Las teorías sobre la muerte de Hitler

Las teorías sobre la muerte de Hitler

30 de octubre del 2017

Para finales de abril de 1945, el Ejército Rojo entró a Berlín. La Segunda Guerra Mundial se había terminado. Para completar la victoria, además de alzar el estandarte de la Unión Soviética sobre el Reichstag (Parlamento Alemán), hacía falta el trofeo principal: la cabeza de Adolfo Hitler.

El Fürer pasó sus últimas horas en un búnker, en el que se había recluido desde los primeros días de enero. Las victorias de los Aliados, que ya tenían sitiada la capital, hundieron a Hitler en una “crisis nerviosa”, que terminó por afianzar la idea de suicidarse. Los momentos finales los pasó encerrado. Dictó su testamento, se despidió y se casó con Eva Brown. Después, de acuerdo a lo que le sugirió el médico se empacó una pastilla de cianuro y luego se voló la tapa de los sesos.

Por orden del mismo Hitler, sus restos fueron incinerados en el patio de la cancillería. Desde el 1 de mayo, los rusos ya conocían el hecho, y a pesar de que Stalin les había dado la orden perentoria de hallar los cadáveres, no fue sino hasta el 8 de mayo cuando por fin los encontraron, completamente quemados.  Lograron identificarlos por sus registros dentales.

A muchos les gusta decir que lo que sucedió después fue un misterio. Y puede que así haya sido hasta 1991 cuando salieron a la luz documentos de la extinta URSS, en los que se revelaba que, una vez hallado el cuerpo, Hitler y su pareja fueron llevados a la ciudad alemana de Magdeburgo. Allí estuvieron sepultados desde 1945 hasta 1970; ese año el primer ministro soviético Yuri Andrópov ordenó que los restos fueran completamente incinerados y que luego se arrojaran las cenizas al Río Biederitz.

Esa es la teoría que históricamente ha tenido más aceptación. Sin embargo no hay muchas pruebas que la respalden; eso sumado al hecho de que el hermetismo de los soviéticos nunca permitió validar plenamente si era verdad o no que el líder del partido Nazi se suicidó en su búnker. Ante la imposibilidad de verificación, y como nunca se encontró el cuerpo, se ha contemplado la posibilidad de que Adolfo Hitler hubiera podido salir con vida de Alemania después de la Guerra.

Las teorías sobre la supervivencia de Hitler

Una de las ideas que más suena es que Hitler escapó en un submarino con rumbo a Argentina. O en un avión. No hay, respecto a ese tema, un punto de convergencia. Sin embargo el destino sí es unánime: Hitler llegó a La Patagonia. Llegó luego a la localidad sureña de Bariloche, en donde vivió en una quinta inmensa. Esa afirmación se basa en testimonios de alemanes que, supuestamente llegaron a estar con él en la zona.

En su libro ‘Tras los pasos de Hitler’, el periodista Argentino Abel Basti escribió sobre la permanencia del Fürer en el Cono Sur, así como sus viajes, y finalmente su muerte en Paraguay en 1971. Ya no se llamaba Adolfo Hitler sino Kurt Bruno Kirchner.

De acuerdo al periodista, cierta complicidad de las más importantes agencias de inteligencia del mundo, que sabían la verdad, permitió que el más grande criminal de la historia de la humanidad viviera sus últimos años de vida con absoluta impunidad.

Parece que, en ese periplo que Hitler hizo por América del sur, llegó a tierra colombiana. De acuerdo a un documento de la CIA, desclasificado recientemente, un agente envió una carta fechada el 3 de octubre de 1955, según la cual, el líder nazi seguía vivo para ese año, y estaba en Tunja, con el nombre de Adolf Schrittelmayor.

La información habría sido descubierta por un agente con el nombre clave ‘Cimelody-3’, quien escribió que un ex agente de las fuerzas armadas nazis llamado Phillip Citroen “le dijo confidencialmente que Adolf Hitler todavía está vivo”.

El fragor de la Guerra evitó que se pudiera verificar, de verdad qué pasó con Adolfo Hitler. La historia, dicen,  la cuentan los vencedores. Y sí Hitler salió vivo de Alemania, algo tenían que ocultar esos “vencedores”. Entre la verdad y la ficción hay un abismo largo y profundo que quizás no se podrá saltar nunca. En todo caso, si Hitler sobrevivió o no, ya la historia se ha encargado de cobrarle lo que hizo y lo dejó en el lugar al que perteneció siempre: la vergüenza.