Ha vivido medio siglo de vender noticias en la calle

5 de febrero del 2019

María del Rosario Beltrán quiere morir vendiendo su amada prensa

Ha vivido medio siglo de vender noticias en la calle

Foto : Andrés Lozano

Doña María del Rosario Beltrán llegó a Bogotá con 30 años, cinco hijos, y recién enviudada.Una gripa mal cuidada fue la causante de la muerte de su joven esposo, quien tenía 35 años. Ella, a quien llaman ‘La abuela’, lleva 50 años vendiendo periódico en el mismo sector del centro de Bogotá.

Llegó a la capital en 1969. Tenía en el bolsillo un par de pesos porque al morir su esposo no quiso quedarse sola en Fresno, en el Tolima, y le vendió el pedazo de tierra que tenía a uno de sus hermanos. Cogió los hijos, empacó en un par de cajas algunas cosas y arrancó sin miedo para la fría ciudad. Era una campesina, recolectora de café, que lo único que sabía hacer era echar azadón.

‘La abuela’ mide menos de 1,40 cm. Tiene 80 años cumplidos y su pelo es totalmente cano. Sentada en una pequeña silla plegable, en la esquina de la calle 12c con carrera Séptima, en el corazón del centro de la ciudad, a una cuadra de la universidad que lleva su nombre, donde tiene su puesto ambulante, cuenta que llegó a vivir a una pequeña pieza con sus cinco y hijos y que a los pocos días ya estaba en la calle vendiendo periódico. “Tuve suerte”, dice y suelta una tierna sonrisa.

“La cosa está dura”, cuenta, refiriéndose a la venta de los diarios que, a lo largo del medio siglo que lleva vendiéndolos, le han dado para levantar sus hijos, para vivir y hasta para comprar casa. Pero desde hace un par de años sus ingresos se han bajado considerablemente, al punto que hoy solo vender periódico no es rentable.

Foto : Andrés Lozano

En los buenos tiempos, recuerda doña Rosario, vendía al día unos 200 ejemplares. El producto estrella siempre ha sido el periódico del grupo económico liderado por el empresario Luis Carlos Sarmiento Angulo: El Tiempo, del cual vendía unas 80 unidades diarias; hoy en una buena jornada se vende 12. También dice que El Espacio, periódico de crónica roja, era uno de los mejores en ventas, “esas viejas en bola se vendían bien”.

“El periódico que más me vendo hoy es el Q´hubo, pido 15 y cuando hay una buena noticia, se venden todos. Solo me vendo uno o dos del Espectador, lo que pasa es que ya no se lo venden al sindicato y el sindicato de la prensa es el que nos trae el periódico a nosotros”.

En la actualidad, en una jornada de trabajo doña Rosario no se vende más de 30 periódicos y en promedio cada uno le deja una ganancia de $250. Lo que significa que si fuera solo por prensa, al día se haría unos $7.500. Pero alcanza a hacerse casi $20.000, si suma las ganancias que le dejan los dulces y cigarrillos.

“Yo creo que ya no se vende tanto periódico porque ahora están muy caros. Valen $2.000. eso es platica – dice ‘La abuela’, quien recuerda que cuando vendía el periódico en 30 centavos era buena la ganancia.

Foto : Andrés Lozano

Aunque ‘La abuela’ tiene razón y los $2.000 pesos que vale un periódico son platica para un colombiano estrato medio, que puede equivaler a una bolsa de leche o un pasaje de bus, también hay que decir que la lecturabilidad de periódicos, desde que el Internet tomó fuerza informativa, ha caído.

La prensa escrita en papel viene cruzando por crisis desde hace muchos años. En la actualidad las generaciones se informan a través de pantallas de celulares y computadores y menos por periódicos. Por eso los medios han migrado a lo digital y se están fortaleciendo en ese espectro y es algo que está pasando en el mundo entero.

El periódico llega al puesto de trabajo de doña Rosario a las 4:00 de la madrugada. Hay un joven, ella le dice ‘el mudito’, que recoge el suyo, el de dos vendedores más y lo cuida hasta que sus dueños lleguen.

‘La abuela’ se levanta todos los días sobre las 2:30 de la mañana y después de alistarse y empacar su almuerzo, media hora después sale de la casa, ubicada en el barrio el Virrey, en Usme, en el sur de Bogotá. A paso ligero baja por calles empinadas unos 15 minutos, hasta que llega a la avenida y espera, como todos los santos días, la misma buseta que en más de una hora la lleva al centro de la ciudad, a donde llega sobre las cinco de la mañana para empezar a trabajar. Su jornada se acaba al medio día.

Antes de colgar sus periódicos en la esquina donde está hoy día, doña Rosario tenía una caseta, llamada ‘chaza’, en la que vendía periódico, revistas, dulces, cigarrillos y otras cosas. Era una caseta de lata, pintada de rojo y amarillo, que estaba sembrada en cemento. Pero en la primera alcaldía de Enrique Peñalosa (1998-2000), el mandatario mandó quitar todas la casetas y levantar del espacio público a todos los vendedores ambulantes.

Foto : Andrés Lozano

Doña María del Rosario aceptó un local en un centro donde reubicaron a varios vendedores ambulantes, pero allá el negocio no funcionó. Los clientes estaban en la calle y para la calle se fue ‘La abuela’.

Su esquina nadie se la toca. Todos en el centro la conocen y saben que desde hace más de 20 años está ahí en el mismo lugar de siempre. “La policía tampoco me molesta, yo les doy unos dulcecitos, de los mejorcitos y me dejan tranquila; saben que esta vieja no les hace daño”.

Es una mujer que a sus 80 años aún tiene fuerza para moverse y para hablar, dice con orgullo que carnes como la suya ya no hay y que gracias a Dios desde que llegó a Bogotá no le ha trabajado a nadie. Aunque hoy no gana mucho dinero, también dice que venderá periódicos hasta que se vaya para el otro lado, al fin a descansar.

Ver comentarios
KONTINÚA LEYENDO