política venezolana”, o así se lee en el blog ‘Liberalismo democrático’.

Otro de los argumentos más recurrentes que se usan en contra de López, es su familia. Es hijo de Leopoldo López Sr. y de Antonieta Mendoza. Los Mendoza son una élite política y económica que, casi desde la independencia, ha estado en las esferas del poder en Venezuela. Por ejemplo, Eduardo Mendoza Goiticoa, abuelo de Leopoldo, fue Ministro de Agricultura en 1945. Son, además, dueños del conglomerado empresarial más grande de Venezuela: Empresas Polar.  Desde esa posición privilegiada, los Mendoza y los López –según los chavistas– le han “hecho mucho mal a Venezuela”.

Por las facilidades económicas de su familia, López pudo estudiar en los Estados Unidos. Eso también es otro flanco desde el que se le ataca: dicen los chavistas que se formó para “responder a los intereses de la élite económica mundial”. López, hay que tener en cuenta, es economista del Kenyon College, en Estados Unidos, con una maestría en Políticas públicas de la Escuela de Gobierno John F. Kennedy, de la Universidad de Harvard.

Un artículo de un medio oficialista escribió que esa Escuela de Gobierno “reúne y prepara a las figuras que luego agenciarán y dirigirán instancias e instituciones de control global, aquellas que en la lógica conspiranóica proyectan al gobierno mundial, que están detrás del capitalismo neoliberal globalizado, que modelan el totalitarismo financierista que opera desde Wall Street, el complejo militar-industrial y las firmas petroleras. De ahí salen los directivos del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional, la ONU, Goldman Sachs, los principales bufetes, los bancos más importantes, las primeras compañías petroleras, la industria armamentista. Lo peor de lo peor”.

Abril del 2002

Si se piensa en el Golpe de Estado que hubo en Venezuela en Abril del 2002, para los chavistas, López es uno de sus más seguros artífices. Aseguran, además, que la financiación vino directamente del gobierno de los Estados Unidos. La revolución bolivariana que nacía en Venezuela, argumentan los oficialistas, “no les gusta a los ricos del mundo”.

A la oposición venezolana se le ha acusado de “excesivamente violenta”. O así se ve desde el oficialismo. “Está ampliamente documentado el vínculo de Estados Unidos con la oposición venezolana, a la que ha financiado durante más de 12 años. Pero también es pública la vinculación de Leopoldo López con el golpe de Estado de 2002 contra Chávez, encabezando la marcha al Palacio de Miraflores que provocó la muerte de decenas de personas, o su inhabilitación política por la malversación de recursos públicos cuando era alcalde de Chacao”, escribió Ángeles Diez, politóloga y profesora universitaria.

Las manifestaciones de 2014

López fue condenado a prisión por “participar e instigar las manifestaciones de 2014”. En aquella ocasión murieron 43 personas. El intento de Golpe de estado de 2002 y las manifestaciones de 2014 han servido como elemento de juicio para señalar a López de violento y golpista. Esas son, quizá, las más duras críticas en las que se sostiene el oficialismo venezolano para señalar a Leopoldo y para juzgarlo como se ha hecho.

Distintas organizaciones internacionales, la ONU, la Unión Europea, Human Rights Watc entre algunas, han señalado que los procesos contra Leopoldo López responden más que todo a intereses políticos que a pruebas reales y concretas; pruebas que, según ellos, ni siquiera excitarían. Maduro y los suyos insisten en que las hay, y las hay de peso.

El bueno y el malo

“Desde que Hugo Chávez asumió la Presidencia de Venezuela no ha habido día en que la oposición no intentara derrocar al presidente electo. Golpes de Estado, sabotajes, asesinatos, acaparamiento de alimentos, actos terroristas… El método menos utilizado ha sido la contienda electoral”, explica la profesora Diez.

Desde la muerte de Hugo Chávez, cuando la terrible crisis económica y política estalló con fuerza en Venezuela, los medios internacionales han volcado toda su atención para contar la historia de aquél país, cuyo infortunio, es la comidilla de todo mundo.

Y como es una historia que cuentan tantos, desde tantas miradas, con tan variados intereses, cambian los protagonistas de acuerdo al narrador. Para unos, Leopoldo es el malo, para otros, el héroe. Lo importante debería ser, en todo caso, que Maduro y la oposición, protagonistas comunes de la historia, cada uno, quizá, con sus excesos y descuidos, y también con aciertos, por el bien del país, se sentaran a negociar.